LA GACETA
La justicia recibiría un tremendo golpe si el juicio contra el prevaricador Garzón quedase en farsa. Los embustes progres sobre el terror de derechas y el terror entre las mismas izquierdas, un capítulo apenas tratado. Asistimos a un pulso de Garzón y sus cuates contra la justicia, con un triple aspecto por lo que se refiere a los llamados “crímenes del franquismo”.
El primero es el meramente judicial, en el cual la prevaricación del juez político es evidente y extrema.
El segundo, aún más importante, es el político: se trata de si se impone la concepción de la justicia que sostienen los enemigos de Montesquieu desde Alfonso Guerra, es decir, una justicia al servicio de las ideúchas y sobre todo los intereses de la izquierda, o una justicia independiente y digna. Es muy importante para todos que Garzón sea condenado con severidad, pues de otro modo la justicia recibiría un nuevo y tremendo golpe, y con ella la democracia.
El tercero es el histórico: el “antifranquismo” se ha convertido en una industria –muy subvencionada—para falsear la realidad histórica de acuerdo con la demagogia izquierdista, compartida por los separatistas y parte de la derecha boyuna. El falseamiento tiene básicamente tres aspectos: A) presenta al Frente Popular (conglomerado sangriento de totalitarios, golpistas y racistas) como representantes de la democracia, una rueda de molino de tal tamaño que cuesta creer que alguien haya conseguido comulgar con ella. Y sin embargo la manipulación de los medios de masas ha logrado el milagro. B) Exagera desmesuradamente o inventa las cifras: desde hace más de diez años se ha montado un gran negocio con el cuento de las “fosas comunes” franquistas. Han encontrado muy pocas y ninguna “común” en el sentido del entierro de un gran número de personas, han desechado las de muertos nacionales y en muchos casos no se sabe si fueron fusilados o caídos en combate y enterrados apresuradamente. Sin embargo persisten en dar números de cientos de fosas y más de cien mil o de doscientos mil fusilados; dedican mucho más dinero (robado a todos nosotros) a la propaganda de las supuestas fosas que a excavarlas, porque evidentemente no las hay (ver más abajo el caso de Órgiva). El modelo de la campaña ha sido la montada con respecto al Valle de los Caídos y sus “20.000 presos políticos condenados a trabajo esclavo”, otra falsedad del calibre de la del Frente Popular. C) Identifican a los fusilados suyos no solo como demócratas sino también como inocentes. Ciertamente, en los radicalismos engendrados por el terror izquierdista el bando nacional ejecutó sin duda a un número de inocentes; pero también seguramente a un número mayor de chekistas asesinos y ladrones. Cuando los garzones de turno dan a todos el mismo tratamiento como víctimas, se identifican claramente con los asesinos, a quienes exaltan al nivel de inocentes, mientras rebajan a estos al nivel de los chekistas.
En este pulso entre los garzones y la justicia nos jugamos mucho: o sale de él un triunfo de la democracia o una más profunda degradación de ella.
Una selección subjetiva de artículos, opiniones y comentarios en un lugar para la reflexión.