11 agosto 2017

Tesis para reflexionar en vacaciones

Josep Miró i Ardèvol
Forum Libertas



  1. Las raíces de todos los problemas de nuestro tiempo son la pérdida de la noción del bien y del interés por buscar la verdad.
  2. Ambos tienen dos causas relacionadas por el mismo fenómeno de desvinculación: Una, religiosa; la otra, filosófica.
  3. La causa religiosa es el olvido de Dios, su desprecio o su reducción a un ídolo humano. La ignorancia de la cultura religiosa es una de sus consecuencias seculares. La descristianización otra en el ámbito de la fe.
  4. La causa filosófica es la destrucción de la razón objetiva y, con ella, de la tradición cultural y del cegamiento de sus fuentes.
  5. Desde la extraordinaria construcción ético-filosófica de la Antigüedad grecolatina, hasta el esfuerzo desmedido por la primacía o exclusividad de la razón, todo está dañado, tanto que, si la cultura religiosa ha desaparecido de la escuela pública, las humanidades aun lo han hecho en mayor medida. Y es que entre una y otras hay una fuerte relación de fondo. La desaparición del sentido religioso no ha ido acompañada de un crecimiento de la racionalidad, sino de un aumento extraordinario del mundo oscuro de las supersticiones. Posiblemente MacIntyre en Tras la Virtud, haya sido quien mejor y antes (1984) ha explicado por qué.
  6. La pérdida del sentido religioso ha sido definida como secularización. En realidad, la secularización es la manifestación en el plano religioso de un proceso mucho más amplio: la desvinculación, que ha afectado en una medida muy variable según cada país, al conjunto de la sociedad occidental, con especial intensidad en Europa, con una gran velocidad en España, y de una forma demoledora en Cataluña.
  7. La cultura desvinculada se configura por la convergencia de ideas que emergen en el siglo XVIII, pero que eclosionan con fuerza y como cultura de masas a partir de la década de los sesenta del siglo XX. Hay que seguir atentamente a Taylor y su Orígenes del Yo para ver cómo termina configurándose esta concepción cultural, que no surge de ningún propósito explícito, de ningún concepto holístico, ni siquiera de un proceso de racionalización. Es el resultado del progresivo deslizamiento que Freud ya denunciaba en 1915: “Allí donde la comunidad se abstiene de toda desaprobación cesa también la jugulación, los impulsos perversos”.
  8. La desvinculación sostiene la pretensión de que sólo es posible la realización personal mediante la satisfacción del deseo. Ningún compromiso o vínculo personal, íntimo, o público, social o institucional; ningún deber, obligación; ninguna norma, tradición, creencia filosófica, fe religiosa, puede limitar o negar la satisfacción del deseo individual, fuente de la realización y signo de la autonomía personal.
  9. Si el vínculo limita o hace imposible esa realización, debe ser transformado hasta hacerlo adaptativo, débil; y si tal adaptación no es posible debe ser destruido.
  10. Se ha descuidado la evidencia de que el ser humano se realiza precisamente en relación con sus vínculos, alcanzados voluntariamente o por nacimiento, que empieza en lo más elemental como es el compromiso con su corporeidad. Son los vínculos fuertes los que aportan la identidad humana, sin ellos, o en su provisionalidad y accidentalidad, se produce la alienación, la adición, y la dependencia de los deseos emotivistas, pasionales. Es el fin del fundamento de la cultura occidental en lo que establece como proceso de personalización, y de la vida de la polis como compromiso fuerte con el bien común.
  11. Sin vínculos nacemos cada día, y así nos vemos forzados a un esfuerzo imposible de reconstrucción cotidiana de los horizontes de sentido, o bien, lo que en la práctica es más fácil, prescindimos de todo sentido. Esta última dinámica favorece la alienación
  12. Las generaciones actuales de jóvenes y adolescentes manifiestan mejor que nadie esta actitud, porque ellas son las primeras herederas de la sociedad desvinculada en su plenitud. Sus padres aún guardan, bien que mal, la huella, poca o mucha, de otra cultura fruto de la civilización occidental basada en el vínculo.
  13. Los vínculos han cambiado a lo largo del tiempo las sociedades, reordenando su jerarquía, pero siempre bajo el común denominador de su existencia en el ámbito de la razón objetiva. El humano se hace por el vínculo y en el vínculo. Desde Aristóteles lo sabemos razonadamente.
  14. No conocemos otro modelo porque no hay ningún otro modelo viable. No puede existir una persona realizada y una sociedad cohesionada si los vínculos sólo son sostenidos por la razón subjetiva del deseo. Lo bueno es lo que deseo del compromiso ético con la polis, al empeño y comunión cristiana, la fraternidad de la Revolución Francesa, el imperativo categórico kantiano: la concepción tradicionalista, conservadora, marxista, el personalismo comunitario, el comunitarismo. El tronco fundamental de nuestra filosofía moral y política está basado en el vínculo, porque él es expresión de la naturaleza humana.
  15. Incluso la temprana formulación liberal de Adam Smith mantiene la vinculación fuerte, no conoce otra, no concibe otra. Ha sido la posterior evolución, seguramente por las dinámicas inherentes a su ontología, que el liberalismo en sus diversas versiones, conservadora, neoliberal, social, y de una manera especialmente intensa desde las aportaciones de Rawls y Rorty, el liberalismo se ha convertido en la coartada política de la desvinculación. Pero incluso en este caso hay corrientes minoritarias en su seno, como el liberalismo perfeccionista de Raz, que mantienen la importación del vínculo nacido de una determinada práctica consuetudinaria fruto de una cultura de razón objetiva
  16. la neutralidad moral del estado es una gran falsedad hoy más evidente que nunca con la imposición de determinadas cosmogonías ideológicas como la perspectiva de género y LGTBI
