15 febrero 2018

Año XV - Nº 1075

El trágico carnaval del sexo

Editorial
Forum Libertas


Vivimos en la sociedad donde impera la cultura de la desvinculación, aquella que sostiene que todo vínculo jurídico o fruto de la tradición, personal o colectivo, basado en el compromiso religioso o filosófico, debe ser adaptado al impulso del deseo, o destruido, porque la principal forma de realización personal es individual y pasa necesariamente por satisfacer su pulsión.

Es su imperio, el de la cupiditas, que necesariamente cosifica al otro, porque su fin principal es satisfacernos a nosotros mismos. De ahí que el sexo, uno de los deseos más poderosos, se haya convertido en uno de los ejes de la sociedad. Solo hace falta observar el tipo de comportamientos que muchos padres asumen de sus hijos, la forma de vestir, especialmente las chicas, los programas de televisión, aunque lo más significativo seguramente sea el tipo oficial, de educación sexual que se imparte en las escuelas que se resume en un punto: como mantener relaciones sexuales sin riesgo de embarazo. ¡Qué desastre, que inmenso desastre! 

Después, el feminismo de género criticará, hasta conseguir su supresión, a las azafatas que acompañaban a los corredores de “Formula 1” en sus recorridos hasta los coches y en el reparto de premios, pero al mismo tiempo vierten improperios contra quien sostiene que es necesaria una mejor mesura en el vestir de determinadas chicas. Y esto es así porque la ética desvinculadaes por su propia ontología híper individualista, necesariamente fragmentada, y esa atomización y subjetivismo conduce a formulaciones necesariamente contradictorias, como la de censurar la forma de vestir femenina según y cómo.

En este contexto, donde el sexo es solo objeto de la pasión del deseo y es asumido en estos términos, no puede extrañar que se produzcan atroces casos de violencia sexual cuyos protagonistas son adolescentes. Ocurrió con otros protagonistas con niñas, ha ocurrido ahora con un niño de nueve años por otros cuatro que tienen edades entre 12 y 14 años. 

Que además por su edad son inimputables. No es natural, no es normal, no es resultado de algo innato. Los chicos de edades tan tempranas sí pueden ser maleducados, y demasiados lo son, serán violentos, reaccionarán irritados a la frustración, pero difícilmente violarán a una niña, y menos todavía sodomizarán a un pequeño. Para eso se necesita un entorno propicio que los haya mentalizado, directa o indirectamente.

Se necesita de familias que hayan dimitido en la educación de sus hijos y que sean incapaces de formar su carácter en valores morales. Es la demostración del error palpable de nuestro sistema educativo, inhábil en contribuir a formar integralmente a la persona, y a situar en esta integralidad la dimensión sexual, la responsabilidad que comporta y su articulación con la maduración personal que acompaña a la edad. 

Significa, y eso es terrible, la consecuencia obvia de la separación radical entre sexo y amor, a la que nuestra sociedad, la de la desvinculación, ha apostado con fuerza ciega. Pero quien siembra tormentas recoge tempestades, y esa tempestad del sexo, de violencia sexual, es la que ahora se está recogiendo. Es el fracaso de la sociedad española, porque también es la comunidad quien educa, y a la cabeza de ella los políticos, los progres sexuales de Podemos, PSOE y Ciudadanos, y también del PP porque sin ser protagonista vive instalado a remolque dentro de esta cultura, porque carece del valor moral y político necesario para presentar una alternativa; seguramente la desconoce.

Es también el resultado de ningunear la cultura, la moral católica, de desacreditarla mofándose de ella, sustituyéndola por la nada moral. La Iglesia ya anunció y reitero las graves consecuencias que comporta la separación entre sexo y amor

El primero contiene una fuerte carga de concupiscencia, es decir, de satisfacción del yo sobre el tú. El amor tiene en la donación una de sus características necesarias, la entrega, el compromiso, el vínculo, en definitiva, que uno siente hacia el otro y al que se supedita. Juntos, el ser humano, hombre y mujer, florecen y pueden intuir el cielo en la tierra; separados, el sexo instigado por todos los estímulos convierte la vida de los demás y la propia en un infierno

Ahora el carnaval muestra en muchas poblaciones la miseria moral que anida en la visión que poseen del sexo humano, que no es tanto una proyección de su animalidad, del instinto, sino de su exacerbación cultural por todos los medios posibles.

Los expertos anuncian no solo la abundancia de casos, sino la tendencia a que además los implicados son cada vez más jóvenes

En este contexto, ¿a quién le puede extrañar que Oxfam sufra un escándalo sexual de grandes proporciones? En nombre de la solidaridad mueve centenares de millones en países empobrecidos, y entonces la tentación es obvia, como lo demuestra el caso que ahora airean los medios de comunicación.

Un buen grupo de sus miembros destacados en Haití teóricamente para prestar ayuda, encabezados por su responsable, se convirtió en la práctica para organizar orgías en la “casa de putas”, para utilizar la misma descripción que el The Times, con mujeres, muchas de ellas menores. El suceso ocurrió en el 2011 y fue debidamente tapado por la organización, y ha explotado ahora. ¿Cuántos casos más hay en los que la plutocracia de determinadas ONG, pobladas de ciudadanos que desconocen la virtud, porque así han sido educados, abusan de las mujeres locales?, ¿cuántos hay en las organizaciones de Naciones Unidas que incurran en prácticas parecidas? 

Por cierto, nos gustaría escuchar la voz de Intermón sobre esta cuestión, su juicio y las medidas que propone. Por algo forma parte de Oxfam desde 1999. Si calla será un ejercicio de hipocresía que difícilmente serás compatible con su credibilidad.

Nuestra política pública, escuelas, familias, cultura colectiva, han rechazado educar en las virtudes, las únicas que pueden salvarnos. Y es que ellas poseen una fuerza enorme. Un reciente libro publicado en castellano nos refiere su fuerza. Se trata de las “Catedrales del Cielo”, que narra la historia de la tribu de los Mohawk, los montadores de acero de los grandes rascacielos de Nueva York, la elite de los ironman. 

La leyenda urbana dice de ellos que su pisada a centenares de metros y por el escueto espacio de las vigas de acero, es tan segura como la de “las cabras montesas”, porque carecían de vértigo. La realidad es mucho más prosaica. Los jóvenes de esta tribu -que acudieron masivamente a ayudar en el atentado del 11 de septiembre en la Torres Gemelas, respondiendo a la llamada de sus ancianos, porque “habían destruido “sus torres”-, son educados de siempre en la virtud del coraje físico y moral, del valor, y ese trabajo, colgados en lo alto, les permite ejercerlo. Eso e inscribirse en las fuerzas especiales del ejército, es la forma de responder en nuestros días a su tradición virtuosa.

No necesitamos ciudadanos que se encaramen por difíciles construcciones, sino que se respeten y respeten, y sepan porqué lo hacen, que controlen el sexo, en lugar de ser su juguete. En definitiva, que posean las virtudes de la templanza y la fortaleza, o si lo prefieren en otros términos, del autocontrol. 

El PP está muerto y Ciudadanos… ¿Es una burbuja?

Cristina Seguí
OK Diario


Rajoy baila Mi Gran Noche en un bodorrio de Murcia y, sin darse cuenta, se hace viral. No él, sino la genial metáfora en la que se sustancia el Partido Popular. La del partido de Gobierno renqueando como un boxeador sonado. 

Mientras Ciudadanos vuelve a recibir el valioso obsequio de la presunción de la madurez política y el oro en las demoscopias. La segunda oportunidad para un partido que, después de una década de vida, ha querido encarnar demasiadas cosas: a Suárez, al rescate de Pedro Sánchez y al remake patrio de Macron. 

Hasta la encarnación de aquella frase meliflua que coronaba su sede de Alcalá en 2015. Aquella “idea poderosa e imparable a la que le había llegado su momento”. Entonces, el CIS otorgaba a Rivera el puesto de ama de llaves de Moncloa, y su momento no llegó, desparramando su previsión de 73 escaños en la insuficiencia de 40. 

En 2016 su irrupción en el Congreso descendió dramáticamente hasta los 32 con una pérdida de más de 300.000 votos. Ahora, Inés Arrimadas ha vuelto a catapultarle hasta el sillón del Gobierno de España en el imaginario y en el consenso de las rotativas.

El peligro ahora es que Ciudadanos esté convirtiéndose en una burbuja especulativa inflada por PRISA y los politólogos. Un fenómeno producido por el entusiasmo desbordante del 21D, el mercado y la coyuntura política y social en una subida descontrolada como un activo cada vez más alejado del valor real o intrínseco de Rivera. 

El riesgo es, de nuevo, que el valor del proyecto alcance niveles absurdamente altos y que la burbuja acabe estallando. Puede ocurrir mientras fuera de Cataluña su principal combustible siga siendo la permanencia de Mariano Rajoy que, a pesar de su supervivencia paliativa, ha resucitado a demasiadas muertes consumadas y firmadas por la opinión pública. 

La realidad es que el PP no puede seguir postergando más su renovación y que, más allá de Arrimadas, Ciudadanos no ha demostrado nada excepto una incapacidad total de correr el mínimo riesgo por aquellos que les han votado ejercida a través de una cobarde obsesión por la abstención y una extrema pericia en el arte de la abstracción discursiva e ideológica.

Ahora, el objetivo prioritario de Rivera es Madrid y la Comunidad Valenciana, donde, de forma asombrosa, la demoscopia le llega a vaticinar hasta la gobernabilidad en solitario. Permítanme que lo dude. A pesar de que Cifuentes no representa en modo alguno la iniciativa promercado y el respeto a la libertad individual, la Comunidad de Madrid sigue liderando el ranking de la más baja fiscalidad del país gracias a los años de gestión de Aguirre, de modo que pretender competir con el PP en ese terreno con Ignacio Aguado es como apostar por La Chiki para quitarle el puesto de Pichichi a Leo Messi. 

