30 abril 2018

Gibraltar, hoy en el Senado

Alberto Pérez de Vargas
Europa Sur


Vuelve a hablarse de compartir el aeropuerto. Esperemos que no se acuda a la cantinela de la cosoberanía

Los lectores de nuestro periódico, ya conocen la iniciativa que, respecto a Gibraltar, hoy mismo se debatirá en la Comisión de Exteriores del Senado, que preside el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce. 


No pocos se preguntaban cómo era posible que dados los destinos que concurren en el alcalde y las circunstancias emanadas del brexit, la cámara guardara silencio. Sobre todo, teniendo en cuenta la incansable labor del diputado socialista De la Encina y la más o menos soterrada de sus próximos, para que no se dañe el privilegiado estatus de Gibraltar, recurriendo a la siempre bien vista actitud de proteger a los trabajadores españoles, cuyo censo sigue siendo un misterio.

Vuelve a hablarse de compartir el aeropuerto. El caballo de batalla con la que el Gobierno de Felipe González trató de ocultar - cuando España aspiraba a entrar en La Unión Europea- su sumisión a las exigencias de Estados Unidos de América, que por nada del mundo quería dejar de disponer de un lugar en el que reparar sus ingenios nucleares y desde donde vigilar los movimientos del Mediterráneo sin tener que dar explicaciones. 

El aeropuerto, uno de los más peligrosos del mundo (el segundo de Europa tras Madeira), ya mostró sus limitaciones y el poco atractivo que tenía para las compañías aéreas cuando se autorizó su utilización conjunta. No obstante, ahí estamos buscando la misma piedra sin tener en cuenta el hecho de que la utilización conjunta del aeropuerto supone la legalización por parte de España de un aeródromo militar británico construido en territorio usurpado.

Esperemos que no se acuda, puestos a incrementar la bolsa de las torpezas, a la cantinela de la cosoberanía. Porque no hay soberanía británica ni la habido nunca, sino cesión de un territorio que ha sido ampliado ilegalmente con nocturnidad y alevosía. 

El rey de España sigue ostentando el título de rey de Gibraltar (y de las Algeciras, por cierto) y Gibraltar está definida sin paliativos por las Naciones Unidas como colonia británica. Bueno es que se recupere una política de Estado, que ya existió antes de que el PSOE y sus adeptos a siniestra perdieran los papeles de su identidad geopolítica e histórica. 

Que así sea, aunque mucho me temo que hará falta una concentración de hadas (y de hados), que neutralice la cantidad de intereses inconfesables acumulados por los desequilibrios creados en la comarca ante la desordenada fragilidad de la verja.