18 abril 2018

Las civilizaciones no mueren asesinadas, se suicidan

Humberto Pérez Tomé
Hispanidad


La democracia es eso, libertad. Sin embargo, cuando la libertad está consensuada por unos pocos gracias al empoderamiento al que acceden por medio de las urnas, la libertad no es lo que es, sino la forma ineludible de actuar en sociedad. Libertad. 

La RAE específica hasta 12 acepciones para esta palabra que ha sido sobada, manipulada y deformada por políticos populistas, filósofos interesados y el vulgo siempre cuando le ha convenido. Pero me quedo con las dos primeras que creo que son las que de alguna forma más nos afectan: 

1.- Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. 

2.- Estado o condición de quien no es esclavo. En democracia se vende este concepto porque se nos dice que podemos elegir libremente a quien deseamos que nos gobierne, es decir, a esos cuya confianza formalizamos en las urnas para que cuiden de nuestras vidas y favorezcan el bien común. Una libertad que nos hace creer que si salen los nuestros nuestras vidas mejorarán y, si no, no serán tan buenas como podríamos imaginar. 

Por lo tanto tendremos que asumir la responsabilidad de nuestros actos cuando a los que votaste una vez que gobiernan, no lo hacen pensado en nosotros, sino en sí mismos. Es decir, la democracia actual consiste en que participamos en libertad para que los políticos se blinden con nuestros votos en una dictadura. Una dictadura que, cuando es mayoría, se vuelve en dictadura absoluta. 

Cuando los políticos o las personas que acceden a gobernar no se rigen por los principios que les definen y son corrompidos por el poder, corrompen a los que les rodean y corrompen la razón para que todo esté de su lado, da lugar un Estado fallido porque estafa la libertad prometida al ciudadano. 

Cuando las decisiones de Estado se rigen por la ética del pensamiento dominante y carece de razones morales, el ciudadano está perdido porque no tiene más salida que soportar heroicamente lo que deciden por él. Entonces el punto 2 de la acepción de Libertad deja de tener sentido, porque somos esclavos de una libertad consensuada. 

Populismos llenos de eslóganes y vacíos de soluciones; nacionalismos que excluyen otras formas de pensar y querer vivir; leyes que se ejecutan aboliendo uno de los principios fundamentales de un Estado de Derecho, como es la presunción de inocencia; los medios de comunicación convertidos en voceras de los intereses financieros e ideológicos; y la masa social cautiva por su baja intelectualidad, moral y reflexiva... 

Entonces estamos ante un país camino de la ruina. Toynbee dejó muy claro este punto: Las civilizaciones no mueren asesinadas, sino que se suicidan. Llevamos años de vaciado moral, huyendo hacia delante de nuestra identidad cristiana, en una constante disolución de nuestros principios y nuestras costumbres. 

Apisonados por una cultura constante de la muerte: el aborto, la eutanasia, la maternidad subrogada, la degeneración de la lucha de géneros. Unos pocos empujan y empujan para que la sociedad sea una masa enorme y deforme fácilmente manejable. Muchos ya lo ven como algo normal, una vana evolución del ser humano. Menos se rebelan contra este cambio pero callan cómplices, o cobardemente, casi peor. Y pocos, muy pocos, pelean arriesgando su fama, su carrera, su fortuna, estudiando y formándose para combatir desde la intelectualidad este ataque salvaje y democrático contra la dignidad del ser humano. 

La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana (Paidos), de Steven Pinker. Estupendo ensayo que desmonta el planteamiento global de la lucha de géneros solo porque haya modos y formas de pensar o vivir la vida, tratando de explotar ciertas debilidades humanas para crear una falsa antropología moderna. 

La decadencia de las columnas jónicas (Sekotia), de José Antonio Fortea. Breve ensayo que pretende mostrar otra forma de Estado orgánico que controla de forma orgánica a los políticos, las leyes y su comportamiento. Ahora que todos estamos hartos de máster inexistentes, sobres de dinero B, reyezuelos autonómicos que quieren montarse su propia república... Sería bueno revisar ideas nuevas. 

Democracias y falacias (Letra Clara), de Julio Bárceno. Autor de varios títulos basados en la idea de la conciencia del pensamiento hace un recorrido de lo dicho y hecho por la política en España. Elogios, pero sobre todo denuncias de los vacíos éticos, morales y legales que dejan en mal lugar la deseada democracia por todos aquellos que vivieron desde el principio la transición española. 

Dice la sinopsis de la obra: El solo hecho de permitir que los ciudadanos voten de vez en cuando no constituye por sí mismo una democracia, y menos si las mismas votaciones están viciadas antes y después de depositar las papeletas en las urnas.