Aguado es un socialista en el que el liberalismo ha de presuponérsele en el bronceado y su blanqueamiento dental de barítono de festival de Benidorm. Su sesgo intervencionista fue explícitamente reconocido el día en el que el representante de los naranjas de la Asamblea de Madrid atacó abiertamente las bondades de la bonificación del impuesto de sucesiones.

En Valencia, Ciudadanos está muerto. Sus intervenciones en los plenos frente a Ribó tienen el mismo torrente de emoción que un párroco dando las últimas exequias. Ha llegado a votar a favor de la nueva televisión pública nacionalista de Puig y Oltra cuya directora ha defendido el derecho a decidir. Su portavoz y previsible candidato para las municipales encabezó una manifestación nacionalista el 18N y en la actualidad se enfrenta a la dimisión de uno de sus concejales. 

Su grupo municipal está devastado y es incapaz de capitalizar la ruina crediticia del Partido Popular. Podemos se confirma ya como la joven promesa del fracaso. El PP únicamente tendrá futuro si antes es voluntariamente desmantelado, pero, de momento, Ciudadanos no es más que ese deseo íntimo de aquello en lo que nos gustaría que se convirtiera. Por eso se lo presuponemos, aunque no sea más que una burbuja que representa lo más penalizado en política: la sombra de la duda. Créanme, ojalá no lo fuera.

Francia ha vuelto; España se fue hace tiempo

Jesús Cacho
Voz Pópuli


“Un aspecto clave del cambio cultural que planteo para Francia es la aproximación al riesgo. Siempre dije que en Francia estaba prohibido fracasar, como también estaba prohibido tener éxito. Hoy debería ser más fácil equivocarse y asumir riesgos. 

Para reducir el coste del fracaso y hacer posible que la gente vuelva a empezar, para facilitar el éxito, para alentarlo, debemos tener otra relación con el emprendimiento. El que arriesga debe ser recompensado, y quien falla debe poder hacerlo sin verse condenado para siempre al fracaso. Este es el cambio de cultura que debemos instalar en Francia, porque esta es una nación de emprendedores, de gente que ama el riesgo”.

Es parte del largo discurso pronunciado hace escasas fechas por Emmanuel Macron en Davos, un discurso cargado de no pocas lecturas para España.

Tras admitir que Francia se ha visto seriamente afectada por los cambios estructurales provocados por la globalización, el político galo pasó revista a los retos que afronta su país: “nuestra responsabilidad es construir una Francia próspera, abierta al mundo y al mismo tiempo capaz de reconocer, aceptar e integrar a los excluidos por la globalización. 

El diagnóstico es claro: Francia está obligada a ser más competitiva e innovadora para poder dar respuesta a las aspiraciones de sus gentes”. La estrategia hacia el futuro de Macron descansa sobre 5 pilares:

En primer lugar, el capital humano. La educación. “Necesitamos menos brazos y más cerebro, más personas educadas, hombres y mujeres capaces de adaptarse al cambio, preparados para el cambio. Lo cual pasa por una reforma integral del sistema educativo, así como de las normas de acceso a la universidad. La universidad, pero también la formación profesional. No se trata de proteger a la gente del cambio, sino de ayudarle a afrontar ese cambio. Vamos a invertir fuerte en educación y aprendizaje, utilizando mejor los recursos disponibles, prestando especial atención a la investigación y el desarrollo, fortaleciendo los incentivos fiscales en curso y creando un fondo de 10.000 millones para financiar nuevos programas de I+D”.

El segundo pilar del programa tiene que ver con la inversión y el capital. “En una economía basada en la innovación y la especialización, es importante contar con un sistema financiero competitivo como el francés capaz de servir de ariete del crecimiento. Necesitamos más capital dispuesto a asumir riesgos y ser invertido en la financiación de grandes proyectos, lo cual requiere reorientar el ahorro de los franceses en esa dirección. Se han adoptado ya medidas concretas para reducir la carga impositiva que soportan las empresas, incluso vía costes laborales, incluso vía rentas del capital, con el objetivo de acelerar la recuperación y ser más competitivos”.
El tercer pivote del programa versa sobre la flexibilidad. “Las estructuras laborales deben ser mucho más flexibles para ayudar a las empresas, desde las más grandes a las start-ups, a adaptarse al nuevo entorno competitivo. El pasado verano adoptamos una reforma muy importante del mercado de trabajo cuyo principal objetivo es alinear Francia con Alemania y el norte de Europa: menos reglas definidas por ley y muchas más decisiones adoptadas por consenso, tanto a nivel de empresas como de sectores. La reforma laboral nos hace más productivos y competitivos”. Todo ello unido a una serie de reformas -vivienda, energía, transporte- para recudir costes, mejorar la competitividad y dotar a la economía gala de una mayor capacidad de respuesta”.

El cuarto pilar se centra en la lucha contra el cambio climático. Con un Trump recluido en los cuarteles del negacionismo, Macron se presenta al mundo como el campeón de la lucha contra el cambio climático, convencido de que “esa lucha no solo no perjudica a la competitividad de Francia y sus empresas, sino que la favorece. Entre otras cosas, porque debemos atraer talento, y los talentos vendrán donde la vida sea más fácil y agradable”. Aceleración de esa estrategia, centrada en la lucha contra las emisiones de CO2.

El quinto y último punto tiene que ver con un fundamental “cambio cultural” que propone a los franceses. “Francia es famosa por sus farragosas regulaciones y su muy complicada legislación tributaria. Necesitamos reducir la burocracia y simplificar nuestra maraña administrativa. En los últimos meses hemos dado pasos decididos en esa dirección aprobando leyes que van a cambiar la relación de la Administración con las personas, tanto físicas como jurídicas. Debemos garantizar un marco normativo estable a los empresarios, los inversores y los simples ciudadanos. Hemos adoptado una estrategia fiscal a 5 años que no se va a cambiar en ese tiempo, lo cual dará seguridad a todos a la hora de tomar sus decisiones de inversión”.

Francia está de regreso al centro de Europa
“Mi mensaje es que Francia ha vuelto, Francia está de regreso al centro de Europa, convencida al tiempo de que su éxito estará siempre ligado al éxito de Europa, al éxito del proyecto de UE”. Todas las reformas galas tienen su contraparte en una estrategia de reformas europea, tendentes a la refundación de Europa. 

“En este 2018 tendremos que elaborar una estrategia a 10 años para Europa, capaz de construir una UE dispuesta a jugar un rol de protagonista, al nivel de Estados Unidos y China, en este mundo globalizado. Hacer realidad un poder europeo que abarque desde lo económico hasta lo político, pasando por lo social, lo verde, lo científico… No soy un ingenuo y sé que nunca vamos a construir algo que satisfaga por igual a los 27 miembros de la Unión; habrá que contar con todos de inicio, aunque teniendo claro que la UE necesita dotarse de una vanguardia de países dispuesta a hacer realidad esos objetivos, y el que no quiera deberá apartarse…”
He ahí un discurso en toda regla (drásticamente resumido); el discurso de un líder con visión de futuro capaz de embarcar a su país en un proyecto a medio y largo plazo. Francia ha vuelto. España se ha ido. En realidad se fue hace tiempo. Emprendió el camino en 2008 con el estallido de la burbuja, y terminó de irse en las elecciones generales de diciembre de 2015 que supusieron la muerte del bipartidismo y que han hecho muy difícil, por no decir imposible, la formación de Gobierno. 

Mariano Rajoy sigue llevando la manija en plan reina Regente, pero su papel se reduce a ver romper las olas sobre la playa de un país paralizado, país ensimismado, perdido en la niebla, si bien convulsionado, enorme paradoja, por colosales fuerzas centrífugas que amenazan su unidad y amagan destrucción. 

Las clases medias nucleadas en torno al centro político siguen expectantes. Los más clarividentes de entre los urbanitas se han pasado ya en masa a Ciudadanos, pero la gaviota resiste electoralmente sobrevolando el vertedero en el que se alimenta del miedo a la incertidumbre de la España rural, la España de nuestros mayores, la España que se intuye y se teme en un callejón sin salida.

República, y aun antes de la República, hay una lengua oficial y es el francés”, aseguró sin titubear un Macron que, no obstante, se comprometió en la promoción de la lengua corsa. El artículo primero de la Constitución proclama que la República es “indivisible”, mientras el segundo sostiene que "la lengua de la República es el francés”, y la Francia republicana y jacobina no está dispuesta a reconocer particularismos regionales, ni a ceder poder a los grupos de presión locales. 

Y al que no le guste, carretera y manta. Macron terminó su discurso en Bastia con un “¡Vive la República! ¡Viva Francia!”. Coronando el escenario, cinco banderas de la UE y cinco francesas. Ni una palabra en corso, ni una bandera corsa. Ni un complejo.

Se extiende al ejemplo del golpismo catalán
Contra lo que pudiera imaginar un extraterrestre caído sobre la piel de toro, los golpistas catalanes no solo no se han apeado del burro sino que siguen en sus trece y, lo que es peor, parece que su ejemplo se expande. El PNV, socio del Gobierno a la hora de aprobar los PGE de 2017 y posiblemente los de 2018, acaba de anunciar su intención de actualizar el estatuto de Guernika para incluir en el mismo el “derecho a decidir”, es decir, la posibilidad de romper con España. 

En Asturias, el PSOE regional quiere hacer del bable lengua oficial, y en Aragón ocurre otro tanto con un dialecto local que llaman “aragonés” y que al parecer hablan 25.000 personas. 

En la Comunidad Valenciana, la coalición de socialistas con podemitas varios avanza aceleradamente hacia la inmersión lingüística con el catalán por bandera, mientras, en Baleares, el Govern regional impone a los médicos hablar catalán como condición para ocupar plaza en un hospital. 

