20 octubre 2017

Año XIV - Nº 1058

Lo de Cataluña sigue mandando, pero tenemos más problemas

Editorial
Forum Libertas


Es lógico que el conflicto en Cataluña acapare la atención por la gravedad de la situación y sus consecuencias, pero ello no debe ser óbice para olvidarnos de otros grandes desafíos, como el demográfico. 

España, según las últimas estimaciones será el segundo país más envejecido del mundo, después de Japón -adiós pensiones, adiós-, el cambio climático como lo constata el desastre de la sequía, los incendios forestales, la erosión y la contaminación por cenizas. 

Y con los que son evidentes, los desafíos que vienen, el poshumanismo, la inteligencia artificial, y la robotización y su impacto sobre el significado del trabajo humano.

Pero, sin duda, el desafío más peligroso, y más en el caso español por su hegemonía, es el de la perspectiva de género y sus derivaciones LGTBI, y el tipo de feminismo que inspira. 

Lo es porque constituye una concepción totalitaria de la vida humana y la sociedad, que le otorga el derecho a intervenir hasta en lo más íntimo de los seres humanos, por la ruptura antropológica y de las instituciones, que significa, por la ocultación de las causas reales de la desigualdad; las diferencias económicas entre clases sociales, por su impacto multiplicador y negativo sobre cuestiones cruciales, como la postergación critica de la maternidad, y la crisis demográfica, y los perversos efectos educativos, con unos sistemas, especialmente el español, que castigan y discriminan a los alumnos varones, que van incrementado en mayor número las cifras de repetidores y nini. 

El último informe de la OCDE es muy claro es este caso. Y sobre todo porque se fundamenta en un falseamiento de la realidad, por tanto, en un tipo de mentira que exige una continua manipulación y censura del conocimiento y la comunicación, con todo lo que este tipo de práctica representa. Por ejemplo, ¿puede existir una universidad que realmente sea tal, si es regida por esta ideología? 

 El lenguaje es una de las grandes víctimas. Por ejemplo, la educación diferenciada es “segregacionista”, como lo eran hasta hace unas pocas semanas los Boy Scouts porque era una organización para chicos, mientras existía otra de Girl Scouts para las chicas. Pero ¿quién segrega a quién? 

En realidad, vistos los resultados y conocidas las causas, este tipo de educación es la mayor protección que existe en los sistemas educativos mixtos, que castigan a los alumnos varones como en el caso español. Bajo este enfoque del Gender, la próxima víctima será el deporte, sobre todo los de equipo -porque en los individuales el desequilibrio sería demasiado evidente- forzando a que los equipos sean mixtos, los no profesionales claro. 

 La perspectiva de género, sobre todo en sus inicios, fue desarrollada por personas cuya experiencia vital partía del lesbianismo o la bisexualidad, y su construcción intelectual no era nada más que una explicación macro y a priori que explicara, como condición optima, su particular tendencia. En este esquema la dualidad unitaria hombre-mujer resultaba nociva. 

Se hacía necesaria desde la perspectiva lésbica una remodelación de la mujer (no madre, no esposa, no viuda; formas de dominación falocrácica), y la progresiva marginación de la masa masculina, destruyendo su significado -no existe un rol para el hombre, que ha de ser “femenino”, metrosexual, asexual, efébico, etc.- y su marginación educativa.

Todo eso conduce a una crisis demoledora, porque es el alimento de toda la cultura desvinculada que se desparrama en todos los aspectos de la vida humana, incluida la política.

Don Mariano sigue sin saber cómo hincarle el diente al marrón catalán

Jesús Cacho
Voz Pópuli


Don Mariano sigue extraviado, abrumado por la importancia del envite que le ha tocado vivir como presidente del Gobierno. 

A él le gustaría volver a los buenos tiempos de la mayoría absoluta (“Dime vencedor Rapaz,/ vencido de mi constancia,/ ¿Qué ha sacado tu arrogancia/ de alterar mi firme paz?”), en los que, enfrentado a una crisis de caballo, fue capaz de ganar su gran batalla, la del riesgo país, sin apearse del burro, sin hozar en el barro, simplemente esperando y diciendo “no” a quienes le reclamaban diligencia a la hora de solicitar el rescate a Bruselas.

 Este desafío es de otra sustancia, de más calado, de mayor arboladura. De una crisis financiera se termina saliendo; de una ruptura territorial no hay forma de resurgir sin un enorme desgarro en el alma colectiva, un reguero de lágrimas capaz de hipotecar no ya la paz, que por supuesto, sino el bienestar y el nivel de vida de varias generaciones. Una herida en el inconsciente colectivo que dejaría huella indeleble en la historia de España.

Enfrentado a este otro rescate, el de verdad, el rescate de España de las garras del nacionalismo, a don Mariano le asaltan las dudas, le crecen las sombras, le multiplican los miedos. Él sería partidario de no hacer nada, simplemente esperar y ver, esperar a ver cómo se despedaza ese universo magma que ha llevado a Cataluña al borde del precipicio, ver cómo en el PDeCAT se tiran los trastos a la cabeza, cómo esos pijoprogres millonarios tipo Rodés salen huyendo en busca del generalito dispuesto a salvar otra vez sus fortunas, cómo la CUP arremete cual toro de Knossos contra Puigdemont, dispuesta la del flequillo en hacha a esparcir sus cenizas por el golfo de Rosas. 


Eso es lo que le gustaría. Y podría salirle. Podría haberle salido. Lo que ocurre es que ya no puede. No, por ese rumor sordo que, in crescendo, sube por las calles de la España apaleada pidiendo determinación, pidiendo aplicación de la ley, pidiendo respeto para la Constitución, diciendo, en fin, que hasta aquí hemos llegado y que se acabó el macabro juego del verlas venir, dejarlas pasar, y si te mean encima decir que llueve. Una cuestión de dignidad colectiva.

De modo que Don Mariano no pierde ocasión de renovar sus ofertas de paz a los sediciosos en cuanta ocasión propicia le sale al paso, sea en el salón de sesiones del parlamento, sea ante los micrófonos de cualquier tumulto de prensa. Ayer mismo, a las puertas del final del capítulo primero del vodevil, volvió a repetir el mantra de que si el señor Puigdemont vuelve a la senda de la virtud y abandona de una vez esas divertidas chiquilladas del golpe de Estado, todo volverá a la normalidad, porque estamos más que dispuestos a meter el 155 en un cajón y aquí paz y después gloria, no me obligue usted a hacer lo que de ninguna forma quiero hacer, no se cansa de repetir el bueno de Mariano, así que, hombre de Dios, aparte de mí este cáliz, que es muy molesto tener que arremangarse y cumplir con las obligaciones del cargo, no me fuerce usted, que yo no quiero, y menos que yo quiere Sánchez, el aliado cogido con alfileres que la fortuna me ha deparado.


