17 abril 2018

Cristina Cifuentes, agente doble

Antonio Burgos
La Semana


Cuando me pregunté para qué demonios quería Cristina Cifuentes un máster de mentirijillas, qué falta le hacía meterse en ese borde de navaja para presumir en unas líneas de su currículum, subrayé que, al modo de Celia Villalobos, era una dirigente del PP perfectamente intercambiable con el PSOE. 

Díganme qué pinta en el PP una señora que se ha mostrado, y usando maneras populistas, a favor del aborto, de la República, de los vientres de alquiler y de todo cuanto falta hiciere para aparentar progresismo y modernidad, en el eterno complejo de la derecha española, pero acentuado en este caso: hacerse perdonar lo que es.

Pensé en un momento que Cristina Cifuentes era un agente secreto. Aunque esto de "Cifuentes, agente secreto" suene a nueva españolada con Santiago Segura y premio Goya asegurado por los de la Ceja, que me imagino son todos muy amiguitos de la Masteresa Cifuentes, le pega una barbaridad. 

Pensé que era agente doble, encargada de defraudar todavía más a los hartos y hastiados votantes del PP y echar a paletadas sus votos hacia Ciudadanos, que ya dan las encuestas como partido ganador en Madrid.

 ¿No lo van a dar, si el PP tiene al frente de la Comunidad de Madrid a una señora que aventaja a su jefe Rajoy en la especialidad del partido? ¿Qué cuál es la especialidad del PP? ¿Defender los valores conservadores y liberales acaso? No. ¿Defender la libre iniciativa frente al intervencionismo estatalista? 

No. Nada de eso. Eso, en todo caso, puede ser en campaña electoral y de boquilla. Pero cuando llega al poder, la gran especialidad del PP es ponerse de perfil, no dar la cara, no ponerlos sobre la mesa y gobernar contra sus votantes, por cobardía, por tibieza, por conveniencia y por Arriola.

Eso me creía, como les digo, que la Masteresa Cifuentes, aunque intercambiable con el PSOE, era agente secreto de Ciudadanos para perder Madrid cuanto antes. Pero la ola de titulitis que nos invade me hace pensar distinto. De momento, Cifuentes ha vuelto loca a la geografía. Gracias al falso máster de Cifuentes resulta que, investigando a Pablo Casado, otro especialista en roneos de másteres, hemos descubierto algo insólito. 

Descubrimiento geográfico a la altura de la llegada de Colón a América: que la Universidad de Harvard no está en Massachusetts, sino en Aravaca. Al menos allí reparte los másteres de plastilina que tanto gustan en esta nación de falsas titulaciones y de ingenieros de Podemos que no lo son. Me imagino que si Pablo Casado también ha pasado por Yale para coger un Máster Express en cuatro días, Yale no estará en Connecticut, sino, tirando lejos, en Majadahonda.

Una pena que la Masteresa no haya ido para su paripé de currículum a ninguna de estas raras universidades; que sacara su título por la Universidad Rey Juan Carlos y no por Oxford, que estará seguramente en Pozuelo, por no ser lugar menos pijo que la Harvard de Casado. No le hacía falta, porque Cifuentes no ha sacado un máster falso, sino una bomba de humo para tapar los falsos ERE y que no se hable de los ex presidentes de la Junta en el banquillo. 

Se está juzgando la mayor estafa política que vieron los siglos, los ERE amañados por el Régimen de la Andalucía del PSOE. Así que estamos ante un mangazo de 850 millones de euros de dinero público como mínimo, con 170 imputados, 22 altos cargos implicados, una ex ministra y dos ex presidentes de la Junta de Andalucía en el banquillo y ni los telediarios ni los periódicos dicen ni palabra del juicio oral por este gran escándalo: todo lo tapan Cifuentes y la titulitis. Está claro. Cifuentes es agente de Griñán y de Chaves para que nadie hable de ellos y mucho menos de los ERE, que ésos sí que eran falsos.