No se trata de discriminar el catalán, una lengua hermosa con una valiosa producción literaria, sino de no discriminar a la que hablan todos los españoles. España es, de hecho, el único país del mundo civilizado donde un estudiante no puede estudiar en su idioma materno en grandes zonas del mismo. Mientras esto ocurre, el Gobierno Rajoy mira hacia otro lado y consiente. Se trata de gobernar un año más.

Mariano solo habla de Economía. De economía habló el jueves, en la última de sus apariciones públicas, el foro de ABC. De generalidades pedestres sobre la recuperación. Sobre el barbecho de esta pobre patria esquilmada de ideas, las palabras de Mariano rebotan como gaseosas pelotas de goma. 

Ni una idea capaz de levantar el ánimo de una nación que pugna por sacar la cabeza sobre la espuma de tanta mediocridad. Este se ha convertido en un país enemigo de la empresa, negado para el emprendimiento. El propio Gobierno concibe las empresas como abrevadero de fondos susceptibles de ser esquilmados. 

Un zafio y pedestre discurso sobre la igualdad lo inunda todo, sin que se logre oír una voz que recuerde que para repartir riqueza hay que crearla primero. Fundar una pyme en España es exponerse a todo tipo de arbitrariedades fiscales y sindicales. Dar empleo hoy en España es propio de masoquistas. 

Y ello con un Gobierno dizque de derechas emocionalmente más cercano a los tics de la izquierda, incluso de la extrema izquierda, que al mundo de la empresa. 

Macron pretende convertirse en el líder de una UE dispuesta a pelear el liderazgo global con China y USA. El mundo camina aceleradamente a nuestro alrededor, mientras España permanece varada en la cuneta de una carretera de provincias. 

Hay pueblos afortunados y pueblos desgraciados, a quienes los Dioses confunden con liderazgos que unen torpeza y cobardía en dosis adecuadas para resultar letales.

14 febrero 2018

Excusas para una guerra

Santiago Martín
Católicos ON LINE


Dice un viejo refrán que “cuando quieras matar a tu perro debes decir que está rabioso”. O sea, cuando quieras romper con alguien, provócale hasta que salte y entonces te dé una excusa para terminar con él. 

Los Estados lo han hecho así muchas veces a lo largo de la historia: buscaban un “casus belli”, una justificación para empezar una guerra que deseaban, y si no la encontraban la creaban.

Tengo la impresión de que algo así puede estar pasando en la Iglesia. Las cosas que suceden son tan rápidas y disparatadas que, o bien se debe a que los que las provocan ven con angustia que se les acaba el tiempo, o a que están buscando una reacción por parte de los que se sienten ofendidos por ellas.

No es normal que, en una misma semana, por ejemplo, los obispos alemanes se salten la prohibición que en su día les dio el Vaticano de dar certificados que permitan el aborto y, además, afirmen que van a bendecir las uniones homosexuales. 

O que uno de los más próximos colaboradores del Papa Francisco, el argentino monseñor Sánchez Sorondo, diga que en la China es donde mejor se aplica la doctrina social de la Iglesia, mientras que el cardenal Zen, emérito de Hong Kong, denuncia la represión del régimen comunista. 

No es normal que, mientras se está produciendo la mayor tragedia de las últimas décadas en Venezuela -con un millón de refugiados que han cruzado una de los pasos fronterizos con Colombia, el de Cúcuta, tan sólo durante el mes de diciembre- desde el Vaticano no haya una llamada internacional urgente para resolverlo, a la vez que una durísima crítica al régimen dictatorial que está provocando ese éxodo. 

No es normal que se publique en la web de la Pontificia Academia para la Vida un artículo en el que se dice que el uso de la píldora anticonceptiva debería ser permitido, mientras que un numeroso grupo de católicos conversos del Islam escriben una dura carta al Papa en la que dicen sentirse abandonados por la Iglesia.

Como digo, los que provocan estas cosas, o tienen la impresión de que el tiempo para las reformas se les termina -y quizá alguno tenga datos que la mayoría ignora- y quieren aplicar la teoría de los hechos consumados, o están buscando que los que defienden la fidelidad a la Palabra de Dios y a la Tradición se vayan de la Iglesia creando un cisma. O las dos cosas. 

Al principio, cuando empezaron los debates sobre la comunión de los divorciados vueltos a casar, se habló de la posibilidad de un cisma si eso sucedía. Luego, la “Amoris Laetitia” lo dejó en una ambigüedad tal que se podía interpretar en un sentido o en otro. Aquella confusión aún sin resolver ha dado paso a otras cosas, como las que he citado que han ocurrido esta semana. 

Son demasiadas y demasiado juntas. Hay demasiada aceleración, y eso sólo se produce cuando el que conduce ya no lleva el control o cuando se quiere que el coche se salga de la carretera y choque. No sé si se podrá aplicar aquello de Shakespeare de que hay algo podrido en Dinamarca, pero desde luego esto no es normal. Yo no sé por qué, pero seguro que alguien lo sabe, y no me refiero a Dios, que lo sabe todo.

Sólo queda rezar y tener calma. La solución del cisma es muy mala solución, entre otras cosas porque quizá es lo que estén buscando los que están dando golpes al fiel perro guardián para que se enfade y poder decir que está rabioso.

La pollina de Anna

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


La columna de Diana 

Estamos jodidos con estos españoles que nos visitan.

Así se expresa, lisa y llanamente, la periodista venezolana Diana Gámez para referirse en su columna del “Correo del Caroní” a Zapatero y a Anna Gabriel, a ninguno de los cuales tiene intención de invitar a su casa porque los considera portadores de desgracias para su bienamada Venezuela.

Diana les acaba de dedicar una columna de ésas que escuecen, y aunque Zapatero tiene que haber criado concha después de todo lo que habrá leído sobre él, de doña Anna no recordamos otra pieza tan furibunda contra ella, quizá porque en España siempre la vimos como muy poquita cosa.

Diana, como otros muchos compatriotas, están tan quemados, asqueados y desesperados, que sus artículos olvidan cualquier atisbo de corrección política y se transforman en latigazos contra todo lo que suene a favor del régimen.

A una y a otro los ve como colaboradores de Maduro en sus esfuerzos por atornillarse al poder y cuando de eso se habla, Diana no admite equidistancias.

Yo no sé si ella y su medio están pagados por la oposición, solo sé que la columnista se expresa con tanto desparpajo contra los españoles que los visitan, que eso solo puede nacer de un auténtico sentimiento, más cercano a la barriga, que a la cabeza, pero tan real como sufrido.

No vamos a reproducir todas las lindezas que la periodista le dedica a la catalana, ni las reflexiones que le sugiere su presencia en Venezuela. Con lo dicho anteriormente el lector puede imaginárselas.

Solo un detalle. Es cuando se refiere a su indescriptible pollina, “cortada con una tijera amellada para completar el aspecto guarro y desaliñado que exhibe como si fuera un trofeo”. Como sabrán, por allá dicen pollina al flequillo.

¿Pero a quién le importa la libertad de pensamiento?

Francisco José Contreras
QVEREMOS


Cayó la cruz de Callosa de Segura, que no era, como repite TVE, un “monumento franquista”, pues carecía de referencias políticas y se limitaba a honrar la memoria de 81 personas asesinadas por ser católicas. 

Pero es que con ella puede estar cayendo también, entre el acoso militante de los unos y la pasividad cobarde de los otros, algo más importante: la libertad de opinión y expresión en España, al menos en ciertos temas. Enumeremos solo algunos hechos, entresacados de la más reciente actualidad.

– Con el apoyo de toda la izquierda y los nacionalistas, la lamentable abstención de Ciudadanos y el solo voto negativo del PP, el Congreso admitió a trámite el 22 de diciembre una Proposición de Ley del PSOE cuya finalidad es dar un giro definitivamente totalitario a la ya de por sí vergonzosa Ley de Memoria Histórica de 2007, que el PP no tuvo a bien derogar en sus cuatro años de mayoría absoluta. 

El proyecto de ley prevé completar (art. 24) la retirada de los monumentos y calles dedicados a “los protagonistas de la sublevación militar, de la Guerra Civil española y de la represión de la Dictadura”, pero no, faltaría más, de los que honran a dirigentes del bando republicano responsables por acción u omisión de crímenes masivos, como Santiago Carrillo, Francisco Largo Caballero o Lluis Companys

En su art. 33 instituye un día –el 31 de Octubre- de “recuerdo y homenaje a las víctimas del golpe militar y la Dictadura”, pero no a las de las milicias y chekas del Frente Popular (por cierto, tampoco le parecen al PSOE dignos de conmemoración –como bien ha observado Elentir– los no pocos izquierdistas caídos en episodios de represión interrepublicana, como el dirigente del POUM Andrés Nin, desollado vivo por agentes soviéticos).

La ley de Zapatero ya había instituido esta “memoria” hemipléjica y maniquea. Pero el nuevo proyecto asesta la postrera vuelta de tuerca orwelliana: nada menos que una “Comisión de la Verdad” (art. 6) que, como en los regímenes totalitarios, reescribirá el pasado y definirá una versión oficial de la historia del periodo 1931-75, sustrayéndola así al libre debate entre historiadores independientes. 

Y ese dogma histórico será impuesto con multas y hasta penas de cárcel: quien “justifique el franquismo” puede ser reo de dos años de prisión, según la Disposición Adicional segunda. Se amenaza también con la cárcel a “quienes públicamente fomenten […] el odio, hostilidad, discriminación […] contra las víctimas del franquismo”

Como ocurre en otros asuntos, el peligrosamente subjetivo concepto de “odio” es usado como coartada para la imposición de un pensamiento único. ¿Quién define los límites del “odio” o la “discriminación”? ¿Incita al odio quien demuestre que Santiago Carrillo –una “víctima del franquismo”- tuvo responsabilidad en las matanzas de Paracuellos? ¿Quemarán en piras los libros de Pío Moa, Ricardo de la Cierva o Stanley Payne?

