27 enero 2012

¿Ganará Garzón o ganará la justicia?

Pïo Moa
LA GACETA

La justicia recibiría un tremendo golpe si el juicio contra el prevaricador Garzón quedase en farsa. Los embustes progres sobre el terror de derechas y el terror entre las mismas izquierdas, un capítulo apenas tratado.

Asistimos a un pulso de Garzón y sus cuates contra la justicia, con un triple aspecto por lo que se refiere a los llamados “crímenes del franquismo”.

El primero es el meramente judicial, en el cual la prevaricación del juez político es evidente y extrema.

El segundo, aún más importante, es el político: se trata de si se impone la concepción de la justicia que sostienen los enemigos de Montesquieu desde Alfonso Guerra, es decir, una justicia al servicio de las ideúchas y sobre todo los intereses de la izquierda, o una justicia independiente y digna. Es muy importante para todos que Garzón sea condenado con severidad, pues de otro modo la justicia recibiría un nuevo y tremendo golpe, y con ella la democracia.

El tercero es el histórico: el “antifranquismo” se ha convertido en una industria –muy subvencionada—para falsear la realidad histórica de acuerdo con la demagogia izquierdista, compartida por los separatistas y parte de la derecha boyuna. El falseamiento tiene básicamente tres aspectos: A) presenta al Frente Popular (conglomerado sangriento de totalitarios, golpistas y racistas) como representantes de la democracia, una rueda de molino de tal tamaño que cuesta creer que alguien haya conseguido comulgar con ella. Y sin embargo la manipulación de los medios de masas ha logrado el milagro. B) Exagera desmesuradamente o inventa las cifras: desde hace más de diez años se ha montado un gran negocio con el cuento de las “fosas comunes” franquistas. Han encontrado muy pocas y ninguna “común” en el sentido del entierro de un gran número de personas, han desechado las de muertos nacionales y en muchos casos no se sabe si fueron fusilados o caídos en combate y enterrados apresuradamente. Sin embargo persisten en dar números de cientos de fosas y más de cien mil o de doscientos mil fusilados; dedican mucho más dinero (robado a todos nosotros) a la propaganda de las supuestas fosas que a excavarlas, porque evidentemente no las hay (ver más abajo el caso de Órgiva). El modelo de la campaña ha sido la montada con respecto al Valle de los Caídos y sus “20.000 presos políticos condenados a trabajo esclavo”, otra falsedad del calibre de la del Frente Popular. C) Identifican a los fusilados suyos no solo como demócratas sino también como inocentes. Ciertamente, en los radicalismos engendrados por el terror izquierdista el bando nacional ejecutó sin duda a un número de inocentes; pero también seguramente a un número mayor de chekistas asesinos y ladrones. Cuando los garzones de turno dan a todos el mismo tratamiento como víctimas, se identifican claramente con los asesinos, a quienes exaltan al nivel de inocentes, mientras rebajan a estos al nivel de los chekistas.

En este pulso entre los garzones y la justicia nos jugamos mucho: o sale de él un triunfo de la democracia o una más profunda degradación de ella.