  17. La vinculación es la consecuencia de las leyes que rigen las relaciones humanas y regulan el funcionamiento de las sociedades en términos no deterministas pero sí probabilísticos.
  18. La ética sin marco de referencia de razón objetiva y sin comunidad moral de referencia, se transforma en un hacinamiento de prescripciones particulares formuladas en función de cada circunstancia, y así acaba siendo un cuerpo caótico y contradictorio de normas al servicio del poder, porque él es el que se impone cuando no hay límites objetivos forjados en la historia y la razón.
  19. Esta es la situación que describen en su práctica la proliferación de observatorios de ética.
  20. La cultura desvinculada ha dado lugar a las grandes rupturas históricas que, por acumulación, desmenuzan personas y sociedades.
  21. La ruptura cultural ha destruido la tradición cultural y ha truncado las fuentes, dejando al ser humano sin ninguna perspectiva sólida y, por tanto, sin horizonte de sentido más allá de sus impulsos individuales.
  22. La concepción cultural hegemónica que ha transformado el sentido de la libertad que, de algo necesario para la búsqueda de la verdad, se ha convertido en una simple multiplicación de opciones, prescindiendo de todo criterio de veracidad. De la libertad para buscar el bien a la libertad medida como multiplicidad de opciones, cuanto más mejor, prescindiendo de su calidad.
  23. La ruptura cultural estimulada por la única ley del mercado ha transformado la transgresión en canon, al tiempo que mantiene la pretensión de vanguardia cultural en una contradicción imposible. No tenemos cánones y, tampoco, vanguardias reales. La culminación de esta lógica es la cultura basura que ha estallado en la TV. Nunca hemos tenido tantos vectores para hacer cultura, y nunca ésta ha presentado una relación más baja entre la calidad y la cantidad producida.
  24. En el ámbito social las rupturas con el derecho consuetudinario y la tradición, que han sido declaradas sin valor, y la degradación de las instituciones valiosas socialmente insustituibles, han contribuido a las concepciones adánicas creacionistas en las que todo empieza en el momento que el nuevo sujeto lo considera; todo empieza con él; todo empieza con cada uno. La superficialidad ligada a un esfuerzo extraordinario condenado al fracaso son las consecuencias de esta cultura, que también se refleja en la legislación, y tiene consecuencias demoledoras para el buen funcionamiento de las instituciones públicas y sociales.
  25. La ruptura ha dañado gravemente las instituciones del núcleo central de la sociedad: matrimonio, paternidad y maternidad, filiación, fraternidad y parentesco. Las que pertenecen a un segundo nivel, escuela, iglesia, trabajo y empresa, y las de tercer nivel, las asociaciones, progresivamente sustituidas por la actividad mercantil, el ocio como producto de consumo y el asociacionismo de beneficio personal.
  26. La crisis económica es la concreción largamente anunciada de una economía desvinculada, de las empresas, los trabajadores, incluso de la producción real. La economía al servicio del deseo de la ganancia infinita, del hiperconsumo sin elementos moderadores, ni restricciones. Las finanzas convertidas en sistema global de especulación, el hiperendeudamiento de familias, empresas y estado, como forma de vida. La cupiditas, la concupiscencia; esto es, el sentido de posesión como razón de vida.
  27. La sociedad de la desvinculación ha comportado la generación de las políticas del deseo, hasta el extremo insólito de que los poderes públicos se dediquen a desarrollar políticas relacionadas con la búsqueda de placer sexual. Precisamente son los jóvenes y adolescentes los principales objetos de esta nueva orientación.
  28. La desvinculación ética surgida de la inexistencia del bien y de la verdad como razón objetiva, conlleva la negación u oscurecimiento de la idea del bien y de la verdad en cada persona y, por tanto, en la sociedad; es el relativismo, proclamado panacea de la convivencia, cuando en realidad sólo promueve la incomunicación en ignorar que el fundamento de la relación no es la relativización de los valores, sino al contrario, convertir el respeto, la amistad civil aristotélica, en un valor fuerte de la comunidad a partir de la pluralidad de puntos de vista. Lo constata como la continuada apelación al relativismo de los valores fundamentales, ha derivado en una dialéctica “amigo-enemigo” en cuestiones políticas contingentes, y la desaparición de la buena educación y el respeto, como muestran, a manos llenas, las redes sociales de Internet.
  29. La ruptura religiosa surge del rechazo a la norma objetiva, externa, que afirma un Bien superior y diferente, que pone límites a los deseos de dinero, sexo y poder. Esta idea de Dios y la fe que determina, ha sido sustituida por el subjetivismo desatado que da lugar a la religión a la carta como un producto de consumo más, sin esfuerzo, ni riesgo, y que se amolda a nuestros deseos.
  30. La supresión del vínculo con Dios, fundamento de la fe religiosa, ha determinado la destrucción del proceso formador de la conciencia en la gran masa de la población.
  31. La ruptura antropológica, sin compromiso religioso ni ético es la mayor amenaza de nuestro tiempo, impulsada por el cientismo y el mercado y que se concreta en el transhumanismo. La genética que hace posible que la esencia física del ser humano sea transformada en un objeto patentable, un motivo de gran negocio. El aborto a gran escala concebido como factor de liberación de la mujer. La voluntad de superar más allá de lo razonable las limitaciones de nuestra corporeidad. Todo lo que puede hacerse, debe hacerse, son consecuencias de esta ruptura que está construyendo la fuente máxima de desigualdad entre los humanos: la que supone la alianza entre el dinero, la tecnología y la genética. Gattaca y Blade Runner son sus relatos homéricos avant la lettre.