24 julio 2017

Aviso a navegantes

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA

La otra mañana, al intentar -en vano- observar la llegada del verano en su carro de fuego y así fardar un rato con el cambio de estación, una voz en off me susurraba piadosa no seguir pretendiendo ver llegar lo que ya lleva un tiempo con nosotros. 

Al oír esa voz, noté una extraña espina punzando mi alma: la que me hace ver que nuestros caminos no son, ni siempre ni necesariamente, “los caminos”; que nuestra verdad no es siempre “la verdad”; y que eso mismo pasa con la justicia, la libertad o el amor. Y me dije: ¡Qué mala suerte la de haber nacido en un tiempo al que cuadra perfectamente el reproche de la rima de A. Machado cuando dice que “Los ojos que ves no son ojos porque tú los veas; son ojos porque te ven”.

Estos “quid-pro-quo”, unidos como injertos a nuestras vidas, nos está llevando a vivir en el esperpento más radical; de modo tal que lo que mis ojos reflejan da la medida de la realidad circundante; lo que yo veo como bueno es bueno; lo que me parece justo es justo; y lo que estimo ser verdadero -aunque se trate de haber visto un “burro volando”- es cierto porque a mi me ha dado de lleno en la retina. De modo tal que no el hombre sino cada hombre se hace la medida de todas las cosas en una colosal conversión de la teoría del “hombre-rey de la creación” a esa otra del “hombre-rey de sus limitaciones”.

Cuando este amanecer la voz en off me dijo, “a qué esperas la llegada de lo que ya está con nosotros hace semanas”, sentí el desencanto del que ve roto a sus pies un juguete que adoraba.

Este día del verano viene pródigo en noticias, sucesos, comentarios, etc. que solicitan unas migajas de pensar y reflexionar. Los usuales fanatismos, los nuevos yijadistas entonando el “Alah es grande” antes de disparar, los mentideros del fútbol alimentando esta vez el morbo de Cristiano Ronaldo y sus hilarantes bipolaridades calculadas por su ego de “superstar”, los diabólicos incendios en Portugal, y –además- lo de todos los días en España con las diarias entregas que se nos hacen para que no decaiga el ánimo de la “parroquia”.

Hay mucho donde elegir, por tanto, pero me voy hacia algo que bien pudiera llamarse el último grito en la farsa de tratar las cosas iguales con diferentes patrones de medida. Me refiero al caso de los dos concejales del ayuntamiento de Madrid –de Podemos- que, empeñados en hallar donde no hay, aunque sea contra viento y marea y el parecer de los técnicos del propio Ayuntamiento, se dedican a investigar el montaje del Open Tenis de Madrid y, para ello, sacan del erario municipal –ese que se hace con las el sudor de todos los madrileños- nada menos que cien mil euros –o sea, 17 millones de las pesetas de antes- para inquirir –de ahí viene lo de “inquisición”- si los gobiernos anteriores se corrompieron y metieron la mano en el puchero común con ocasión de tal montaje.

Y ahora que un Juzgado los“investiga por malversación de fondos públicos y por prevaricación (eran conscientes al parecer porque fueron advertidos por los técnicos del propio Ayuntamiento de que no había nada de corrupto en el “affaire”), aparte de negarse a dimitir como establecen los códigos éticos al uso del momento, la una –la portavoz Irene Montero- aplaude a los dos concejales, y el otro –el Sr. Pablo Iglesias- los diviniza ensalzando sus conductas ejemplares y hablando poco menos que de la “conjura de los necios” contra los nuevos cruzados de la anticorrupción. Los encausados o investigados, naturalmente, no dimiten.

A la vez de eso, los nuevos “salvadores de la patria” se ofenden porque los que viven en Madrid se sientan molestos y hasta agraviados porque se investigue hasta el fondo si en ese empleo de los cien mil euros se han dado malversación de fondos públicos e incluso delito de prevaricación que es, en su tipo penal, hacer una cosa injusta a sabiendas de que es injusta.

Hasta es posible –pensando en posibilidades puras- que el Ayuntamiento les dedique alguna calle por “mártires” de su celo ideológico. Es posible. El tiempo, de todos modos, lo dirá.

