02 mayo 2018

Dejádmelos a mí

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


Los papeles de Charles Bronson gustaban mucho porque era víctima, juez, fiscal, policía y verdugo, todo en uno y sin juicio 

Un letrado habilidoso logra introducir la duda en el curso de una vista y donde había un asesino despiadado a los ojos de la opinión pública, aparece un reo absuelto de toda responsabilidad. Ni un mes de cárcel. Al instante sale libre a la calle.

Ésa es la historia criminal, la base del Derecho, el por qué de los juicios.

De no se así, España entera habría condenado a la Manada desde el momento en que se supo el caso. Era asqueroso y nos daba igual que las atenuantes lo rebajasen en la escala de penas. Que se pudran en la cárcel.

Eso sí. Como me hables de la perpetua revisable, también voy a estar en contra. El caso es indignarse.

No voy a decir que me haya gustado la sentencia, entre otras razones, porque las sentencias no están para satisfacer los gustos de nadie por mucho que unas sean mejor recibidas que otras, claro. Desde fuera nos puede parecer que son duras o blandas de acuerdo con el veredicto que ya hemos alcanzado en nuestro fuero interno, antes incluso de que comiencen las sesiones de la vista.

Normalmente despreciamos todo cuanto sucede en sede judicial porque ni somos juristas, ni conocemos el sumario, ni oímos a los testigos, ni atendemos a los peritos, ni examinamos las pruebas, ni esperamos las conclusiones de las partes, ni nada de nada; simplemente tenemos la intuición de que el acusado es culpable o inocente y con ese bagaje nos movemos para armar cada dos por tres grandes manifestaciones que parecen reclamar viejas leyes ya superadas, como la de Lynch, o la de los taliones, que son los semejantes.

No, no me ha gustado la sentencia, y posiblemente al que la impuso, tampoco. Pero eso no nos justifica, ni al juez, ni a mí, para salir a la calle diciendo que no hay justicia solo porque la revisable nos parece mucho y la que le cae a la Manada, poco.