31 julio 2017

De héroes y de villanos

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA

Estos últimos días  en Madrid traen bochorno pegajoso que agobia y no tanto brisas y ventolinas que acaricien. Días calientes y noches sin dispensa del calor. No es para sobresaltarse demasiado –siempre se dieron veleidades así- y hasta en verano se ha visto nevar. Que la naturaleza no es una matemática ni los hombres, tampoco.

Pensando en los hombres, estos mismos días acercan tonos y acentos que van del rosa o el verde al rojo y el morado, o del grave al agudo, de lo que suena a canción de cuna a lo que recuerda redobles de guerra o ecos de disparos a quemarropa.

Tal vez porque influye la naturaleza en los humores, buenos o malos, de hombre, parezca todo revuelto en el arte noble y humano de reflejar la realidad sin confundir la velocidad con el tocino. Efectivamente, son tiempos revueltos.


Con este bochorno y con desmesuras e incontinencias en pensares, sentires y decires. Se exagera; se miente; se pivota lo efímero; se ve lo que no hay y se deja de ver lo que hay… Total, que donde la naturaleza debería poner aires tibios pone torres de tormenta y calores de agobio. Y donde con un reproche o un matiz basta y sobra, en épocas crispadas se aspira –soberbiamente- a matar pulgas a cañonazos, o por falta de elefantes que matar o por falta de valor para otra cosas que no sean pulgas o ratoncillos.

Como digo, estas rarezas, estas veleidades, estos “quid-pro-quo” -sin llegar a sobresaltar demasiado porque hasta el rayo y el trueno ayudan a limpiar la atmósfera y los exabruptos de la cultura invitan a recogerse uno mismo y reflexionar un rato- pueden valer para limpiar de toxinas el alma en espera de que los cristales de la ventana reverberen de nuevo con la luz del sol.

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Ayer oí la historia de un niño que, con pericia impropia de la edad, salvó la vida de su padre dándole un masaje cardio-pulmonar. Adoctrinado en primeros auxilios, al ver a su padre mal, sacando a relucir sus dotes de amor y de maestría –impropia, repito, de su edad- le salva la vida. El augurio de un comentarista del hecho fue: “Este niño tiene madera de héroe”.

La acción –efectivamente- es de las que, por mérito propio, se ciñen con vitola de noticia de la mejor calidad, pero…

No es que deje de dar al hecho el relieve que se merece, que es indudablemente mucho, pero la etiqueta de “tener madera de héroe” me parece –con todos los respetos- un error de cálculo o calificación. Es posible que sólo haya sido un modo de decir, del mismo modo que se llama héroe a Ronaldo por sus goles o a Nadal –a quien admiro entrañablemente- por sus muchos títulos. En cuanto al niño dejémoslo en sobresaliente que ya está bien. Soy –como se sabe- de los afectos a la verdad que Bertolt Brecht pone en boca de Galileo cuando vuelve a casa cabizbajo y humillado por el veredicto de la Inquisición romana: “Pobre del país que necesita héroes”.

Yo hubiera dicho ante la gesta del niño: “Este niño tiene madera de hombre”. Por desgracia, no todos los que nacen para ser hombres logran ejecutar el proyecto; algunos, porque no pueden; la mayoría, porque no quieren esforzarse y luchar o ven y ponen la hombría en levantar barricadas o en adorar a Narciso. Al propio niño, además, quizá le viniera mejor recordarle que, siendo niño, ha hecho una cosa de hombres, que llamarle excelentísimo señor. Si con lo primero se le incita a ser más hombre, con lo segundo posiblemente se contribuya a volverle necio.

A otra de las noticias de este día  la titularía jaque o acoso al obispo. Al de Solsona, concretamente.