Sí, el antifranquismo retrospectivo es el clavo ardiendo al que se agarra la izquierda cada vez que se ve sin argumentos y sin programa: recurrió a él cuando la mayoría absoluta de Aznar y el boom económico de los primeros 2000 parecían augurar una larga hegemonía del centro-derecha, y vuelve a hacerlo ahora, cuando la suma de PSOE y Unidos Podemos no llega ni al 40% en las encuestas. No faltarán miopes en PP y C’s que se froten las manos: “cuando sacan a pasear a Franco es que están en las últimas, je, je”.

Pero las leyes de Memoria Histórica –además de resultar inaceptables por su tergiversación de los hechos y su incompatibilidad con la libertad de investigación y expresión- buscan la institucionalización irreversible de la hegemonía cultural y superioridad moral de la izquierda. 

¿Han reparado los apparatchiks de PP y C’s en que de lo que se trata es de presentar a la derecha como intrínsecamente siniestra y antidemocrática? Al regalar a la izquierda el monopolio de la interpretación del periodo 1931-75, la derecha asume dócilmente el papel del villano de pelo engominado, merecedor de asco y desconfianza, por eficaz que pueda ser su gestión.

Los apparatchiks deberían saber que todo ello tiene consecuencias electorales. No son las más importantes, pero sí las únicas que les importan a ellos.

Y no, no se trata de reivindicar el franquismo sin más. Entre la reivindicación incondicional y la película gore de la demagogia izquierdista caben muchas posturas intermedias. La Guerra Civil no fue “un golpe de Estado fascista” de cuatro obispos y generalotes contra un impecable gobierno democrático, sino el trágico enfrentamiento entre la media España católica y conservadora (que “se resistía a morir”, en palabras del democristiano Gil Robles, y abjuró de una democracia precaria, desacreditada por una izquierda que se había levantado en armas en octubre de 1934 contra la victoria de las derechas y manipulado los resultados electorales en febrero de 1936) y la identificada con un Frente Popular cada vez más radicalizado, en el que los demócratas eran la excepción.

El régimen de Franco fue una dictadura que practicó una dura represión en sus primeros años, pero evolucionó a partir de 1945 hacia una tecnocracia bastante desideologizada, con relativa libertad académica y de expresión (inferior a la de las democracias pero superior a la de los Estados totalitarios), un grado no despreciable de apoyo popular y cotas brillantes de crecimiento económico en el periodo 1959-75. 

También erradicó el analfabetismo y puso las bases del Estado del Bienestar. Afirmar esto no es ser fascista, ni desear el restablecimiento de un régimen similar. Al renunciar a un relato matizado de este tipo –al renunciar a todo relato- la derecha convirtió a la izquierda desde la Transición en árbitro moral de la historia.

-Se ha desatado la previsible caza de brujas contra María Elósegui, designada como representante española en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Su pecado es haberse opuesto a la consideración jurídica de las uniones homosexuales como matrimonio y haber defendido herejías como que “la fidelidad es un valor muy importante para la pareja”, que “la conducta homosexual es más promiscua y compulsiva”, lo cual implica riesgos sanitarios importantes, o que la solución razonable para las personas afectadas por “disforia de género” no es la mutilación genital (“cirugía de reasignación de sexo”), sino la terapia psicológica.

El acoso a Elósegui –cuyo desenlace final está por ver, pero que cuenta con el inquietante precedente del caso Buttiglione, a quien se impidió incorporarse a la Comisión Europea por sus opiniones sobre la homosexualidad- confirma que las muy discutibles tesis del lobby LGTB han llegado a convertirse en una especie de religión oficial que todos deben acatar, so pena de muerte civil.

Quien esto escribe considera muy razonables las opiniones de Elósegui (y, desde luego, nunca pretendería la muerte civil de quienes piensen lo contrario). El matrimonio es una institución mediante la que el Derecho promueve la formación y larga duración de parejas hombre-mujer para que puedan engendrar y educar a la siguiente generación; la definición heterosexual del matrimonio no implicaba “discriminación homófoba”, sino que era consecuencia natural del hecho de que el matrimonio fue inventado para facilitar la reproducción de la especie. 

Que la fidelidad es esencial para la estabilidad de una pareja es algo que comprobamos casi todos en nuestra experiencia personal, y que además es confirmado por estudios que indican que la infidelidad es la más habitual causa de divorcio a nivel mundial. Y que la fidelidad es más infrecuente en las parejas homosexuales que en las heterosexuales es una verdad sociológica que ya casi nadie se atreve a recordar, pero que está acreditada por múltiples investigaciones. 

Por ejemplo, el estudio The Male Couple (1990), de David McWhirter y Andrew Mattison, encontró que solo siete de las 156 parejas homosexuales encuestadas había mantenido la fidelidad sexual a lo largo de un periodo de un año, y ninguna al cabo de un periodo de cinco años. Parecidos resultados pueden encontrarse en T.J. Dailey, “Comparing the Lifestyles of Homosexual Couples to Married Couples”, Cultural Legacy, 2012.

Y esa mayor promiscuidad tiene consecuencias sanitarias. Numerosos estudios hasta los años 90 (por ejemplo, Steven D. Wexner, “Sexually Transmitted Diseases of the Colon, Rectum, and Anus: The Challenge of the Nineties”, Disease of the Colon and Rectum, Vol. 33, n. 12, December 1990, pp. 1048-1062) informaban sin ambages sobre la incidencia notablemente más alta de enfermedades como la gonorrea, la sífilis, la clamidia, el cáncer rectal, la hepatitis o, por supuesto, el SIDA entre los hombres que practican sexo con otros hombres. 

Esas investigaciones escasean en los últimos veinte años (aunque todavía surge alguna, como Conron, K.J., Mimiaga, M.J., & Landers, S.J. (2008), A health profile of Massachusetts adults by sexual orientation identity, un estudio basado en el análisis de los datos sanitarios de más de 38.000 personas, que afirmaba los mayores riesgos y menor esperanza media de vida entre los homosexuales activos). 

¿Es que, milagrosamente, la práctica homosexual ha dejado de tener las consecuencias sanitarias que tenía antes, o es más bien que la nueva ortodoxia ideológica ejerce su presión intimidatoria incluso sobre la profesión médica, disuadiéndola de investigar y comparar según qué cosas?

En cuanto a la transexualidad, si, como afirma el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría), la “disforia de género” desaparece de manera natural en la pubertad en un alto porcentaje de casos (entre un 70% y un 98.2% en los nacidos varones, y entre un 50% y el 88% en las nacidas como mujeres), parece razonable permitir que la descarga hormonal de la adolescencia reconcilie al individuo con su sexo biológico, en lugar de impedirla con bloqueadores y terminar mutilando un cuerpo sano, al que habrá que “engañar” hasta la muerte con dosis masivas de hormonas del sexo opuesto.

-La Proposición de Ley 122/000097 “Contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género”, etc. (las leyes LGTB tienen títulos de ampulosidad venezolana, acorde con su contenido), presentada en mayo y admitida a trámite en septiembre de 2017 (con el voto afirmativo, no sólo de la izquierda, sino también de Ciudadanos), pondrá todo el aparato del Estado al servicio de la intimidación mediática y social que padecen ya personas como María Elósegui o Alicia Rubio. 

Su delirante articulado incluye medidas como la autorización a los niños de 16 años de someterse a cirugía de cambio de sexo sin permiso de sus padres (art. 20.2); la formación permanente del personal sanitario “en materia de diversidad sexual y de género, diversidad familiar y necesidades específicas de las personas LGTBI” (art. 16); la prohibición de “las terapias que pretendan revertir la orientación sexual de la persona, aún con el consentimiento de la misma o de sus representantes legales” (o sea, el homosexual que desee cambiar su inclinación ya no podrá contar con apoyo psicoterapéutico para ello: sin embargo, el estudio clásico de Masters & Johnson sobre sexualidad humana acreditaba un porcentaje de éxito del 65% en tales terapias); “la formación permanente de todo el profesorado [en materias LGTBI]” (art. 40.2); “el decomiso y destrucción, borrado o inutilización de libros, archivos, documentos, artículos y cualquier clase de soporte objeto de las infracciones administrativas contempladas en la presente Ley” (art. 95.4): una vez más, con la excusa de perseguir “el discurso del odio” o la “incitación a la discriminación”, se abre la puerta a la persecución de cualquier opinión discrepante, tarea para la que incluso se instituirá una autoridad administrativa especial, verdadero Santo Oficio de la nueva religión LGTB.

La Guerra Civil, el franquismo, la definición del matrimonio y el modelo de familia, las patologías asociadas a la sodomía, la terapia adecuada para la disforia de género…: cuestiones jugosas y complejas sobre las que se debería poder debatir libremente en una sociedad abierta. En lugar de eso, nos deslizamos rápidamente, entre la indiferencia general, hacia un dogmatismo de Estado asfixiante y grotesco.

Las revoluciones imaginarias

Pío Moa
Dichos, Actos y Hechos


Las revoluciones imaginarias. Los cambios políticos en la España contemporánea. José Miguel Ortí Bordás, ediciones Encuentro

"En contra de lo que en ocasiones  equivocadamente se ha manifestado, el fenómeno revolucionario es un fenómeno rigurosamente impredecible. Nadie es capaz de adivinarlo, de anticiparlo o de pronosticarlo. Por muchos y muy fuertes que sean los síntomas que al respecto aparezcan en la etapa prerrevolucionaria  (…) 

"Dicho de otro modo, la revolución no se anuncia: prorrumpe, simplemente. adamente se ha manifestado, el fenómeno revolucionario es un fenómeno rigurosamente impredecible. Nadie es capaz de adivinarlo, de anticiparlo o de pronosticarlo. Por muchos y muy fuertes que sean los síntomas que al respecto aparezcan en la etapa prerrevolucionaria  (…) Dicho de otro modo, la revolución no se anuncia: prorrumpe, simplemente.