El riesgo de unas elecciones anticipadas

La última moneda de cambio escapista que ayer cobró fuerza tiene que ver con las elecciones catalanas: si Puigdemont las convoca, el Gobierno volvería a olvidarse del 155, y la verdad es que uno no sale de su asombro, porque, a menos que Mariano, Soraya et altri dispongan de una información de la que carece el común de los mortales, que es muy posible, es más, debería ser imprescindible que así fuera, no se puede entender que el Gobierno de la nación esté dispuesto a permitir que el golpista número uno del elenco convoque elecciones y dirija la fiesta desde su absoluto desprecio al Estado de Derecho, dispuesto como está, como estaría sin la menor duda, a utilizar los medios de comunicación públicos y el aparato institucional de la Generalidad en beneficio del Movimiento, sin que a estas alturas quepa descartar cualquier clase de maniobra trapacera, incluso el pucherazo, vista la elegancia con la que esa tropa ha manejado los resultados de un referéndum donde uno podía votar cuantas veces le viniera en gana.

Es cierto que los adelantos electorales los carga el diablo y quien los propone nunca sabe si el tiro le saldrá o no por la culata, más aún en una Cataluña asqueada de la perenne mentira nacionalista y asustada por las perspectivas de empobrecimiento que la fuga de empresas vaticina, pero esa disposición a permitir que los golpistas organicen sin condiciones previas, sin saneamiento previo, sin previa democratización del escenario electoral, unas elecciones autonómicas, parece una operación arriesgadísima para los intereses de la mayoría de los catalanes y no digamos ya del resto de españoles. 


Sin controlar a los Mossos, sin neutralizar esa fábrica de detritus ideológico que es TV3, sin intervenir en un aparato de enseñanza montado por el nacionalismo para adoctrinar las mentes de niños y jóvenes, sin poner un cierto orden en una Administración copada por el nacionalismo, sin asegurar, en suma, una igualdad de oportunidades para todos los partidos en liza, sin restablecimiento de las libertades básicas propias de un Estado de Derecho, esas elecciones suenan a suicidio.

El otro camino, el serio, el duro, el esforzado, es el que no quiere recorrer Mariano Rajoy y su entorno, con la ilustrísima Soraya a la cabeza. Porque es el camino del sudor, las lágrimas, y probablemente la sangre. Digámoslo ya: lo de Cataluña no va de una semana, un mes, o un año. Arreglar la desolación de libertades dejada en Cataluña por un supremacismo nacionalista de claro signo totalitario va a requerir mucho tiempo, mucho esfuerzo y mucho talento. Mucha determinación. Mucho coraje democrático. 


Es un trabajo de una década, como poco, el empeño de los diez años que empleó Jordi Pujol en lanzar, año 1990, su “Programa 2000” destinado a recatalanizar Cataluña y sembrar el huevo de la serpiente que hoy amenaza las libertades de todos. Lo publicó José Antich el domingo 28 de octubre de 1990, en la edición impresa de El País. 

Está en las hemerotecas: “El Gobierno catalán debate un documento que propugna la infiltración nacionalista en todos los ámbitos sociales”. Antich fue luego director de La Vanguardia, y ahora dirige un medio digital subvencionado por la Generalitat y rabiosamente independentista.
El férreo control de la sociedad catalana

El documento hablaba de la obsesión por inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad catalana, a través de “la infiltración de elementos nacionalistas en puestos clave de los medios de comunicación y de los sistemas financiero y educativo”. 


Don Pujolone concedía particular importancia a la “catalanización de la enseñanza” –ese problema al que el PP dio el lunes la espalda en el Congreso-, mediante el control de los profesores, vía control previo de la “composición de los tribunales de oposición para el profesorado”, todo ello destinado a introducir en los niños “la doctrina nacionalista”. 

Toda esta monstruosa obra de ingeniería social es la que hay que desmontar en Cataluña, don Mariano, y todo lo demás son excusas escapistas de cobardón dispuesto a mansear en tablas como los toros malos. Y esto no se hace en un rato, ni se logra con reconvenciones buenistas a Puigdemont para que se arrepienta y sea buen chico.

El miedo se ha hecho carne en el PP, del mismo modo que la traición a España ha hecho callo histórico en el PSOE. Todos sabemos que la tarea no es fácil. Y que será necesario tirar de talento, el cerebro antes que las vísceras, pero este desafío a las libertades de todos, que de eso va el golpe nacionalista, no se frenará con paños calientes, no se logrará esperando que los independentistas entren en razón y aprendan que el camino de la independencia solo conduce al abismo. 


Aguardar que los malos se tornen buenos por una especie de nuevo milagro de Fátima es una entelequia reñida con la razón que repugna al corazón. El resultado de la reunión del politburó del PDeCAT de anoche volvió a dejarlos a ustedes, Mariano y Pedro, en evidencia. Los convergentes, en quienes tantas esperanzas habíamos depositado, les dijeron que si aplican el 155 se pondrán detrás del illuminatiPuchi como un solo hombre. 

De modo que además de cornudos, apaleados. Entendemos que a usted, don Mariano, no le avergüencen este tipo de lances, pero, por favor, ahorre a los españoles la vergüenza que su falta de patriotismo les produce.