Y como no es cosa de comulgar con las ruedas de molino con que nos quieren hacer desayunar, comer y cenar todos los días los mamporreros de los dos concejales investigados, tomemos un espacio breve de pensar y reflexionar sobre ello, sin sentar cátedra de nada y sólo por el gusto que a veces da remar en aguas revueltas; y no por masoquismo, naturalmente. Por ello, sólo unas pocas cosas…

Los “salvadores de la patria” han sido frecuentes en la historia de la humanidad antigua y moderna. Los hay de dos clases cuando menos. Unos que, con excusa de la salvación de la patria, obran sólo para satisfacer su egocentrismo y no para salvar nada que no sea su puro interés del orden que sea. Se les pudiera llamar con verdad enemigos declarados de cualquier patria que no lleve su ADN. Y otros, los que de buena fe se sienten divinamente inspirados para ser redentores de los pobres diablos incapaces de liberarse del yugo de la tiranía y sólo pueden llamarse majestuosos soñadores. En uno y otro caso, artistas de cuentos de engañabobos

Los llamados “mesianistas” son, por lo general, gentes artistas de “apocalipsis show”, es decir, cantores –desde la impoluta limpieza que ellos mismos se atribuyen- del “desastre” que son todos los demás.

Dice José Luís Pinillos, en uno de sus libros (La mente humana, 169), que las clases bajas propenden a aceptar con facilidad las que él llama “ideologías mesiánicas”, o sistemas de ofertas de venta de la salvación a precio de saldo y a manos llenas; dando con ello a entender que esos “mesianismos” –en tiempo sobre todo de vacío religioso y de “religiones sustitutivas o políticas”, como llama George Steiner al marxismo concretamente (Cfr. Nostalgia del Absoluto – Los mesías seculares)- bien utilizados por el politicastro moderno –en el sentido que da el Diccionario a esta palabra- suelen hacer buenas clientelas en las inteligencias fáciles de influir o de manejar.

Y por otro lado, los “inquisidores” de los tiempos modernos se siguen moviendo a sus anchas. Los de antaño –los religiosos y los no religiosos, porque la palabra “inquisición” se polariza demasiado en apuntar solamente a los desmanes del fanatismo religioso y no del político, que lo ha habido y lo sigue habiendo hasta en la boca de algunos que se llaman pomposamente demócratas a “machamartillo”- tienen seguidores y copistas ahora mismo. Es la incuestionable secuencia psicológica de todo el que apetece llamarse “mirlo blanco” cuando se sabe de sobra que, en esta tierra que habitamos, los mirlos son negros y de pico amarillo tostado…

Y sobre todo eso, como corona de cartón para estos reyezuelos de la farsa, lo que dice Ortega en Democracia morbosa tan cabalmente: “Quien se irrita al ver tratados desigualmente a los iguales pero no se inmuta al ver tratados igualmente a los desiguales, no es demócrata, es plebeyo”.

Se propone –creo yo- dar su criterio para discernir dónde el sentimiento demócrata degenera en plebeyismo; hasta cerrar el importante ensayo con estas frases: “Profesores, periodistas y políticos sin talento componen el Estado Mayor de la envidia que, como dice Quevedo, va tan flaca y amarilla porque muerde y no come. Lo que hoy llamamos “opinión pública” y “democracia” no es en grande parte sino la purulenta secreción de unas almas rencorosas”.

Cuando en el telediario de mediodía he oído llamar “miserable” a otro diputado y ministro y mantenerse chulescamente en esa salida de “botarate” inculto, he pensado que ni los rufianes pueden llegar a más en esta sociedad, ni la democracia, a menos. ¿Habrá oído alguna vez el diputado Sr. Rufián que “lo cortés no quita lo valiente” y que el insulto es un atentado a la dignidad del que lo recibe y también a la de los que lo escuchan? ¿Se puede decir con verdad del pueblo que lo ha elegido representante suyo eso de que “el pueblo nunca se equivoca?.

De todos modos y aunque sea normal en el mundo del revés, yo creo que ni los perros dicen “miau”, ni los gatos “yes”, ni que “dos y dos son tres.

Esperemos -“la esperanza es lo último que se pierde”, según dicen- que pase pronto la epidemia de los mediocres aspirantes al mando de la nave. Sea mi frase del día.

Aviso a navegantes: naufragio a la vista. Y eso que ni soy ni quiero ser pesimista…