"Por otra parte, nadie ni nada es capaz de controlar realmente el proceso revolucionario una vez que este se ha puesto en marcha. Pese a no ser lineal y pese a mostrarse las más de las veces como caótica e incongruente en su desarrollo, la revolución tiene su particular dinámica interna e impone a todos su propio interés y su propia voluntad. 


"Se desencadena por sí misma y en la forma que ella misma dispone, con independencia la mayoría de las veces de la intención, de los deseos y de los proyectos de los movimientos revolucionarios y de sus dirigentes, por muy preparados que estos estén, por perfilada que sea su estrategia y por abundantes que sean sus conocimientos teóricos (…)

"Hay que señalar, además, que las revoluciones clásicas afectaron todas ellas al régimen de propiedad. Tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, tanto en Francia como en Rusia, se procedió rápidamente a una más o menos amplia confiscación de la tierra, de la que, como es de presumir, se derivaron sustanciales ventajas patrimoniales para los revolucionarios, como Crane Brinton afirma”. 

"En la mayoría de los casos se observa también que el triunfo de la revolución conlleva no solo un mayor sino también un mucho más intenso grado de centralización en la organización territorial del Estado”.


"Por otra parte, nadie ni nada es capaz de controlar realmente el proceso revolucionario una vez que este se ha puesto en marcha. Pese a no ser lineal y pese a mostrarse las más de las veces como caótica e incongruente en su desarrollo, la revolución tiene su particular dinámica interna e impone a todos su propio interés y su propia voluntad. Se desencadena por sí misma y en la forma que ella misma dispone, con independencia la mayoría de las veces de la intención, de los deseos y de los proyectos de los movimientos revolucionarios y de sus dirigentes, por muy preparados que estos estén, por perfilada que sea su estrategia y por abundantes que sean sus conocimientos teóricos (…)


Con estos rasgos no es de extrañar que el autor señale que no se ha producido ninguna revolución real en España en los siglos XIX y XX, a cuyo efecto examina las llamadas revoluciones de 1820 y 1868. La primera solo lo fue en la medida en que garantizó el hundimiento de casi todo el Imperio español, pero, como observa Ortí, los “revolucionarios” no solo respetaron al rey, sino que declararon su intención de ser lo menos revolucionarios y lo más respetuosos posible con el orden establecido. 

El golpe de Riego dio lugar a un trienio un tanto demencial terminado con una vuelta al orden por imposición de un ejército extranjero, que en esta ocasión no vieron como enemigo la mayoría de los españoles. La de 1868 sí considera Ortí, acertadamente, que fue una revolución política, si bien fracasada por su deficiencia social. Muy ligada a la figura de Prim, el asesinato de este la terminó, despeñándose poco después por la I República, aún más demencial que el trienio.

Quizá habría que decir que, por lo común, los revolucionarios estaban enfermos de retórica y solo tenían “clara” una cosa: la eliminación de la Iglesia de la política y, en lo posible, de la sociedad española, tal como había ocurrido con la revolución francesa –aunque no en Inglaterra con la anglicana–. Una revolución a un tiempo culminada y abortada en la I República.
Como hilo conductor de su ensayo, Ortí Bordás recoge la definición de Ortega sobre España como un país no revolucionario, como queda expuesto, tardígrado (es decir, de movimiento políticos muy lentos), y constitutivamente gubernamental.

El carácter tardígrado queda descrito así: Es un pueblo que no reacciona con prontitud o no reacciona en absoluto ante las incitaciones. Las invitaciones que objetivamente le hace la historia para cambiar no las atiende con la presteza debida (…) Carece de capacidad de movilización. No reaccionó ante la incitación política que, a principios del XIX, supuso la pérdida de legitimidad de ejercicio de la monarquía, si tan siquiera hizo frente a la enorme e irrepetible conmoción histórica que objetivamente representó la emancipación de América. 

No reaccionó políticamente ante el desastre del 98 ni frente al expediente dictatorial al que la Primera Restauración recurrió en los años veinte del pasado siglo. No reaccionó tampoco ante el estímulo que constituyó la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, ni tan siquiera frente al declive tanto físico como político del general Franco y, con él, del franquismo.

Creo que todo esto es muy discutible. Cada país tiene su ritmo histórico. Si lo comparamos con el francés, este ha sido mucho más “reactivo”, aunque no siempre. Una reactividad poco envidiable si tenemos en cuenta cosas como la tremenda brutalidad de la Revolución francesa y de las guerras napoleónicas que siguieron. Precisamente la invasión del “reactivo” pueblo francés dejó a España agotada, casi en ruinas, con inminente pérdida del imperio y dividida internamente con propensión a guerras civiles y pronunciamientos. 

Su derrota frente a Prusia en 1870 dio lugar a una poco estimable y sangrienta revolución de la Comuna, y a un sistema republicano un tanto despótico y posteriormente a la I Guerra Mundial, de la que España se libró, por suerte. Francia construyó su imperio en el siglo XIX y lo perdió en el XX sin ninguna reacción especial salvo el golpe de De Gaulle. 

Y en el siglo XX volvió a ser vencida con increíble facilidad por Alemania, de nuevo sin reacción especial, pues debió su liberación al ejército useño fundamentalmente. Quizá pueda decirse que Francia o Alemania han sido mucho más “reactivos” que España, pero no estoy seguro de que esas reacciones sean muy deseables. Gracias a la tardigradez, que decía Ortega, España pudo reponerse de las convulsiones republicanas y vivir los cuarenta años más fructíferos de su historia en al menos dos siglos.

Característica del pueblo español sería asimismo la tradicional pasividad antes, en medio e incluso después de cada cambio político (…) El protagonismo de los cambios políticos corresponde inalterablemente a reducidas minorías, instaladas, por si fuera poco y en no pocas ocasiones, en el Poder que se altera o modifica o en sus proximidades y aledaños. 

El diagnóstico es, como antes, muy cierto, aunque tengo la impresión de que ocurre lo mismo en todos los países, por más que “el pueblo” se mueva ocasionalmente como comparsa. Porque además nunca es el pueblo, sino una parte muy pequeña de él, que llena de gente un par de plazas y calles de la capital del país, como llenó la Puerta del Sol al llegar la II República. La pasividad popular puede ser una ventaja en ocasiones de efervescencia demagógica, como ya observaba Julián Marías de la agitación política de los años 60 entre tantos jóvenes y estudiantes de Europa occidental y Usa.

Cita Ortí de Ortega: “Este es el secreto hondo y por demás interesante de los destinos españoles: somos un pueblo sustancialmente gubernamental”, pues, explica el autor, “No nos limitamos a respetar el principio de autoridad, acatar el Poder y obedecer al Gobierno. Ni tan siquiera nos circunscribimos a mostrarnos comprensivos con él y sus decisiones. Nos inclinamos ante el Poder y nos sometemos al Gobierno, cualquiera que este sea y por el solo hecho de serlo (…) Nos comportamos como sujetos pasivos del Poder. 


Esto parece algo excesivo: no hay más que recordar las enormes movilizaciones aún recientes por el Prestige, la guerra de Irak, las complicidades con la ETA… Podríamos decir que las movilizaciones se producen solo contra gobiernos de izquierda, pero también el PSOE sufrió huelgas generales, mientras que el PP lleva mucho tiempo sin apenas oposición callejera. 

Lo que sí es verdad es que hay una gran masa de españoles dispuestos a aceptar cualquier gobierno, incluido el más tiránico, y que apenas se dan cuenta de los peligros que corre la libertad, como ahora mismo por la infame ley de memoria histórica. Es un grave problema porque no se limita a personas de bajo nivel cultural, sino que se encuentra igualmente en políticos profesionales e intelectuales. Apenas ha habido hasta ahora reacciones sobre el nuevo proyecto de ley bolivariana, aunque algo empieza a haber, en gran medida por mi intensa agitación al respecto. Lo digo porque así es.

Ortí Bordás procede de la Falange y del SEU, tan admiradores de Ortega (una admiración que no comparto, desde luego, en cuanto al Ortega ensayista político o histórico, como he explicado muchas veces) . Y suele olvidarse que fue precisamente el Movimiento el que realizó fundamentalmente el paso a la democracia, que de otro modo habría sido imposible. 

Ortí pudo haber sido incluso quien la encabezase, pues llevaba años trabajando en esa dirección. En su opinión fue fundamentalmente un gran logro que dio más protagonismo al pueblo, corrigió la “tardigradez” tradicional y nos integró “en Europa” No obstante, como cita de Julián Marías sobre la Constitución, este no la veía capaz de “despertar el menor entusiasmo” de ningún tipo y temía que los compromisos con que había sido alumbrada “comprometiesen la realidad política de España”, por lo que no tenía reparo alguno en calificarlo como “La gran renuncia”.

En cuanto a la integración en Europa, constata cómo La auténtica mutación (…) es la del rapto cultural por Europa. Nuestra cultura ha sido absorbida por la del Continente (…) Al revés de lo que ha venido aconteciendo hasta hace poco. Recuérdese al respecto la afirmación de que la cultura propiamente española se determina en gran parte por un proceso de asimilación e hispanización de las influencias europeas. Peo ahora (…) nos diluimos y disolvemos en ella (…) Somos integrantes de una sociedad blanca como la europea, sin fibra moral (…) Claudicación y decadencia son las dos palabras clave que la definen”

Esta es otra evidencia, si bien debemos recordar que la cultura europea entra en decadencia profunda después de la II Guerra Mundial y que lo que pasa hoy por cultura europea es más bien un seguidismo de la dinámica y avasalladora cultura useña.