El 155.555.555,555~

Federico Jiménez Losantos
EL MUNDO


Mañana por la mañana, más bien temprano, probablemente a primera hora del día, con luz natural, si el tiempo no lo impide y con permiso de la autoridad competente (judicial, por supuesto), salvo que sucediera algo que llevare a considerar lo contrario o se produjeran circunstancias imprevistas que hicieran aconsejable su suspensión parcial o total, dentro de los cauces habituales previstos por la legislación que emana del Parlamento y del Senado, que constituyen las Cortes Españolas, previo dictamen requerido al Consejo de Estado y teniendo en cuenta la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, del Tribunal Supremo y de los Tribunales de Justicia de las Comunidades Autónomas, así como las normativas en vigor dentro del ámbito municipal, comarcal y provincial, referidas todas a la legalidad constitucional como normativa superior vigente, así como al ordenamiento jurídico de la Unión Europea en el que se inserta plenamente el español, tanto en su ámbito jurídico como judicial, amén de los tratados que España tiene suscritos en el marco de la ONU, la UNESCO y demás organismos internacionales y extra-europeos, entendiendo que la salvaguarda del bien común es aquel objeto que merece mayor respeto y protección por parte de todos los poderes del Estado y órganos de la Administración, estatal, autonómica y municipal, cuya legitimidad emana inequívocamente de la soberanía nacional, sita en el pueblo español como único e indivisible sujeto constituyente del Reino de España como Estado Social y Democrático de Derecho y en orden a asegurar sus valores basales, el Gobierno de España comenzará a dar los primeros pasos para la puesta en marcha de la necesaria toma de contacto con vistas a la intervención de aquellas áreas que se consideren más adecuadas para la salvaguarda efectiva de los derechos y libertades de todos los ciudadanos, que constituyen el horizonte de toda acción política sujeta a los principios de legitimidad, legalidad y búsqueda de la plena seguridad jurídica de los ciudadanos españoles, de los países de la Unión Europea y de los extranjeros que viven y desarrollan su actividad laboral en nuestro país, así como de sus bienes y propiedades, activará los trámites previstos por la Constitución en el artículo 155.555.555,555~.

Vamos, que lo de Cataluña va para largo.

18 octubre 2017

Los comunistas que gustan al Papa. Y viceversa

Sandro Magister
InfoVaticana


En los días pasados han sucedido en Roma un par de cosas sorprendentes y, a su manera, reveladoras.

La primera es el inicio de la colaboración en “Avvenire“, el periódico de la conferencia episcopal italiana, del dibujante satírico Sergio Staino, con una tira dominical titulada “Hello, Jesus!”.

Aquí la sorpresa está en el hecho que Staino es un comunista indoblegable, que fue “hijo de las flores” y paladín del amor libre y que ha sido, hasta hace unos meses, el último director de “L’Unità”, el difunto periódico del partido comunista italiano y, después, de los partidos que le han sucedido. Es también presidente honorario de la UAAR, Unión Ateos y Agnósticos Racionalistas.

El distraído Jesús de sus tiras aún vive en Nazaret con Jesús y María, ayuda a su padre en los trabajos de carpintería, pero ya tiene la cabeza en otra parte, en el momento en que se irá para convertirse por fin -palabras de Staino- en “el primero de los socialistas, el primero en luchar por los pobres”.

Entrevistado por el propio “Avvenire” el día de su debut, Staino ha relatado que hace tiempo, cuando Carlo Petrini, el fundador de Slow Food, le refirió al Papa Francisco en una “larga llamada telefónica” que a la madre de Staino, en el lejano 1948, se le había negado la absolución sacramental por haber votado al partido comunista, el Papa soltó riéndose: “Dígale a la madre de ese amigo suyo que esa absolución se la doy yo”.

Esto no quita que su llegada a “Avvenire” haya provocado un diluvio de protestas, incluida la del editor del periódico, el secretario general de la conferencia episcopal italiana, el obispo Mons. Nunzio Galantino. El director de “Avvenire”, Marco Tarquinio, ha referido a los lectores sus palabras: “No estoy de acuerdo. No comprendo qué valor añadido le proporcionan a nuestro periódico las tiras de Staino”.

Y es precisamente esto lo que es revelador sobre este hecho. Porque ahora existe la prueba que el poder de Galantino en la conferencia episcopal y en el periódico propiedad de ésta ya no cuenta; lo mismo sucedió cuando el Papa Francisco lo nombró secretario general y, de hecho, su lugarteniente único, con el efecto que cada una de sus palabras o decisiones pesaba como si procedieran del Papa en persona.

Hoy la conferencia episcopal tiene un nuevo presidente. Es el cardenal Gualtiero Bassetti, mucho más cercano a Francisco y mucho más hábil en comprender y secundar sus deseos.

Es cada vez más evidente que Galantino ha perdido el favor del Papa y el caso Staino lo confirma claramente.

No solo. De hecho, el director de “Avvenire” ha decidido él solo, sin haber “pedido autorización previa al editor”, reivindicar en las páginas de “Avvenire” lo justo de su decisión y, a la vez, hacer público el irrelevante parecer contrario de monseñor Galantino.

Al que ha dicho una especie de adiós precisamente en el momento en que daba la bienvenida a Staino, a su vez “absuelto” por el Papa Francisco.

*

El segundo episodio ha tenido como protagonista a otro periódico, “Il Manifesto“, el único que en Italia se define: “Periódico comunista”.

El jueves 5 de octubre – ¡qué casualidad! precisamente en el centenario de la “Revolución de octubre” – “Il Manifesto” salió a la venta en los kioscos con adjunto un libro con los tres discursos del Papa Francisco a los “movimientos populares”, que él había convocado por primera vez en Roma en 2014, después en Bolivia en 2015 y la última de nuevo en Roma en 2016.

Entrevistada por “Avvenire”, la directora de “Il Manifesto”, Norma Rangeri, ha explica así la elección:

Sentimos como nuestros estos mensajes del Papa y queremos llevar a nuestros lectores la radicalidad y la sencillez de sus palabras. […] En ellos hay una idea nueva de política; de hecho, el Papa cita también a Esther Ballestrino de Careaga por su concepción de la política. Es una comunista de origen paraguayo”. (Y que además fue profesora de química del joven Jorge Mario Bergoglio, que recibió la visita de sus dos hijas durante su viaje a Paraguay en julio de 2015).

De los discursos de Francisco a los movimientos populares y de su visión política, los lectores de Settimo Cielo han sido ya ampliamente informados:

> Bergoglio político. El mito del pueblo elegido

Pero tras su publicación por parte de “Il Manifesto” podemos obtener más información. De hecho, en el libro, además de los discursos, hay una entrevista y un epílogo que enriquecen el cuadro: la primera con el argentino Juan Grabois y el segundo, escrito por el estudioso italiano Alessandro Santagata.

