20 julio 2017

El debate sobre la eutanasia: los diputados deben razonar

Editorial
Forum Libertas

En el Congreso de los Diputados se debatirá otra vez una iniciativa legislativa sobre la eutanasia, una cuestión delicada en una sociedad plural y que envejece a pasos acelerados.

Existe una primera reflexión fáctica que todos los grupos políticos deberían practicar, aunque el creacionismo, es decir, la idea que el mundo empieza con ellos es una tentación cada vez más fuerte, entre otras razones, porque exige una preparación menor. 


Si las leyes fueran objetos materiales, piezas de una construcción o de una mecánica, los diputados serían más cuidadosos de lo que son. Cometen el error de pensar que el papel lo soporta todo y la política se hace a golpe de titular. Se equivocan. Una ley es solo el plano de un proyecto material, la construcción debe estar bien hecha, y las consecuencias bien medidas. 

Y una advertencia, España tiene una pésima tradición legislativa. Se hacen leyes sin considerar su aplicación. El caso de la ley sobre la dependencia, que aún sigue coleando en sus nefastos efectos de impresión, es un caso espectacular, pero no el único.

Existe una reflexión básica que todo el Congreso debería practicar, y es la del porqué a pesar de los muchos años transcurridos desde que existe una reivindicación en este sentido en Occidente, pocos son los estados que han legislado sobre ella, y los que lo han hecho, caso de Holanda, no han creado un efecto contagio. 


Es más, cuando se debate del tema se recurre poco a los resultados de este país, a pesar de que es el que cuenta con más precedentes. La cuestión es porque es así ¿Por qué los estados son tan reacios a legislar a favor de un tema que además tiene el aliciente que reduce la factura de las pensiones y de la sanidad pública? 

La respuesta es porque resulta muy peligroso, y es una fuente de abusos y de inequidad. Los “ricos” acuden poco a ella, prefieren pagarse una buena atención paliativa. Los diputados tienen el deber de conocer las experiencias fallidas de otros países, y los resultados de aquellos pocos que lo aplican. 

Es más, una opinión pública bien configurada debería exigir estos conocimientos y este debate por parte de sus representantes. Y un último apunte en esta misma línea. Resulta incomprensible, que la izquierda, que se presupone que tiene su bandera en la redistribución, la reducción de la desigualdad y la defensa de la equidad, juegue prioritariamente esta carta antes de conseguir unos cuidados paliativos por parte de la sanidad pública para el 100 % de la población. 

Garanticemos esto a los ciudadanos y, una vez realizado, podremos hablar éticamente de autonomía ante la decisión de la muerte y el sufrimiento.