Y rasgo de esta decadencia en España es el resurgimiento de los “demonios familiares”. Bien visible en este mismo momento.
Ortí Bordás es un ex político ensayista que razona sobre lo que ha venido pasando y sobre las perspectivas, nada satisfactorias, de la historia presente. Una excepción en el panorama de políticos mediocres y golfos que hoy nos aqueja. Por mi parte, como he explicado muchas.

13 febrero 2018

Esta guerra es una buena guerra

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA


“Il faut sauver l’espérance. C’est le grand problème de ce siécle" (Jullien Green, Journal, 1975). Es necesario salvar la esperanza; es el mayor problema de este tiempo. 

Llevamos con nosotros, tienen arraigo en los fondos de nuestra vida, las raíces de la esperanza,. Y aunque Albert Camus diga que la esperanza implica o equivale a resignación y que por ello anda lejos del vivir, que es precisamente no resignarse nunca (A. Camus, L’Eté à Argel. Noces), pienso que la esperanza, alguna esperanza, es imprescindible componente de la vida y que, sin ello, vivir es andar muriendo a cada paso. 

Por eso, acepto el recado de J. Green. Hay que salvar, recobrar, ganarse la esperanza para ser humanos positivos y no desesperados. Pero, ¿cómo ha de salvarse, ganarse, recuperarse la esperanza?

Éranse una vez diez doncellas, cinco eran necias y las otras cinco eran sensatas y cuerdas… Llamadas todas ellas a un banquete de bodas, unas entraron y otras se quedaron a la puerta…

La verdad, el relato evangélico de los últimos del pasado año cristiano, parece un cuento, pero no lo es. Uno de esos cuentos que se recitan a los niños para entretenerlos y, de paso, inculcarles alguna moraleja. Sin embargo, bajo las apariencias de cuento, encubre –y también desvela- un drama humano sin par. La imagen de las cinco doncellas llamando en vano a la puerta de acceso al banquete de bodas cobra perfiles de verdadero drama y quizás tragedia.

Dios quiere que todos los hombres se salven, pero Dios no es el “tonto del pueblo” que se chupa el dedo ante las burlas de los vecinos; tampoco es un profesor de matemáticas o de filosofía que teoriza pregonando sabidurías lejanas y extrañas al común de los hombres. Dios sólo es un Dios de amor hacia todo hombre sin excepción, de arriba y de abajo, de la derecha o de la izquierda, los listos y los tontos. 

Pero, claro, es ley primera del amor -no del románico, ni del platónico, ni del de solas palabras, ni del farsante o mentiroso- que al amor se le pague con moneda de amor. Poco hace decía yo a mis amigos más cercanos que el pensamiento luterano de la “fe sin obras” no desdice del amor de Dios al hombre sino todo lo contrario. Es una de las lecciones del evangelio de las diez doncellas, que –hablando a guisa de cuento- es una lección de amor.

El Verbo de Dios se hizo “carne” para evangelizar y poner a la mano del hombre que lo quiera y se esfuerce –Dios respeta la libertad, sobre todo la de ser o no ser hombres de fe- los caminos, que –llevándole a ser hombre de verdad- le ponen a la vista de Dios. 

Lo más nuclear del Evangelio de Jesús está en poner marcas y señales a ese camino del hombre hacia Dios. Lo ha ido haciendo de varias maneras, con milagros, con discursos, con ejemplos como al echar del templo de Dios a los mercaderes; al vivo en parábolas como la del buen samaritano o el buen pastor; en diatriba y polémica con los fariseos, saduceos y sacerdotes de la vieja ley.

Este día, como señala San Mateo, el perfil del reino de Dios en la tierra se dirige a los discípulos, a los suyos, a los que han decidido seguirla, a los que –como las diez doncellas del caso, no le ponen zancadillas, ni le discuten, ni le tienden trampas en que cogerlo para acusarlo. Como las diez doncellas, todos ellos salen con sus “lámparas” a esperar al esposo para entrar con él al banquete de bodas. Todas iban guapas y bien ataviadas; todas llevaban sus lámparas en la mano para dar brillo y color a la llegada del novio; y sin embargo….

Como la vida humana es historia y esa historia es nuestra historia, y no sólo la de Guzmán el Bueno, los Reyes Católicos o Agustina de Aragón, y en la historia las circunstancias mandan, esas circunstancias hicieron, en el caso de las diez doncellas del evangelio de hoy, que el novio se retrasara, se durmieran todas -la fe no mata la naturaleza sino que la sublima- y, al despertar por la llegada efectiva del esposo, cinco de ellas –al refregarse los ojos para espabilarse- vieron con sorpresa que no tenían aceita para avivar sus lámparas y cumplir el cometido que ellas mismas se habían empeñado en cumplir. 

Por su dejadez, su inconsciencia, el dislate de querer el fin sin poner los medios para lograrlo, su pecado de dormirse en los laureles, la estulticia de creer que, con echar a andar, ya se ha cumplido el camino… se quedarona la puerta sin poder entrar. Yo diría que perdieron la guerra, su guerra, la que se pierde siempre que faltan lealtad y fidelidad a los propios principios, a los propios compromisos, a la propia dignidad incluso al arruinar uno mismo los propios quereres. 

Las guerras se pierden, de ordinario, por muchas posibles causas que no es del caso mencionar. Las propias guerras, las del hombre o la mujer consigo mismos, las más de las veces se pierden por falta de responsabilidad. Tenemos las lámparas en la mano pero de nada valen porque –a la hora de la verdad- nos fuimos por las ramas y fallamos en lo esencial. Perdieron su guerra las cinco doncellas necias.

Estamos hablando de guerras perdidas y de guerras ganadas. Hemos oído muchas veces que las guerras son un mal, que no hay guerras buenas y justas, que las guerras son una salvajada y destruyen más que edifican, ¿Hay guerras buenas?, podemos preguntarnos. ¿Hay alguna guerra buena?

La verdad, aborrezco las guerras y me parece un sofisma ese afán de los que dicen que, gracias a las guerras, la humanidad ha progresado. No lo creo, o no lo creo a pies juntillas.

Saben mis amigos que soy fervoroso de la buena poesía, especialmente de la que logra combinar la belleza de los pensamientos y de las expresiones con la sabiduría del que crea lo que cada uno de nosotros siente pero sin acertar a expresarlo como el buen poeta lo hace. Y como este acierto de la belleza ornamentando la vida diaria lo veo cumplido casi al ciento en Antonio Machado, he de confesar qwue soy un fervoroso de este gran poeta.

Esta letrilla del mismo, que tantas veces he disfrutado leyendo y otras tantas me ha servido para colgar de ella la ropa sucia de malos pasos por la vida, hoy la tomo para enaltecer –ante este evangelio de las diez doncellas- la clase de guerra que perdieron aquel día lss cinco necias.

Dice Antonio Machado en uno sus admirables Proverbios y Cantares (XII), “No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada; yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas”. 

Todas las guerras menos una –me dice a mí este proverbio feliz- son malas. Todas ellas, menos la guerra que todo ser humano está llamado, y obligado si quiere ser hombre, a librar consigo mismo, son deplorables sumamente; esta otra guerra en cambio es de obligado cumplimiento y de primera necesidad humana.

Los seres humanos tenemos –se quiera o no reconocer- el corazón partido. Cargado casi siempre de ambivalencias y contradicciones; sectorizado; irreconocible muchas veces hasta para quien lo porta (el propio san Agustín, tan intuitivo de su propia intimidad, no dudaba en admitir que “mihi metipsi mysterium sum” hasta para mí mismo soy un enigma), todo hombre –si no es subnormal o necio- ha de contar con esta lucha para sobrevivir como tal. Si esta guerra se pierde, pasa a los hombres lo que a las doncellas necias: lo del dicho popular, “compuestas y sin novio”.

Que el fracaso en ser hombres o mujeres es también fracaso en ser cristianos, o políticos, o profesores, o casados, o revolucionarios e independentistas, o sacadores de muelas o simplemente, por no mencionar más, personas a secas.

Porque a las cinco doncellas necias no les dieron con la puerta en las narices por dormirse –a las cinco sensatas también les entró el sueño y se durmieron-, sino por haber perdido la guerra al no luchar por ganarla.

Hace pocos días, en un librito de análisis de la situación mundial actual, ante lo que muchos afirman de que el mundo estáen guerra el analista replicaba que el mundo no está en guerra que la guerra está en cada uno de nosotros.

Ganar esta guerra es –como indicada al comenzar- apostar en firma por la esperanza. Salvemos la esperanza.

Y para cerrar estas reflexiones dominicales, lo de la gente de mi pueblo ante los que pasan la vida jugando a todo menos a ganar su propia guerra. 

 Suelen decir que “El que juega no asa castañas”.


Esfuerzos baldíos

Alberto Pérez de Vargas
Europa Sur 


Después del bien dispuesto despliegue en Fitur para mostrar nuestros encantos y el rostro alegre de unos asentamientos bien avenidos, mancomunados en amor y compaña, la realidad de algunas de nuestras peores carencias se impone.

Los desvelos de nuestros regidores por ofrecer al mundo unas pocas de tantas buenas cosas que suceden por esta tierra de María Santísima, se dan de bruces contra el tratamiento que las administraciones locales y regional dan al medio ambiente y contra la defectuosa actuación de la Administración central en materia de seguridad y protección. Unos y otros y la casa sin barrer; como dirían los clásicos.