Grabois, de 34 años, hijo de un histórico dirigente peronista, actualmente dirige la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y, desde 2005, está muy cercano a Bergoglio; es decir, desde que el entonces arzobispo de Buenos Aires era el presidente de la conferencia episcopal argentina. Cuando fue elegido Papa, Francisco lo nombró consultor del pontificio consejo justicia y paz, hoy absorbido en el nuevo dicasterio para el servicio del desarrollo humano integral. Y es él, Grabois, el más activo moviendo los hilos de las convocaciones del Papa con los “movimientos populares”.

La idea empezó a tomar cuerpo poco después de la elección de Francisco. Tras la misa inaugural del nuevo pontificado -en la que estaba presente en primera fila, junto a los jefes de estado, también el argentino Sergio Sánchez, jefe del Movimiento de Trabajadores Excluidos-, Grabois cuenta que le contactó el arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la pontificia academia de las ciencias, también éste argentino y muy impaciente por entrar en el círculo de los favoritos del nuevo Papa.

Sorondo le pidió a Grabois que le ayudara a organizar en el Vaticano un seminario titulado “Emergencia excluidos” que, efectivamente, tuvo lugar en diciembre de 2013 y en el que también tomó parte Joao Pedro Stédile, líder en Brasil del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra.

Este seminario fue la antesala de la sucesiva primera convocación en Roma, junto al Papa Francisco, de los “movimientos populares”, una red de un centenar de siglas de todo el mundo, pero sobre todo latinoamericanas y, en general, las mismas de las memorables reuniones anticapitalistas y anti-globalización de Seattle y de Porto Alegre.

Para organizar tanto éste como los otros encuentros sucesivos, se creó un comité formado por Grabois, Stédile y otros dos activistas: Jockin Arputham de la National Slum Dwellers Federation y Charo Castelló del Mouvement Mondial des Travailleurs Chrétiens. Más el jesuita Michael Czerny, hoy subsecretario del departamento migrantes y refugiados del dicasterio para el desarrollo humano integral, departamento del que el Papa Francisco se ha reservado personalmente la dirección. Según Grabois, el papel del padre Czerny ha sido hasta aquí “de vital importancia para la reunión con las distintas organizaciones populares”.

En el libro editado por “Il Manifesto”, tanto Grabois como Santagata observan que buena parte de los “movimientos populares” en los que confía el Papa son críticos respecto a la institución Iglesia y están en contraste con los dogmas católicos acerca de cuestiones como el aborto o los derechos de los homosexuales. Pero “dichas contradicciones no condicionan demasiado los trabajos de los encuentros, porque estos se centran en temas concretos como la lucha por la tierra, la casa y el trabajo”.

Se había previsto una cuarta convocatoria de los “movimientos populares” en Caracas para octubre de este año. Pero ha sido suspendida en vista del desastre en el que ha precipitado Venezuela.

En compensación, han empezado a realizarse encuentros a escala regional. El primero se ha llevado a cabo en Modesto, California, del 16 al 19 de febrero de 2017 para los movimientos de los Estados Unidos. Otro ha tenido lugar del 20 al 21 de junio en Cochabamba, Bolivia, para los movimientos de América latina.

El Papa se conectó por videoconferencia con el encuentro de Modesto, leyendo un discurso perfectamente en línea con los anteriores.

No lo hizo, en cambio, con los movimientos reunidos en Cochabamba. A propósito de estas reuniones a escala regional, Santagata escribe:

“Como me ha referido [Vittorio] Agnoletto, en el último encuentro que ha tenido lugar en el Vaticano se han levantado críticas respecto a la propuesta de estructuración por redes que, a su juicio, corre el riesgo de dar vida a una serie de ‘cajas vacías’ en competición con la organización del World Social Forum”.

Agnoletto, elegido en 2004 por cinco años al parlamento europeo en las listas de Rifondazione Comunista, ha sido durante mucho tiempo el representante italiano en el consejo internacional del World Social Forum nacido en Porto Alegre, y ha participado en distintos encuentros en el Vaticano sobre estos temas.

Entre el World Social Forum y los “movimientos populares” amados por el Papa Francisco hay cada vez más fricción. Según Grabois, el primero “ha traicionado su esencia para transformarse en una serie de rituales o de actividades turísticas para los militantes”.

Mientras que los segundos, los movimientos bendecidos por el Papa, son hoy los únicos capaces de “promover la organización comunitaria de los excluidos, con el fin de construir desde abajo la alternativa humana a una globalización marginadora”. Incluso a costa de salirse de los “límites estrechos de la democracia oficial” y adoptar “prácticas que podrían ser consideradas criminales por los Estados”.

Sánchez y Rajoy unidos por un objetivo común: hundir a Rivera

Federico Quevedo
Merca2


Cuando el martes 3 de octubre la portavoz del PSOE en el Congreso, Margarita Robles, anunciaba que su grupo parlamentario iba a presentar una moción de reprobación contra la vicepresidenta del Gobierno por lo ocurrido con la policía durante la ornada del referéndum ilegal del domingo anterior, todas las alarmas saltaron en el PSOE.

Y no sólo fuera de Ferraz, también dentro, ya que esto ni siquiera se había debatido en la Ejecutiva del lunes 2.

Hubo gente del entorno más próximo a Pedro Sánchez, como el secretario de Organización, José Luis Ábalos, que enseguida le llamó para decirle que era un error. No fue el único. Pero las mayores presiones vinieron de parte de muchos dirigentes socialistas, sobre todo de la llamada vieja guardia, que se llevaron las manos a la cabeza. Algunos de ellos firmaron una carta pidiéndole a Pedro Sánchez que centrara sus esfuerzos en hacer frente al desafío catalán.

Pero no sólo eso… Algunos de estos dirigentes le hicieron ver a Sánchez que si mantenía esa posición equidistante, dejaría a Mariano Rajoy en manos de Albert Rivera, que sería quien saldría fortalecido de toda esta situación. Y eso si lo entendió Sánchez quién desde la investidura fallida de 2016 viene alejándose cada vez más de las posiciones del líder de Ciudadanos, consciente de que le roba votos en su partido por el centro.

Algo parecido le ocurre a Rajoy, que también sabe que Ciudadanos le roba votantes en el sector más moderado del PP, pero también entre quienes desde la derecha le reprochan su falta de firmeza frente al desafío secesionista. Así que, unidos por su necesidad de orillar a Rivera y evitar que saque rédito electoral de esta situación, Sánchez y Rajoy, Rajoy y Sánchez, se han puesto a trabajar juntos para responder al independentismo conjuntamente.