Anteayer, domingo (en el telediario de medio día se vieron los fotogramas), el obispo de Solsona era acosado –violentamente, de manera brutal- por un grupo de personas, del lobby LGTBI, por haber escrito en su Carta dominical esta frase: “Me pregunto si el fenómeno creciente de la confusión en la orientación sexual de muchos chicos adolescentes no se debe a que en la cultura occidental la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desviada, desvanecida, hasta la virilidad estaría cuestionada”.

La frase del obispo y la reacción del lobby eran excitantes e incitantes. Donde estaba comiendo al oír la noticia todo eran sorpresa y cábalas. ¿qué habrá dicho o hecho el obispo? ¿Habrá reprobado los tipos de familia de signo monoparental? ¿Habrá defendido la relación de causa a efecto entre la falta, ausencia o ineptitud del referente masculino y la desorientación sexual del niño o joven?. Como quiera que fuere y remedando a Paco Martínez Soria, “se armó el belén”.

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Rebobinemos historias.
Cuando el gobierno de Rodríguez Zapatero gestionó y promulgó en España, la ley de matrimonio de personas del mismo sexo –homosexuales o no, aunque la implícita “ratio legis” miirase más a los homosexuales-, me propuse, como jurista que aspiiro a ser, el estudio de la homosexualidad en sus distintas vertientes, antropológico-biológica, psicológica, sociológica, jurídica, histórica…

De hecho, me procuré una pequeña pero cuidada biblioteca monográfica que me tragué literalmente. Reflexioné la enseñanza de don Gregorio Marañón sobre las raíces y el desarrollo psico-sexual de las personas. Con la misma finalidad estudié algunas obras de último cuño en las materia; tomé parte en debates universitarios sobre el ejercicio del derecho a la objeción de conciencia ante la aplicación de esta ley; y, además, impartí un curso de 10 lecciones en el Estudio Jurídico del Tribunal de la Rota española (curso 2004-2005), para el que compuse no menos de 500 páginas de apuntes.

Nunca he perdido la ocasión de adoctrinarme sobre aspectos y caras de una cuestión tan compleja y pasional como polémica, tan conexa, sin embargo, con la dignidad del ser humano con anterioridad a los posibles concretos modos de realización social de la persona que el hombre es.

Más de una vez he mostrado mi pensamiento al respecto. En el año 2010, concretamente, a uno de los ensayos que componen mi libro Los católicos y las izquierdas puse como título Los homosexuales también son hijos de Dios (antes –en el otoño de 2005- había escrito otro con idéntico título aunque diferente perspectiva). 


En unas frases del mismo va el sustrato de mis creencias: “El homosexual es un ser humano con variaciones en el instinto sexual y en sus tendencias. Un ser humano de cuerpo y alma, como todos los demás hombres y mujeres de carne y hueso pero con una desviación en esta tendencia. Es hijo de Dios el homosexual. Siendo como es y tal como es, está abierto a la dignidad de los demás hombres y a la salvación a la que son llamados los demás hombres. Dios quiere que el hombre se salve, todo hombre y toda mujer, con lo que son, con lo que tienen y en lucha contra lo que son o tienen, eso que tira de nosotros hacia conscientes o inconscientes servidumbres, pero que tiene remedio”. Al cerrar el ensayo decía que “sus derechos han de reconocerse. Aunque haya o queden quienes viven en el resabio de anteriores discriminaciones, sean gentes de Iglesia incluso, no ha de impedirse que estas gentes “peculiares” tengan los derechos que corresponden a su peculiaridad. No los discrimina la Iglesia. Los ama la Iglesia. En ello reside ahora mismo un centro de su pulso: el pulso que es reto de amor al hombre –el más débil entre los mismos sobre todo-; o, si no es eso, se quedaría en nada”.

Adelanto estos datos, no por vanidad ni autorreferencia o narcisismo, sino por sana precaución. Ante los extremismos sectarios y cualquier asomo de totalitarismo, dogmatismo o fanatismo hay que curarse en salud para prevenirse de las insidias.