No es una buena noticia, por más que lo parezca a los incautos, ese corto circuito disfrazado de buenas intenciones que la Junta de Andalucía le está montando al Estado. El estatus de Gibraltar es un grave perjuicio para la comarca y para sus habitantes. Nada que contribuya a su perpetuación es bueno para España o para los españoles de aquí o de más allá. Los socialistas -por utilizar un término orientativo derivado de su registro- siguen confundiendo el culo con las témporas recurriendo a asuntos de Estado para hacer política de partido.

Aprovechando el carnaval, la presidente Díaz debiera disfrazarse de matutera y agotar una tranquila estancia en los alrededores de Convent Place. Se sorprendería del número de actuales y viejos compañeros de partido partiendo piñones con los prebostes de la colonia. 

Bastaría que se asesorase de algún buen hombre conocedor de los entresijos del poderoso clan de los bufetes del trasiego yanito, para que conociese lo familiar que le resultarían algunos apellidos imbricados en su discreto elenco laboral. O que tirase de nómina periodística y de dispendios puestos al servicio de la causa de la Roca. Tal vez con todo ello pudiese conocer los motivos que inspiran a algunos de sus consejeros y próximos.

Lo sucedido en el hospital de La Línea, liberando a un peón del narco, reportajes como el de hace un par de días en la Sexta TV (Equipo de Investigación) sobre los barrios linenses donde impera la delincuencia, el personal amenazando y apedreando a la Guardia Civil y a la Policía, la contaminación por tierra, mar y aire que padece la comarca, las cifras de paro junto a uno de los polígonos industriales más prósperos de España y junto a uno de los primeros puertos del mundo, hacen añicos cualquiera que sea la campaña para atraer visitantes. Nada como procurar que nada cambie en Gibraltar para que todo siga como está.

La maniobra “desleal” de quien quiere reescribir “Humanae vitae”. Una carta

Sandro Magister
InfoVaticana


Recibo y publico. 

El autor de la carta es un eclesiástico con especialización científica de alto nivel y con relevantes cargos de enseñanza en Italia y en el exterior, pero que dedica también tiempo y energías a la labor pastoral.

Es el mismo de quien www.chiesa publicó en enero de 2016 una carta anterior respecto a la disminución de la “calidad” de las confesiones sacramentales, una disminución a la que no parece extraño el impacto sobre tantos fieles de ciertos dichos del papa Francisco enfatizados por los medios de comunicación social.

En esta nueva carta él saca a luz lo infundamentado de los argumentos recientemente adoptados – principalmente en una conferencia autorizada desde más arriba en la Pontificia Universidad Gregoriana – para reinterpretar y en esencia invalidar la enseñanza de la encíclica “Humanae vitae“, de Pablo VI.

En especial, refuta como “desleal” la pretensión de hacer derivar la licitud de las técnicas anticonceptivas del hecho que ya un gran número de cónyuges católicos las practica, convencidos en conciencia de hacer lo justo.

La responsabilidad de esta “conciencia errónea” promovida a virtud – explica – no puede ser descargada sobre los cónyuges, sino que debe ser redirigida a quien en la Iglesia los ha mal educado, callando o deformando sistemáticamente la enseñanza de “Humanae vitae”.

Al igual que en la carta anterior, también esta vez es necesario mantener la reserva sobre el nombre del autor, para no exponerlo a previsibles e inexorables represalias.

*

Estimado Magister,

entre los obsoletos argumentos desempolvados por el teólogo moralista de la Facultad Teológica de Italia Septentrional (FTIS, Milán), también miembro recientemente nombrado de la “nueva” Pontificia Academia para la Vida, el profesor don Maurizio Chiodi, para quitar autoridad y credibilidad a la norma de la carta encíclica “Humanae vitae” (HV) del beato Pablo VI – que señala como moralmente ilícita la anticoncepción y, por el contrario, como aceptables los métodos para evitar una concepción, métodos que se basan en el conocimiento y la individualización personalizada de los periodos infecundos del ciclo femenino – está el de la falta de asimilación de esta norma en el ethos conyugal de los esposos católicos, también de solida fe y practicantes en otras dimensiones de la vida cristiana.

El teólogo bergamasco de sesenta y dos años, en una conferencia pública en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana, titulada “Rileggere ‘Humanae vitae’ alla luce di ‘Amoris laetitia’”, expuesta el 14 de diciembre del 2017, ha puesto en duda la validez y el caracter vinculante permanentes – para todos los fieles que han recibido el sacramento del matrimonio y viven more uxorio – de la enseñanza del beato Pablo VI – confirmada por sus sucesores san Juan Pablo II y Benedicto XVI, y hasta hoy no abrogada por el papa Francisco – que “condena siempre como ilícito el uso de medios directamente contrarios a la fecundación, aunque se haga por razones aparentemente honestas y serias ” (HV, n. 16) y denuncia como “un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda” (HV, n. 14).

Uno de los argumentos adoptados por don Chiodi para intentar desarticular el magisterio del papa Giovanni Battista Montini sobre la intrínseca ilicitud de toda acción que separa intencionalmente “los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador” (HV, n. 12), se apoya en la observación de naturaleza estadístico-sociológico-pastoral que esta norma habría sido largamente desatendida por el pueblo de Dios, con la consecuencia práctica de no ser cumplida por la mayor parte de las esposas y los maridos, quienes, al estar utilizando la anticoncepción, no se acusarían de este pecado en el transcurso de la confesión sacramental, ni pedirían la ayuda del confesor para juzgar respecto a la rectitud o no de su comportamiento.

El argumento que “una amplia mayoría de las parejas de creyentes desposados vive como si esta norma no existiera” (cita de la traducción inglesa de Diane Montagna, tomada de la grabación de la conferencia de don Chiodi, publicada en Life Site News el 8 de enero) no es ciertamente original. Ya en 1985 monseñor Giuseppe Angelini, también él teólogo de la FTIS, escribió: “La brecha entre la moral personal de los católicos y el magisterio eclesial está particularmente acentuada en el tema de la anticoncepción. […] Muchas veces se ha puesto en evidencia la distancia de las argumentaciones propuestas para sostener la condena moral de toda técnica artificial anticonceptiva respecto a la perspectiva personalista de aproximación al tema de la sexualidad” (“La teologia morale e la questione sessuale. Per intendere la situazione presente”, in: Aa. Vv., “Uomo-donna. Progetto di vita”, Roma 1985, 47-102, pp. 49-50).

El intento de descargar sobre los fieles laicos – en particular en los cónyuges – la carga de la prueba que la enseñanza de la HV sobre la regulación natural de la natalidad no pertenecería al patrimonio consolidado y perenne de la doctrina moral católica resulta torpe y engañoso.

Es de hecho un juicio temerario el querer ver a los cónyuges católicos como los principales o los únicos responsables del no cumplimiento de la norma de la HV, que ellos habrían rechazado en nombre de “otra verdad” de la relación entre el amor y la procreación, la que no permitiría a sus conciencias juzgar en definitiva la anticoncepción como un mal.

Bien mirado, y escoltado con una lectura de la experiencia teológica y pastoral de la HV en muchas Iglesias locales a partir de finales de los años ’60, las cosas no son así.

Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (CCC), que en esto sigue la teologia moral y el magisterio anterior, “la persona humana debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia” (CCC, n. 1790). Es entonces admisible que muchos creyentes desposados (en algunas comunidades cristianas quizás también la mayoría o directamente la casi totalidad), en la deliberación respecto al recurso de la anticoncepción hayan seguido su conciencia, cuya voz, con certeza, no indicaba esta acción como un mal que había que evitar. ¿Esto significa que la anticoncepción no es intrínsecamente un mal? ¿Es quizás su comportamiento “según la conciencia” la prueba moral que la ley de HV es contraria a la conciencia de los cónyuges cristianos y, en consecuencia, no es justa? No. Su conciencia, en tanto cierta, no era recta, porque “sucede que la conciencia moral puede estar afectada por la ignorancia y puede formular juicios erróneos sobre actos proyectados o ya cometidos” (CCC, n. 1790).

Planteamos entonces esta pregunta ulterior: ¿con su elección anticonceptiva “según la conciencia errónea” estos numerosos cónyuges cargan con la responsabilidad de prestar un “testimonio de la conciencia” contra el magisterio, o sea, de indicar a quien corresponde la enseñanza moral católica que en cuanto a lo prescrito por la HV entra en conflicto con la conciencia del creyente y, entonces, no tiene un valor vinculante?

Si así fuera, el teólogo moralista o pastoralista que recoge la experiencia de los esposos respecto a la regulación de la natalidad, y la estudia con el propósito de someter a la autoridad de la Iglesia una propuesta respecto a esta materia (como intenta hacer don Chiodi), les atribuiría una grave responsabilidad. Sobre la base de lo que sus opciones en conciencia atestiguan se emitirá de hecho un juicio que se traducirá en una norma (nueva o modificada, es decir, reinterpretada) que deberá ser válida para todos los creyentes. Si el testimonio de sus conciencias es falso, los fieles cargarían con el peso de una orientación engañosa impregnada en toda la Iglesia y el teólogo escondería su responsabilidad respecto a este “nuevo curso” detrás de la respuesta del pueblo a la pregunta de Pilatos: “En conciencia, que quieren que sea puesta en libertad: ¿la regulación natural de la fertilidad o la anticoncepción?”

En realidad, las cosas no pueden funcionar así en absoluto. Sería demasiado cómodo (y sobre todo desleal) no considerar que una conciencia errónea y sus juicios no son siempre imputables a la responsabilidad de los individuos.

En el origen de las desviaciones del juicio de la conciencia no siempre la negligencia es culpable por no buscar la verdad y el bien, sino que puede haber una ignorancia no culpable de la verdad y del bien (cfr. CCC, nn. 1792-1793). Esto sucede, por ejemplo, cuando una persona o un número también amplio de creyentes no han tenido la posibilidad de recibir una adecuada formación de la conciencia y una iluminación del juicio moral (cfr. CCC, n. 1783) porque no se les ha ofrecido ninguna oportunidad de conocer íntegra y fielmente las enseñanzas de la Iglesia que les conciernen directamente.

