26 abril 2018

El eclipse de Dios

Editorial
Forum Libertas


Se ha eclipsado Dios en España.

La metáfora del eclipse es de un fino periodista y escritor, Antoni Puigvert, que mantiene un continuado diálogo con la fe cristiana y sobre su situación: “Dios ha desaparecido del mapa. Ha muerto tan intensamente que los jóvenes ya no tienen ni noticia… se pierde incluso el recuerdo; se está volatilizando”. 

Y ciertamente es así. Los datos son evidentes: los católicos practicantes se han reducido del 53,4% en 2006, según datos del CIS, al 26,4 en el 2017, casi igualados con el porcentaje de ateos y no creyentes. Los datos exactos podrán discutirse, pero la tendencia y los órdenes de magnitud no. 

La Iglesia ha registrado todos los impactos de la modernidad tardía y ninguno de los renacimientos religiosos de otros lugares, o al menos estos han sido pequeños, demasiado pequeños. Porque no se trata de negar la existencia de ejemplos de vitalidad, de los resplandores de la fe que brillan, sino de constatar el cambio cuantitativo y cualitativo de la sociedad española. 

Y de no hacer nada nuevo la tendencia es irreversible porque es demográfica: van despareciendo por la edad las generaciones que concentran un mayor número de católicos practicantes, y son sustituidos por generaciones jóvenes donde la práctica es aproximadamente nueve veces menor. Esta es la tendencia.

Sería un error pensar que el mundo es como España. Al revés, somos una excepción en un mundo donde el catolicismo crece al mismo ritmo que la población.

Necesitamos una gran transformación. “Siempre hay que recomenzar. Tan solo nuevos comienzos temporales aseguraban una continuación de la regla perpetuamente eterna”, sostiene Péguy. Empezar siguiendo Santa Teresa de Jesús. “Confianza y fe viva/ mantenga el alma/ que quien cree y espera/ todo lo alcanza”. Empezar con la virtud cantada por Kipling: “Si puedes contemplar, roto, aquello a que has dedicado la vida/y agacharte y construirlo nuevamente…”

Porque la oscuridad del eclipse permite ver los resplandores que brillan dispersos. Parroquias formidables, grupos de evangelización, Guías y Scouts de Europa y otros grupos de jóvenes, algunos movimientos y organizaciones, forman un entramado fulgurante de fuego y brasas surgidas de la fe y de la esperanza, la más pequeña de las virtudes, como la califica Péguy.

Sí. Recomenzar, pero ¿cómo? Lo resumiremos en una visión y misión que no es nuestra: La Iglesia no tiene que seguir a la sociedad, sino vivir para ser seguida. Hay que asumir que Su gran riesgo es que yendo detrás del mundo ofrezca buenas escuelas, se transforme en un magnífico hospital, una gran ONG, pero pierda la capacidad de explicar y presentar la gracia y el misterio de Dios porque ya no recuerde como se hace.