27 julio 2017

Pacto de Estado o pacto de la vergüenza

Editorial
Forum Libertas

Los medios de comunicación, con un sentido muy acrítico de su función ante el poder, parecen celebrar alborozado el primer pacto de estado alcanzado por el PP sobre la violencia de género.

1000 millones adicionales al actual gasto en cinco años, nada menos que 200 medidas, son los datos que se nos presentan como resultado del “éxito”, que una vez más criminaliza al hombre, y se venga de él, dejando de lado todo criterio basado en la reinserción del delincuente como fin principal de la justicia, y el de no infligir sufrimiento. 

¿Qué tiene de especial en relación con un asesino, un terrorista un violador, el sujeto que ha maltratado a su mujer que hace que este último, aunque se declare culpable y arrepentido, no tiene las mismas ventajas penales que aquellos delincuentes? 

Millet, el gran estafador del caso Palau, sí, y un hombre que ha golpeado a su pareja, ¿no?¿Por qué es el único caso en que se le hace sufrir impidiendo que los hijos puedan visitar al padre mientras cumple su pena? Se trata de una verdadera tortura psicológica “legalmente establecida”. Eso es el nuevo pacto de estado

Y mira que hay prioridades para realizar acuerdos de esta naturaleza, pero el PP ha centrado su objetivo en este, acorde con el mandato de la ideología de género. Y no será que no sean urgentes y necesarios para abordar unos acuerdos socioeconómicos, como los que en su momento determinaron los Pactos de la Moncloa o sobre la crisis educativa para asegurar años de estabilidad en lugar de leyes fugaces que se cambian con cada nuevo gobierno, o esa urgencia siempre aplazada de la crisis profunda, grave, de las pensiones, ahora que el gobierno Rajoy se ha cepillado prácticamente el fondo de reserva.

¿Qué tiene la violencia de género que no tengan todas estas cuestiones que afectan directamente a millones de personas? Sencillo: es fácil el acuerdo, solo necesita penalizar más al hombre, acentuar la idea de su maldad intrínseca que requiere castigos únicos, excepcionales, gastando más y más en tiempo de recortes. 

Y como el hombre paródicamente no tiene quien los defienda (al hombre, al padre, a los hijos y a las propias mujeres, porque el tipo de medidas no van a resolver nada porque no aborda el fondo del problema), el acuerdo es fácil y “progre”.

Pero no se trata solo de que existan otras prioridades desatendidas, sino de la inutilidad de los contenidos. ¿Qué mente sectaria es capaz de concebir que se puede reducir la violencia contra la mujer sin abordar para nada la prostitución, fuente estructural de violencia y menosprecio? 

¿Por qué el PP no se atreve con la prostitución? ¿por qué los restantes partidos, siempre tan exigentes, aceptan continuar con impunidad el mayor negocio ilegal de España, por encima del tráfico de drogas en términos de consumo, y de armas? 

¿Por qué se mantiene impune esa enorme máquina de fabricar dinero negro y también de blanquearlo? Pues eso. Ni tan siquiera una referencia a los brutales contenidos de violencia contra la mujer en Internet, que crecen como un cáncer maligno, y que tanto dañan a la mente de demasiados jóvenes.

Y si se trata de violencia, ¿no es brutal la comparación entre la híper atención a la violencia de género, y la más absoluta inanidad hacia otra violencia cuantitativamente mayor, donde la víctima está indefensa, tanto que carece de capacidad de denunciar, como es la que se produce contra los menores y los ancianos, 60.000 maltratados al año en España?

Más que un Pacto de Estado es el Pacto de la Vergüenza.