Esto es precisamente lo que ha sucedido en el caso de la doctrina de la HV. Durante décadas, innumerables sacerdotes, catequistas, formadores y acompañantes de los cursos de preparación al sacramento del matrimonio y educadores de los jóvenes en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos católicos han callado injustificadamente sobre la enseñanza de la Iglesia a propósito de la regulación de la natalidad.

O bien la han presentado en forma parcial o errónea, por ejemplo, diciendo que lo que cuenta para los esposos es “abrirse a la vida”, generando uno o algunos hijos, y no, por el contrario (según HV) que cada acto conyugal individual debe mantenerse abierto a la vida según el designio creatural de Dios, en el cual está previsto que no todos los periodos de la edad fecunda de la mujer sean fértiles.

Numerosos han sido también – entre los sacerdotes y los laicos encargados de la pastoral familiar – los que, por ignorancia culpable no se han actualizado sobre los aspectos prácticos de los métodos para la regulación natural de la fertilidad y sobre su efectiva capacidad de indicar los días en los cuales el coito puede dar lugar a una concepción y aquellos en los cuales no puede acontecer esto último. Muchos han permanecido inmóviles en la sola mención de las variaciones cíclicas de la temperatura corporal interna en condiciones basales (método del calendario), que efectivamente no siempre resultaba confiable cuando fue promulgada la HV, ignorando que, en el ínterin, otros métodos basados en revelamientos sintomáticos o bioquímicos (niveles de hormonas en la orina) se han hecho disponibles y actualmente están en uso para identificar los días fértiles de la mujer, proporcionando – asociados a la continencia periódica – resultados comparables a los de los métodos anticonceptivos más difundidos. ¡Cuántos sacerdotes o educadores siguen repitiendo a los novios y a los esposos: “¡Mucho no funcionan!” o “¡Si los usan, engendrarán hijos como conejos!”.

Al contrario, allí donde, en las comunidades católicas (y no sólo en ellas), tanto de los países occidentales como de los de África y Asia, los métodos naturales son presentados y enseñados a las parejas de esposos en forma correcta, tanto en su razón antropológica y ética como en su aplicación práctica, es elevado el consenso que esos métodos encuentran entre los cónyuges y la difusión en las familias y entre los jóvenes. Mucho más hoy que cuando fue publicada la HV, en cuanto la visión antropológica propuesta por ella encuentra ahora una mirada “laica” en la vida sexual y en la procreación, guiada por una mayor sensibilidad hacia la “ecología del cuerpo humano” (en especial, el femenino) y del recurso a la “naturaleza” como fuente para regular las distintas funciones, en vez del uso de productos químico-farmacéuticos y de dispositivos mecánicos.

Pero sería poco generoso o incluso un grave error hacia los sacerdotes y sus colaboradores pastorales si se descargara sobre ellos toda o una mayor responsabilidad de no haber formado correctamente las conciencias de los fieles y de los esposos católicos en materia de procreación responsable.

A su vez, de hecho, con demasiada frecuencia el clero no ha sido formado adecuada o correctamente respecto a la enseñanza de la HV. ¡En muchos seminarios, cursos de las facultades teológicas o encuentros de actualización para sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, ellos no son instruidos sobre las razones antropológico-teológicas y morales que subyacen en la doctrina de la HV! Si ellos mismos no saben dar plenamente razón de la enseñanza del beato Pablo VI, confirmado por sus sucesores hasta el actual Papa, ¿cómo podrían iluminar sobre esto a los fieles?

Una pesada responsabilidad por esta deplorable situación debe entonces ser reconocida en no pocos docentes de antropología teológica de la corporalidad y de la sexualidad y de teologia moral de la vida matrimonial, que desarrollan cursos en los seminarios, en las facultades teológicas y en los institutos superiores de ciencias religiosas. Sin olvidar la responsabilidad, también ella grave, de los obispos diocesanos y de los superiores de las órdenes religiosas que han nombrado a estos docentes o han omitido controlar lo hecho por ellos en la formación de los seminaristas, del clero y de los consagrados.

Además, no se puede olvidar que el mismo profesor Chiodi fue llamado muchas veces por el entonces presidente del Pontificio Consejo de la Familia, el arzobispo Vincenzo Paglia, para organizar seminarios sobre la moralidad conyugal y la procreación para los funcionarios de este dicasterio. Pero los cuales – formados sólidamente en la escuela de los predecesores de monseñor Paglia, los cardenales Alfonso López Trujillo y Ennio Antonelli – nunca se plegaron a ese intento de adoctrinamiento promovido por aquel que ahora es presidente de la Pontificia Academia para la Vida.

Gracias por la atención y muchos saludos cordiales, “ad maiorem Dei gloriam”.

[Firma de la carta]

*

Pero en este clima de revisionismo aplicado a la “Humanae vitae” se pone en evidencia que hay también importantes tomas de posición en apoyo de la auténtica enseñanza de esa encíclica.

Es el caso, entre otros, de la carta pastoral publicada el 2 de febrero, fiesta de la presentación de Jesús en el templo, redactada por el arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, disponible en la página web de la diócesis, tanto en inglés como en español:

> The Splendor of Love
> El Esplendor del Amor

La carta hace amplia referencia a la “teologia del cuerpo” predicada por Juan Pablo II y traza un balance muy positivo de los cursos de Planificación Familiar Natural, promovidos en la misma diócesis por las parejas jóvenes, antes y después de su matrimonio.

Está escrita con un lenguaje simple y eficaz, y concluye con un diccionario de los términos que son objeto de controversia, desde la castidad a la anticoncepción, desde la paternidad responsable a la revolución sexual.

Para los lectores de lengua española, una síntesis de la carta pastoral puede ser leída en este servicio de ACI Prensa:

> El esplendor del amor: Una bella reflexión sobre la sexualidad

Teutonia versus Kakania

Hermann Tertsch 
ABC


Los cocheros del Fiaker, de la tradicional calesa de Viena, solían ser del barrio de Ottakring que cultiva un dialecto propio dentro de lo que es el vienés, una críptica y sandunguera perversión de la lengua alemana.
El cochero negocia con el turista alemán en un diálogo en el que solo el primero sabe qué se dice. 

Porque el vienés entiende al alemán, pero el alemán a él solo lo que él quiera dejarle entender. El vienés siempre se cree más listo que el alemán. Incluso cuando ha matado por ser parte de Alemania. Es un sentimiento que compensa la incómoda sensación de tener un hermano demasiado grande, demasiado fuerte y demasiado torpe. El listo no tiene raza pura sino puro cruce como muestra la ensalada de nombres de la guia de teléfonos de Viena.

Prueba de que son más espabilados, dicen, es que convencieron al mundo de que Hitler era alemán y Beethoven austriaco. Cuando es al revés. Es cierto que Beethoven nació en Bonn, pero hizo su carrera y su obra fundamentalmente en Viena. Hitler nació en Braunau, cerca de Linz, pero en Austria no fue más que un miserable suboficial y un vagabundo. Tuvo que irse a la marcial y estirada Teutonia a lograr un terrible triunfo que nunca había tenido en relajada y descreída Kakania. Eso sí, cuando triunfó en casa del vecino grande y rico, Austria recibió al hijo despreciado con entusiasmo digno de mejor causa.

Kakania puede ser algo pretenciosa. Y no dan ningún miedo. Pero cuando Teutonia se pone soberbia se asustan hasta las piedras. Los austriacos nunca se han tomado ellos en serio, ni cuando eran un gran imperio desde Silesia a Dalmacia y Lombardía. Los alemanes se toman tan en serio que obligan a los demás a hacerlo. Y Teutonia vuelve a estar arrogante. 

En otoño del 2015, su canciller violó todas las leyes y convenciones habidas y firmadas y abrió, porque sí, sus fronteras a todos los extranjeros de fuera de Europa. Lo hizo al grito de «Wir schaffen es», con énfasis en el Wir. «Nosotros lo conseguimos». Es la versión laica del «Gott mit uns» de las hebillas con las que se quiso conquistar el mundo. O del «Deutschland über Alles», como rezaba una estrofa el himno que se tachó para fingir modestia después de que su soberbia fabricara un infierno.

Ahora Alemania vuelve a ser la patria de los que se creen los más buenos, ergo: los mejores. Buenismo de la izquierda global con idealismo alemán es una combinación terriblemente indigesta. Vuelven a querer salvar el mundo y creen que deben obligar a todos a participar en tan gran obra. «Am deutschen Wesen soll die Welt genesen» significa ni «La esencia alemana ha de sanar al mundo». 

El romanticismo alemán está lleno de esas ocurrencias. Así, Berlín ahora regaña a Polonia y a Hungría, a Eslovaquia y a Chequia porque no quieren ayudar a acoger a todos los refugiados del mundo que Merkel, sin consultar a nadie, invitó a venir. Alemania se enfada. No, no va a invadir otra vez estos países, pero sí amenaza con castigarlos porque no quieren llenar sus ciudades de musulmanes. 

En esta situación fue Sebastian Kurz el jovencísimo nuevo canciller de Kakania a visitar Teutonia. Políticos y medios teutones lo recibieron con ataques a su gobierno de derechas de ÖVP y FPÖ. Kurz, como un cochero de Fiaker, les explicó en perfecto alto alemán por qué Austria comprende tan bien a Polonia y Hungría, Chequia y Eslovaquia. Porque Kakania es modesta y el corazón de Mitteleuropa. Sabe que esa inmigración sin medida ni pausa destruirá convivencia y democracia. Kurz triunfó en Berlín y cada vez más teutones son forofos de Kakania.