18 julio 2017

El PP, acorralado

Luís María Anson
EL IMPARCIAL

Desde hace demasiado tiempo, el Partido Popular se bate a la defensiva. Tiene muchas razones para atacar pero, salvo alguna maniobra aislada, permanece a la espera de que le golpeen. 

Y no solo lo hacen Podemos y Ciudadanos, agrupaciones nuevas que hasta ahora no han tocado poder y están libres, aunque no del todo, de corrupción, sino también el PSOE, partido que objetivamente ha sido zarandeado por las prácticas corruptas, desde Filesa a nuestros días, tanto o más que el PP.

Sin embargo, la posverdad está convirtiendo al Partido Popular en el símbolo de la corrupción. El PSOE insiste en la cantinela, inventada por Pablo Iglesias, de que el PP es el partido más corrupto de Europa. Como al boxeador al que zurran sin piedad pero no cae, el partido que preside Mariano Rajoy permanece en pie golpeado por todos los lados. 

La comisión del Congreso es una pantomima y, además, un circo. La réplica pepera se ha producido en esta ocasión pero con tal torpeza que la maniobra, o mejor aún, la jugarreta del Senado, se está volviendo contra los que la pusieron en marcha.

Mariano Rajoy, en lugar de entrevistas inanes, debería sentarse con Pedro Sánchez y poner sobre la mesa los casos de corrupción de un partido como el socialista, que ha llegado a tener en la cárcel al director general de la Guardia Civil, al gobernador del Banco de España, al síndico de la Bolsa y a la directora del Boletín Oficial del Estado, amén de encausados a su presidente nacional, presidente a la vez de la Junta de Andalucía, y a su sucesor. 

Sin amenazas procaces pero con firmeza, Mariano Rajoy podría negociar con provecho que Pedro Sánchez enfunde la espada de la corrupción si no quiere que el Partido Popular desenvaine la suya.