Eso explica que el PSOE primero retrasara y, después, haya retirado definitivamente la reprobación a la vicepresidenta. Del mismo modo que ayer Sánchez ofrecía un discurso diferente al de Iceta sobre el encarcelamiento de los jordis. Sánchez y Rajoy hablan todos los días, y a veces más de en una ocasión. Sin embargo, el que ha perdido canal de comunicación con Moncloa es Rivera, al que nadie lama para consultar, sino sólo para informar de los pasos que se dan.

17 octubre 2017

Pena de muerte, aborto y orden social

Carmelo López-Arias
Religión en Libertad


En un capítulo de la mítica serie televisiva Alfred Hitchcock presenta (“Hay que tener suerte [You got to have luck]”, dirigido en 1956 por Robert Stevens), un peligroso asesino condenado a varias cadenas perpetuas (John Cassavetes) se fuga de prisión y recala en una casa de campo. 

Allí encuentra sola a una joven esposa (Marisa Pavan), a quien intimida con esta reflexión: “Me gustaría dejar las cosas muy claras. ¿Sabes lo que podrían hacerme si llegara a matarte? Nada. Nada de nada. Nada en absoluto. No te fríen por asesinato en este estado, y mi condena es de por vida. Por esa razón, cualquier cosa que te haga me saldrá completamente gratis”.

“No te fríen por asesinato en este estado”... ¡Toda una victoria para su ‘dignidad inviolable’ y toda una derrota para la justicia, ciega ante ese “cualquier cosa” con el que se le ocurra hacer sufrir a su víctima, seguro de su impunidad!

Cuando se emitió dicho episodio, en todos los países occidentales (aún cristianos, todavía civilizados) estaba vigente la pena de muerte y estaba prohibido el aborto. Competentes y honestos fiscales y jueces católicos pedían o aplicaban la pena capital a quienes, según derecho, la merecían, y al mismo tiempo perseguían y sancionaban, según derecho, los delitos de aborto en amparo de la vida humana no nacida. No se veía en ello contradicción alguna.

En décadas posteriores han coincidido dos procesos que invirtieron esa realidad: la restricción legal de la pena de muerte y la expansión legal del aborto. La coincidencia no es solo temporal, también ideológica. Son dos manifestaciones de una misma característica esencial de la cultura contemporánea: la relativización del mal.

De ambos procesos salió un beneficiado, quien comete el crimen. Y un perjudicado, su víctima, que queda sin la reparación debida: ni el embrión o feto camino del desagüe o el vertedero, ni la joven esposa de la serie de Hitchcock, a quien puede hacérsele “cualquier cosa” sin pagar por ello.

Hay una cierta relación psicológica entre ambos procesos. Cuando las penas (no solo la capital) empiezan a verse como un mal comparable a los crímenes y a horrorizar más que a satisfacer, los que empiezan a dejar de horrorizar son los crímenes mismos. 

Y en ese clima sesentayochista de exculpación y enmascaramiento de la responsabilidad individual, que buscaba comprender, más que castigar, al delincuente y al delito, o transferir su culpa a otros, el aborto (un hecho socialmente opaco, sin víctima censada, conveniente para los interesados, fácil salida para los ‘imprevistos’ de la revolución sexual en marcha y, en numerosas ocasiones, respuesta equivocada a un drama real) era, de forma natural, el primer candidato a la despenalización.

De hecho, ha terminado por no ser considerado merecedor de sanción ni siquiera por una mayoría de sus adversarios morales. Una reciente encuesta de Gallup señala que el 46% de los estadounidenses se declaran provida, pero solo un 18% de los estadounidenses (un 39% de los provida) consideran que el aborto debería ser ilegal en cualquier circunstancia.

Por eso, aunque en ocasiones puntuales pueda ser eficaz como argumento ad hominemcomparar la pena de muerte con el aborto (para reprochar a los proabortistas su doble moral de rechazar la muerte para los culpables y permitirla para los inocentes), lo cierto es que el aborto está lejos de ser una “pena de muerte” aplicada al embrión o feto. Hay diferencias esenciales. No solo –eso va de suyo– la diferencia entre el culpable y el inocente, sino algo más profundo: la pena de muerte es una expresión del orden social; el aborto legal, su ruina.

Juan Pablo II condensó bien esto último, en frase célebre: "Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad" (Madrid, 2 de noviembre de 1982).

¿Por qué? Porque el reo muere por el uso que ha hecho de su existencia, pero el feto muere sólo porque existe. La pena de muerte no es un acto de repudio contra la persona, sino contra sus actos. En el aborto es justo al contrario: no hay actos que repudiar, solo la persona.

Repudiar en sí mismo a un miembro de la sociedad por su mera existencia rompe el orden social. Repudiarlo por sus actos contrarios al orden social encarna ese mismo orden.

Pero hay más. La pena capital, como todas las demás penas, tienen el carácter de decisión pública dictada mediante sentencia de la autoridad determinada por la ley y tras un juicio contradictorio. Con el aborto es justo al revés: transformado en un derecho (en sentido estricto o bien despenalizando supuestos), se convierte en un acto privado y, reunidos ciertos requisitos (eventualmente, la simple voluntad), un particular puede dar muerte a otro, aprovechándose de su posición prevalente, ante la indiferencia de los poderes públicos. ¿Qué noción de orden social puede sobrevivir a esa aberración?

A diferencia del aborto, la pena de muerte parte de la consideración de la vida humana como algo de extraordinario valor, pues suele reservarse para delitos que atentan directa o indirectamente contra ella (o contra bienes incluso superiores a ella). Desde el punto de vista legal, el valor social de los bienes se mide por la respuesta penal al daño que se les causa. Quitar la pena máxima como castigo por el máximo daño al máximo bien no implica mayor consideración hacia ese bien, sino menor. 

Cuando, en un extremo del hilo penal, consideramos que privar de su vida a un cruel asesino múltiple viola su dignidad, nos preparamos mentalmente para, en el otro extremo del hilo, dejar sin castigo la eliminación de un ser humano de pocos días o semanas a quien nadie ha visto el rostro ni a nadie importa salvo a quien lo elimina y que, pobrecillo, llega a este mundo sin haberlo pedido pero ya creándole un problema a alguien, a veces tan angustioso que condiciona realmente la responsabilidad individual.