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Distingamos perspectivas en el suceso para verlo mejor: el “pecado” del obispo y el acoso al obispo por un lado; y las reacciones, por otro, ante lo del obispo”y el acoso de que fue objeto.

* El “pecado” del obispo. La clave parece situada en una pregunta que se hace el obispo -en unas reflexiones publicadas en la Hoja dominical diocesana: “Si el fenómeno creciente de la confusión en la orientación sexual de muchos chicos adolescentes no se debe a que, en la cultura occidental, la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desviada, desvanecida, hasta la virilidad estaría cuestionada”. Es entendida como homofobia y atentado a la homosexualidad. Veamos.

En primer lugar, se trata de frase una en su visita al campo de exterminio judío en Auschwitz, se preguntó dónde estaría Dios en aquel tiempo. ¿Puede racionalmente deducirse de la pregunta que fuera ateo o pusiera en duda siquiera la existenca de Dios? ¿Es que las preguntas, al formularse, ya son datos de la conciencia de quien las hace?

Por otro lado, concedamos todo lo concedible: que el obispo, al hacerse la pregunta, estuviera ya convencido de que la presencia y acción de uno de los dos referentes –el masculino o el femenino- fuera condicionante, o quizás determinante, del futuro desarrollo humano del niño y del joven, incluido el desarrollo sexual. Ante la hipótesis, me preguntaría: ¿es que eso puede negarse ahora mismo –científica, psicológica, biológica o filosóficamente?

Y demos otro paso más: que para el obispo –al hacerse la pregunta- fuera indiscutible que la falta o ausencia, la inacción efectiva, de uno de esos dos polos del desarrollo es -efectivamente y en todo caso- la causa de la desorientación sexual de la juventud y, en concreto, de la homosexualidad.

Dado que –científicamente- aún no está resuelta la cuestión etiológica o de las raíces últimas de la homosexualidad (hay teorías biológicas, hormonales, psicológicas, sociológicas, culturales, etc.: un verdadero e insoluble, por ahora, galimatías), si el obispo hubiera defendido esa teoría, se le podría tildar de estar equivocado o de no matizar al hacer esta opción. Fuera de esto, el que, con la pregunta, haga suyo este criterio no parece que incluya ningún desacato ni a “su verdad” y ni siquiera a “la verdad”, porque la cuestión de las raíces de una hipotética desorientación sexual aún no está centíficamente categorizada.

Que pudiera podido matizar más y –al no hacerlo- ser adverdido de falta de discreción, prudencia o lo que sea, es ya otra cuestión.

** El acoso al obispo. Como los hechos son lo que son y sólo se pueden interpretar –la interpretación de los hechos es de libre disposición con tal que no se los falsee o trastorne- al hecho voy, porque los fotogramas exhibidos los mostraron a la luz del día. Un grupo de bastantes personas –lo que ya habla de alguna organización del “eskrache”- se abalanzó sobre el obispo al salir de una iglesia en Tárrega, rodeándolo con insultos, gestos aviesos y amenazas ostensibles -tuvieron que intervenir las fuerzas del orden para evitar males mayores.

Y ¿qué dicen estos hechos? Personalmente, al ver aquello -y antes de saber la razón-, saqué una impresión de salvajismo por el acoso de muchos a una sola persona que, en ese momento, estaba inerme ante las furias visibles de los acosadores. La estampa, por acuñaciones del sub-consciente, me trajo el recuerdo de los lobos de antaño atacando en manada para asegurarse mejor la presa.

Sin embargo, posponiendo las primeras impresiones, me propuse analizar lo visto con más objetividad. Es decir, me propuse contrastar la estampa del acoso con las razones de los acosadores para asaltar, con tanta furia, a una persona indefensa.

Tras analizar las inmediatas claves del hecho –hace un momento lo exponía- me digo de él lo que juzgo de todos los “eskraches”: otra escena de lo que –según parece- dijera –jocoso- el socialista J. Jaurés de la democracia al modo como algunos la conciben: el derecho de las pulgas a comerse a los leones. A través de la broma a veces se hacen patentes las verdades.

