23 abril 2018

Las causas de la sequía

Santiago Martín
ABC


La Plenaria del Episcopado español ha comenzado, como siempre, con un discurso de su presidente. 

El cardenal Blázquez, entre otras cosas, ha querido llamar la atención sobre un hecho que él mismo ha calificado de «fuente de sufrimiento»: la escasez de vocaciones al sacerdocio e incluso aún más a la vida religiosa. 

«No podemos resignarnos a la administración de la escasez», ha dicho el presidente de la Conferencia, después de haber constatado que esa sequía vocacional lleva aparejado un envejecimiento del clero, que en algunas diócesis está ya en los 75 años de edad media.

Pero, una vez constatado el problema, lo que hay que hacer es analizar cuáles son las causas, porque de lo contrario no se podrán encontrar soluciones. Es verdad que el factor nacionalista juega un papel muy importante: cuanto más independentista es el clero de una diócesis, menos vocaciones hay; es natural, pues no se puede servir a dos señores. 


Pero, para ser honestos, hay que reconocer que esa no es la única causa; diócesis nada independentistas, como Segovia por ejemplo, están en situaciones de penuria extrema; en general, las diócesis rurales están muy despobladas, sobre todo de jóvenes, y por lo tanto no hay «materia prima» de donde puedan salir las vocaciones. Nacionalismo y baja natalidad son, pues, dos de las causas que explican este desastre. 

Pero tampoco son las únicas. Hay una tercera que quizá es aún más influyente que esas dos: la escasa espiritualidad y la infidelidad doctrinal en muchos sacerdotes, que en lugar de servir de ejemplo atractivo se convierten en lo contrario; de hecho, las diócesis más conservadoras tienen más vocaciones que las que son más liberales o progresistas y lo mismo pasa con las congregaciones religiosas. 

Pero, por desgracia, no parece haber mucho interés en fijarse en este ingrediente decisivo. Muchos prefieren morir antes que renunciar a su progresismo, hasta el punto de que, me consta y tengo datos, hay diócesis que rechazan sacerdotes de instituciones conservadoras, aún teniendo muchísima necesidad de clero.

No hay fórmulas mágicas, por supuesto, pero, aunque no sea la única causa, cuando falta espiritualidad los seminarios están vacíos. Lo saben de sobra y no parecen decididos a hacer cambios. Si esto es así, que no se quejen. Tienen, simplemente, lo que merecen.