Hay una última diferencia, es cierto, entre la pena de muerte y el aborto: la sanción del aborto es inherente al orden social, la pena de muerte no lo es. Pero lo es “casi”. De hecho, ha existido siempre que se mantuvo en pie una cierta noción filosófica de orden natural y está desapareciendo a la vez que dicha noción.

Eso sí, pensar que hoy tenemos una visión “más cristiana” sobre cualquier cosa que los cristianos de los dos mil años precedentes resulta, como mínimo, discutible.

Serpientes y avispas en la Generalitat

Rubén Amón
EL PAÍS


El soberanismo se aferra a Kosovo en un ejercicio de victimismo y frivolidad que relativiza la gravedad de las guerras balcánicas.

Cualquier observador neutral, si los hubiera, tiene derecho a reaccionar estupefacto a la temeridad e ignorancia con que los indepes se asoman al avispero balcánico como si fuera un estanque de nenúfares, pero quienes hemos operado en los conflictos de Bosnia o de Kosovo estamos más legitimados a la indignación. 

No ya por la arbitrariedad y oportunismo con que Carles Puigdemontevoca los antecedentes de Eslovenia y de Kosovo sin percibir el hedor de las fosas comunes, sino porque ha decidido sustraerse al desenlace de aquellas secesiones -dos guerras de limpieza étnica- y porque aspira a incubar los huevos de la serpiente que sistemáticamente ha saboteado el bienestar de Europa: el nacionalismo. 

La diferencia es que, esta vez, la rebelión avanza desde los presupuestos de una sociedad, la catalana, saciada de diseño, abundancia, obesidad, riqueza, prosperidad y obscenidad victimista. Enternece el trotskismo chic de los cuperos en su papel de soldadesca instrumental. Y avergüenza la pureza étnica de la burguesía en su máscara gafapasta.

Cataluña está en la cima de la pirámide de Maslow. Tan satisfechas tiene sus necesidades, que se ha propuesto emprender el camino de las causas sublimes, aunque sea incurriendo en el exorcismo de la balcanización. Y Kosovo, claro, representa un mejor ejemplo para la causa que Eslovenia porque no era un estado, sino una provincia. Y porque su camino hacia la soberanía territorial sobrevino del escarmiento a la política represiva de Slobodan Milosevic.

El estrambote de la guerra de Kosovo ha sido exhumado por Puigdemont como un grotesco argumento de comparación de la represión española que reaparece con ferocidad en la carta de esta mañana, que merece un llamamiento a la comunidad internacional y que sobrentiende un mimetismo entre Rajoy y el carnicero balcánico, hasta el extremo de pretenderse inculcar que la eventual desmesura de unos antidisturbios en el pucherazo del primero de octubre evoca la carnicería de los militares y paramilitares serbios a las órdenes de Slobodan Milosevic.

Fue él, Slobo, quien aplicó en Kosovo la limpieza étnica brutal y sistemáticamente. Y cuya política de crímenes, fosas comunes y deportaciones tanto precipitó la represalia militar de la OTAN como terminó costándole a Serbia la pérdida del territorio meridional, incluido su mito fundacional, el campo de la batalla de Kosovo Polje, y la expropiación de los templos religiosos.

Es la perspectiva desde la que resulta inaceptable el paralelismo entre la boyantía catalana y la depresión kosovar. Cataluña no es la región que sufre una política de discriminación desde el Estado español a semejanza de las coacciones criminales que ejercía Milosevic sino quien acaso la ejerce, la represión, con todas las atribuciones y transferencias de las que dispone: la propaganda, la educación, la seguridad, la economía, la manipulación emocional, las banderas, el fútbol y hasta los curas ultras que colocan las urnas en el umbral del sagrario.

Fue salvaje la represión de Kosovo. Y fue un error concedérsele la independencia. España no la reconoce, ni Rusia, ni Grecia, pero la selección de Kosovo ya está en la UEFA pavoneándose como el primer estado “nuevo” -nuevo porque proviene de una región, de una provincia- que se ha creado en Europa desde la II Guerra Mundial. Se aferra al precedente Cataluña desde una inaceptable equivalencia geopolítica. Y lo hace, quién sabe, si aspirando a la paradoja que representa Kosovo en 2017: un Estado fallido y étnicamente puro.

16 octubre 2017

Cambios en el Catecismo

Santiago Martín
Católicos ON LINE


La Iglesia está celebrando el 25 aniversario de la promulgación del Nuevo Catecismo. Es una de las grandes obras del pontificado de San Juan Pablo II, que tuvo en el entonces cardenal Ratzinger y en el actual arzobispo de Viena, cardenal Schönborn, sus principales artífices.

Con motivo de esta efeméride, el Papa ha pedido que se modifique el artículo 2267 del Catecismo, referido a la posibilidad, aunque remota, de que se pueda aplicar la pena de muerte, para que ésta quede excluida definitivamente y sea considerada como inmoral para un católico. Esta petición del Pontífice ha saltado rápidamente a los medios de comunicación y ha recibido encendidos elogios y también agudas críticas, sobre todo por parte de aquellos que viven en países donde sí es legal la aplicación de esa sentencia.

Personalmente estoy en contra de la pena de muerte y no voy a entrar a plantear si un católico que trabaja en un centro de ejecuciones de Texas, por ejemplo, comete pecado mortal al ejecutar a un reo, si lo comete el juez que lo sentencia o si lo comete algún miembro del jurado cuando lo declara culpable.

Quiero fijarme en otra cosa. En un momento tan especial como la celebración del veinticinco aniversario del Nuevo Catecismo, el Papa podría haber pedido que se derogara o que se actualizara, por ejemplo, el artículo 1650, que establece con claridad que los divorciados vueltos a casar no pueden recibir la comunión si no viven en castidad. Puestos a introducir cambios, ésta hubiera sido una buena ocasión para hacerlo o, al menos, para haber insinuado que se debía hacer. 

No ha sido así. Y no será porque no se haya discutido sobre el asunto con intensidad durante los últimos años. Desde luego muchísimo más que sobre la licitud moral de la pena de muerte. No creo, por lo tanto, que el Santo Padre haya dejado de referirse a este tema por despiste. Más bien me parece que voluntariamente no ha querido hablar de ello, porque no ha considerado necesario hacerlo.

 Es decir, para el Papa sigue vigente de manera plena la prohibición de que comulguen los divorciados vueltos a casar. Otra cosa será si, en algunos casos muy excepcionales, pueden darse las condiciones que reduzcan o incluso anulen la libertad del que vive en esa situación. 