*** Las reacciones de algunos –políticos especialmente. Simplificando un poco, las mismas me parecen lo más curioso del extraño “affaire”. Y como tiene salsa el guiso de estos políticos ante el obispo y el acoso, ha de ser en su salsa donde se analice lo guisado.

Espigando en los datos mediáticos, realcemos algunas perlitas finas de los hechos habidos. Veamos:

- El alcalde de Cervera (ex-CiU, hoy PdeCat) anuncia que, por estas declaraciones, llevará al pleno de su ayuntamiento una moción que declare al obispo persona “non grata” en esta ciudad.

- El alcalde de Solsona (de ERC) y el ayuntamiento, en un “twit” municipal, proclaman su "rechazo a las desafortunadas manifestaciones del obispo en su última glosa” y reafirman su "pleno apoyo a las familias monoparentales y al colectivo LGTBI". Lamentan que se asocie a Solsona “con tal opinión retrógrada"

- La consellera catalana de Asuntos Sociales y Familia, (maestra y psicopedagoga, de ERC) pone el grito en el cielo porque "27 años después de que la OMS eliminase la homosexualidad de la lista de las patologías, todavía hay quien no lo ha entendido" (seguramente es ella quien no se ha enterado de cómo y porqué la Asoc. Americana de Psiquiatría, antes que la OMS, sacó de sus Clasificaciones de los Trastornos mentales a la homosexualidad).

- Por lo que hace a los lobbies LGTB, el pequeño colectivo Colors de Ponent declara que es "una vergüenza" la pregunta del obispo, porque sus palabras son homófobas, y han pedido al Observatorio catalán contra la Homofobia (OCH) que denuncie al obispo a la justicia. Este Observatorio, por su parte, ha declarado que la frase podría vulnerar la Ley Catalana contra la Homofobia. De hecho, el director de este Observatorio, Eugeni Rodríguez, ha pedido que la Generalitat sea "más contundente", y asegura que acudirá "a la fiscalía o al síndico" para denunciar los hechos si la Generalitat no toma medidas contra el obispo.

- La directora de Igualdad de la Generalitat, Mireia Mata (filóloga catalana, de ERC, sin especial formación en psicología, psiquiatría o sociología), anuncia haber encargado a los letrados del departamento de Asuntos Sociales investigar el texto por si era posible sancionarlo, pero que "los servicios jurídicos no han encontrado que sea un hecho sancionable". 


Ante el fiasco, asegura que "son unas expresiones deplorables, que demuestran mucha ignorancia sobre la realidad", que "ponen en cuestión a las familias monoparentales". Incluso declara que nadie tiene derecho a valorar los modelos de familia. "Ni siquiera un obispo –asegura llena de razón- tiene derecho a considerar reprobable o a hacer valoraciones sobre los modelos de familia".

Como un leve comentario a estas cáscaras de perlas finas daría para mucho y no hay ni tiempo ni espacio en este momento; y –además- casi todas ellas no llevan perla dentro sino bagatelas en el mejor de los casos y estupideces –dicho en el sentido etimológico de la palabra, es decir, contenidos que estupefactan y causan asombro-, reduzcamos el comentario tan sólo a dos o tres cosillas. Tal vez con eso baste para observar hacia donde apuntan las escopetas y a dónde van los tiros.

En cuanto al veredicto de la directora de Igualdad de la Generalitat: nadie tiene derecho a hablar ni hacer valoraciones sobre los modelos de familia: ni la ciencia, ni la sociedad o sus representantes, ni cualquiera con derecho a la libertad de expresión… Aunque se trate de realidades que afectan al hombre en su razón de tal y a la sociedad. Ni la Iglesa –el Papa, obispos, etc.- puede hablar de cosas que afectan directa o indirectamente a su fin, como la familia o el matrimonio. Pienso que este criterio de cerrar las bocas de cuantos no opinen como ella o como su grupo, aunque su grupo fuera mayoría- no sólo evoca la falsedad del “pensamiento único” sino que, además de constituir un frontal atentado a la libertad, es auténtico totalitarismo.

