10 mayo 2018

La derrota de ETA

Alberto Pérez de Vargas
Europa Sur



Bueno está que para consuelo del personal se diga que ETA ha sido derrotada. Incluso que, aunque sin ánimo decidido, nos lo creamos. 

Tanto daño irreparable, tanto dolor y tanto mal hay en la existencia de la banda, que podemos adoptar esa actitud conformista que supone ignorar que los efectos del terrorismo están siempre vigentes. 

No hay duda de que Dios permite el mal. Me he referido a ello en ocasiones; incluso recurrí al título "Y Dios permite el mal" en un artículo de hace un lustro, rememorando el que el traductor -un traductor de lujo, Juan Martín Velasco- puso a "Dieu et la permission du mal", ensayo del gran pensador católico francés Jacques Maritain (1882-1973).

La palabra "diablo" deriva del griego clásico; "el que desune o calumnia" (Corominas). Diablo o diablos y cualquiera de sus variantes religiosas o paganas aluden a quien siembra la desunión y hace de la mentira -de la calumnia, en fin- el cauce de sus afanes. Podemos pues quedarnos con que el alejamiento de la verdad, su tergiversación y cualquiera que sea la forma de ocultarla o de disimularla, son aproximaciones al mal. 


Mutatis mutandi acudiríamos a los que contribuyen a la desunión entre las personas y a fomentar la segregación y el rechazo entre quienes, sin embargo, han sido engendrados iguales por naturaleza en derecho y en deberes.

Sería muy difícil encontrar un ejemplo más acomodado al mal que el terrorismo. Además de por el daño que generan los efectos de su práctica, porque se basa en una causa ligada a la segregación y a la diferencia. Y porque, necesariamente, ha de ayudarse de la mentira y apoyarse en la extorsión y en la coacción. 

Pero el terrorismo es objetivamente malo, por sí mismo, y no debiera se disculpado acudiendo a sus motivaciones. No es una actitud de defensa per se sino una acto premeditado para causar mal. 

No debiéramos, ni siquiera a beneficio de inventario, olvidar que ETA es parte de la sociedad vasca y fue tolerada por la izquierda durante el franquismo; incluso protegida y celebrada. Y el nacionalismo -una forma de fomentar la segregación y de enaltecer la diferencia- se fortaleció, gracias a ETA, hasta el punto de consolidarse y de salpicarse de hijuelos que ahí están inundando lenta y eficazmente los ayuntamientos no sólo del territorio vasco sino también del navarro. 

No diría yo que sea, precisamente, un panorama que invite a pensar, sensu stricto, en que ETA ha sido derrotada.