Pero esto, como digo, se podría presentar en casos tan poco frecuentes que de ningún modo pueden utilizarse para derogar una ley de la Iglesia basada en el Evangelio, como muchos están haciendo ahora. 

Menos aún, por lo tanto, para derogar otras normas morales concernientes a las relaciones extramatrimoniales, a la convivencia sin casarse o a las relaciones homosexuales.

Entonces, ¿qué hacemos con las palabras que le atribuyen al Papa en tal o cual conversación telefónica, o incluso con frases sueltas pronunciadas en una conversación con periodistas? ¿Qué hacemos con lo que dicen o hacen los supuestos amigos del Papa y que va claramente contra la doctrina de la Iglesia?

Simplemente, creo que hay que seguir defendiendo la doctrina verdadera porque ésta no se ha cambiado oficialmente y el Papa, ciertamente, ha tenido ocasiones sobradas de hacerlo. No podemos elevar al rango de Magisterio de la Iglesia una opinión o una respuesta a un periodista y mucho menos la opinión de los que se presentan como los auténticos intérpretes del Santo Padre. 

Lo que la Iglesia enseña no ha cambiado y eso es lo que de verdad tiene que importarnos, porque esa es la piedra sobre la que dijo el Señor que edificaría su Iglesia cuando dio a San Pedro las llaves de la misma.

Recemos por el Papa y recemos para que la confusión que hay en la Iglesia desaparezca lo antes posible.

La pistola de trapero

Hermann Tertsch
ABC


Se constata que alguien es un cabecilla de un golpe de Estado y jefe de un grupo armado de cerca de 17.000 hombres a los que dirige con el objetivo de destruir la España constitucional y crear una República Catalana independiente.

Acto seguido se le deja libre para que continúe sus actividades coordinadas con el resto de la dirección golpista de la Generalidat para destruir el orden legal, intimidar a los catalanes leales a España y acabar con el bien común de todos los españoles. Eso sí, se le impone la obligación de pasar por Madrid cada quince días y se le quita el pasaporte. Nadie sabe para qué ni lo uno ni lo otro. 

Puede que de momento hasta venga por Madrid a pasear la pistola al cinto. A pavonearse de la impunidad que tanto ayuda a sus planes. Esa impunidad que revela el miedo del gobierno a tomar medidas reales y eficaces contra ellos. Esa impunidad que tanto disfrutan y tan útil ha sido a José Luís Trapero como a sus jefes Carlos Puigdemont y Oriol Junqueras y hasta a su peor soldadesca de rufianes. Vendrá por Madrid si le viene bien. 

O se disculpará si la rebelión le hace inconveniente volver a la capital del enemigo. Imaginen que el mayor de los Mozos de Escuadra se ve envuelto en alguna refriega, como delincuente en armas contra el Estado que es, con algún agente de la ley de los que sí creen en su juramento de defensa de la Constitución y de España.

Imaginen que hiciera uso del arma reglamentaria que la autoridad judicial no le ha quitado e hiriera o matara a un policía o guardia civil que intentara frenarle en esa actividad criminal contra el Estado, contra la Nación y contra España que hoy ya nadie discute. Esperemos que no pase. Que no tenga que utilizar nunca Trapero su arma contra otro español. Pero dadas sus actividades actuales que se centran en hacer la guerra a los españoles, lo lógico habría sido no dejar a su criterio la posibilidad de hacer uso o no del arma. 

Al fin y al cabo, tampoco se les devuelven las armas a los etarras. Y nadie lo toma como una ofensa insoportable. Si no, ese Otegi mismo, celebrado como un héroe por las autoridades, andaría hoy por Barcelona con su pistola bamboleante al cinto como el propio Trapero. Con aquella con la que disparó a matar a Gabriel Cisneros que se escondía entre los coches. 

No excluya nadie que los Mozos de Trapero le entreguen muy solemnemente una pistola al etarra y a otros muchos de sus correligionarios que están ya permanentemente en Barcelona como parte de ese voluntariado decidido a «defender» a la República en caso del que el Gobierno de España pretenda en algún momento restablecer la legalidad española en aquella región.

¿Lo pretenderá algún día? Muchos lo dudan. Piensan que Mariano Rajoy y Soraya Saénz de Santamaría están más dispuestos a negociar cualquier cosa con la banda criminal que ya es la Generalidad de Cataluña que a tratarlos como los enemigos de España que son. 

Nadie entiende por qué estos cinco años de conspiración pública, anunciada y televisada, no se ha hecho nada para poner fin al golpe. Mientras subía el precio sin cesar. Aplicarán el 155 cuando no sirva para nada, avisaban. Así es ya. Y comenzarán el mismo juego con el estado de excepción, alarma y sitio. Para hacerlos imposible. 

Mientras, se dispara el precio que pagaremos todos los españoles por tanta complicidad, por tanta ceguera y tantas dilaciones en la defensa del bien de todos.

15 octubre 2017

Un drama de la libertad

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA


Tras chuparse uno la diaria ración de la “pasión de catalanes” –por ahora, no hay día sin este condumio- y recibir las recetas de los sábelotodode tertulias y mentideros para volverlo digerible –cada cual se envanece de tener la piedra filosofal que es la suya tan sólo-, escuché a uno de ellos -llegado ayer mismo del ojo del huracán-, de los que de ordinario me atraen por su perspicacia y tino, decir que, ante lo que allí está pasando, “cuesta medir las palabras para no desbarrar”.

Como estoy de acuerdo con la idea, me he dicho que hoy -por higiene mental y descanso del agobio- he de llevar mis reflexiones a otras vertientes de la actualidad –preocupantes sin duda y de gran calado y proyección, pero menos truculentas y, por eso, más fáciles de entender y sobre todo de explicarlas en una sociedad civilizada del s. XXI. Ninguna cabe en la cabeza, pero lo de aquí y ahora roza, además, lo grotesco si no fuera demencial e ininteligible en varios de sus aspectos.

-Ayer era noticia. En Las Vegas, un salvaje, disparando a mansalva -desde un hotel próximo- sobre los asistentes a una gala musical, dejaba un saldo macabro de 59 muertos y cientos de heridos. Una masacre en toda regla, indigerible aunque sea en un país cuya cultura de las armas al alcance de cualquiera cohabita sorprendentemente con su liderazgo en la cultura universal y en la defensa de los derechos humanos. No lo olvidemos. A mitad del s. XVIII, antes que la Revolución francesa proclamase su lista de los derechos del hombre y del ciudadano, ya el Estado de Virginia se adelantaba en proclamarlos.