Normal parece en ella que no se haya enterado aún de que uno de los derechos humanos de más consistencia para la democracia, la verdad y la justicia es el derecho a la libertad de expresión, mientras se ejerza razonadamente y con respeto a los derechos y libertades constitucionales de los otros. Y no es tanto porque lo recoja el art. 20 de la Constitución española como porque se halla en todas las constituciones de las democracias en la cultura política occidental… La Iglesia –desde el Papa a los obispos y curas o religiosos y los laicos incluso- tiene el mismo derecho a expresar sus opiniones y los datos de su conciencia del mismo modo y por la misma razón que lo tiene la enfadada directora….

Las otras secreciones biliares, de los alcaldes principalmente (declaraciones de persona “non grata”, venteo desde el balcón municipal de la enseña del “orgullo gay” al aire de todo el pueblo), o la petición de justicia y mano dura contra el obispo acudiendo a la “fiscalía o al síndico” –como el inefable Sr. Rodríguez amenaza- se despachan con una idea y un consejo que, como todos los consejos, se toman o se dejan sin problema mayor.

La idea. Es tan enorme la distancia o desproporción entre la causa y el efecto; entre una posible falta de matización –no más- en la expresión del obispo, y la “salvajada del acoso” en los agitadores de la calle y su retaguardia tras las mesas de los despachos municipales y consejeriles que brilla del todo por su ausencia un serio atisbo de justicia y verdad, ni en la calle ni en los despachos.

El consejo. No sigan haciendo el ridículo. Es cuestión históricamente superada; y en la Iglesia también.. Un homosexual tiene la misma dignidad humana de todo hombre. Sin embargo, a lo que no tiene derecho un homosexual -ni nadie de sus mismas condiciones- es a ser más que otro en cuanto a dignidad. Si yo gasto un 42 de zapato y me calzo un 40, caminaré con dificultad o no podré caminar. Y es que a algunos, con ciertas cosas en las manos, los dedos se les vuelven huéspedes.

Respeto a los homosexuales y los respetaré siempre, pero llamando a las cosas por su nombre y buscando siempre la armonía sin par que ha de salir –cívicamente- de la unidad en la diversidad.

Y en lo de las censuras de los modernos y sibilinos inquisidores se refiere, hago recuerdo de lo de Alvaro de la Iglesia con su revista satírica La Codorniz. En los tiempos de la censura, un día sí y el otro también le vetaban cosas. Hasta que, cansado pero agudo y audaz, sobre una plana en blanco censurada publicó este ingenioso apunte: “Cajín es a cajón como cojín es a equis y a mi me importa tres equis que suspendan la edición”.

Y, por si esto fuera poco a favor de la libertad de expresión –eso sí, servida con valor, respeto y razones-, no me privo de recordar una vez más los primeros versos de la “Epístola satírica y censoria” de don Francisco de Quevedo “contra las costumbres de los castellanos” y extensible –creo yo- incluso a los catalanes. “No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”

Y del respeto tengo la misma idea que Calderón de la Barca exhibe en su comedia El alcalde de Zalamea (Jornada III, escena IX). El que quiera enterarse de qué va lo del respeto con verdad y con justicia que la busque, la lea, la medite un poco y saque sus consecuencias. Hoy no puedo detenerme más en ello.

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Como ni el hombre es héroe porque lo diga el entusiasta de turno –hay cosas más importantes que los héroes de ocasión-, tampoco ha de ser “villano”, es decir, vil o indigno, porque lo asegure un fanático o un revanchista.

Por su valía para las circunstancias actuales de la sociedad, volvería a repetir el verso de Quevedo; pero, como creo en lectores inteligentes –tales eran antaño los de “La Codorniz”, no es necesario.