Pero como la paradoja forma parte del vivir y este hecho alerta e interpela –o puede hacerlo- a todo el que se interese algo por el revés de las apariencias, me place hoy –al aire de la masacre- echar la vista algo más allá del rifle del francotirador de Las Vegas. Yihadista o no, desesperado o no, psicópata o desnortado -importa menos todo eso a mi ver-, el hecho y la sustancia del mismo son 59 muertos y varios cientos de heridos. Y eso espeluzna.

Desde hace un tiempo -en septiembre comencé- estoy releyendo y, más que leer, meditando -con pausa y glosa al canto- un libro que ya he citado en días pasados- sobre la peliaguda, inveterada y hasta endiablada cuestión de la presencia del mal sobre la tierra y sus causas o raíces.

Es tema de siempre. Ya San Agustín, portento de inteligencia y saber. en el s. IV, andaba en quebraderos de cabeza con él. Y Voltaire –gran ilustrado aunque fuera gran sectario a la vez- argumentaba contra Dios con ocasión del gran terremoto de Lisboa, en 1755.

Tema viejo, como digo, que –a pesar del tiempo y del progreso- no ha cedido un ápice de actualidad, sino todo lo contrario. El mal –y ¡qué males!!!- sigue vigente, a pesar del progreso y del orgullo o las ínfulas del super-hombre: ciclones mortíferos y reiterados; terremotos; riadas, cada vez mayores, de famélicos y depauperados en busca del paraíso; la catástrofe ecológica mundial amenazando la supervivencia del hombre; el arma nuclear -en manos de muchos- amenazando lo mismo, aunque a plazo presumiblemente más corto; los genocidios modernos, peores -cada uno de ellos- que todos los antiguos juntos; las matanzas de todos los días, las salvajadas de todos los momentos…

Si no me equivoco, recuerdo que Benedicto XVI, al salir del “campo” nazi, en Aushwicht, llevándose las manos a la cabeza, se preguntaba a sí mismo dónde estaría Dios en aquellos momentos.

Es natural que, si se admite un Dios infinitamente bueno y poderoso, cualquiera se pregunte -ante males tan feroces e inexplicables- por qué los tolera Dios,; por qué no suelta su fuerza y fulmina de golpe a los malvados y hace justicia en el acto. Como es natural, de parecido modo, que quienes niegan a Dios o se pirran por hacerlo pregunten a los creyentes “dónde está vuestro Dios”.

Al terminar hoyla la lectura de este libro –muy enriquecedora por cierto y aleccionadora para mí y mis creencias católicas-, no me resisto a volcar unas glosas breves sobre su capítulo final con algunas conclusiones sacadas por el autor. Podría recrearme en otras cosas del mismo igualmente aleccionadoras -otra vez será si la ocasión lo pide-, pero es mucha tela para este corto vestido.

El final del libro pone a la vista varias ideas y asertos incluso:

- El porvenir de la humanidad está en un vilo y corre un riesgo continuo y creciente.

- Se dan –ahora mismo- muchas cosas que aterran a las personas conscientes. Hay angustia generalizada, ese temor indeterminado, que desasosiega y quita la paz interior.

- Sin embargo “c’est ainsi une promesse”. No se ha muerto del todo la esperanza, porque si, por un lado, el miedo crece y se ha mundializado, las alarmas saltan así mismo en todo el planeta tierra y, si se quiere luchar, hay posibilidades.

El autor –tras las preguntas y la fina y seria crítica con que va respondiendo, a lo largo de la obra, a los que, maltratados por el mal, gritan fuerte e increpan a todo y a todos, incluso a Dios -a Dios sobre todo-; a los que se horrorizan ante los males de nuestro tiempo de “progreso” –qué risa!!!, si se piensa a dónde llevan ciertos “progresos” inverecundos-…, a todos ellos les dice que hay razones para gritar, para rebelarse y revolverse; que se grite. 


Pero les añade que Dios grita con ellos, que va de su brazo en la revuelta y la rebeldía. Y sobre todo que Dios sufre con ellos, “parce qu’il n’est pas tout-puissant, ne veut pas l’être; s’il l’était, nous ne serions pas des hommes”. El hombre, para ser hombre, ha de ser libre y así viene de Dios. Dios quiso al hombre libre y respeta su palabra. 

 Y a los que gritan contra Dios por el terremoto o los ciclones o el recalentamiento del planeta, o la masacre de Las Vegas ayer, y hoy se sienten desconcertados y confusos ante los males, habría que preguntarles si Dios es quien suelta los humos de las fábricas y contamina la atmósfera; o si se dedica a levantar urbanizaciones en lo que fue un día cauce de los rios; o si Dios roba terrenos al mar para satisfacer ganancias; o si Dios es quien permite que cualquier loco norteamericano pueda tener –legalmente- un arsenal de armas en su domicilio y hasta ir armado por la calle.

No. Dios hizo al hombre libre y respeta “su” palabra de Dios. Dios le impuso al hombre que “creciera”, que se desarrollara; y, para crecer y desarrollarse, le dio facultades a semejanza de las suyas: para saber distinguir el mal del bien, lo justo de lo injusto, lo decente de lo degradante; para enterarse de lo que es el átomo y sus consecuencias negativas; para discernir lo que puede deshumanizar en la manipulación genética y otras cosas que el progreso puede hacer y hace, aunque sea forzando la naturaleza. Por eso y más, no echemos a Dios culpas que Dios no tiene.

Al final el libro, el autor apuesta por la esperanza, indicando a los que sufren o gritan desconcertados ante los males esa vía del acceso a Dios levantándose hacia él desde los males que causa, a fin de cuentas, la libertad irresponsable y alocada del hombre.

Es fácil –y hasta socorrido para algunos negadores suyos- cargar las culpas sobre Dios, o decir que no es bueno con nosotros, o cargarse con ello de razones para negarlo.

Esto lleva al autor a poner título de esperanza a su libro: “Dieu, malgré tout”. Dios, a pesar de todo. A pesar del misterio, creo. A pesar de las dudas, creo. A pesar de quienes se ríen de los que creen o los juzgan o fachas o pobrecitos enanos, creo.

Jacques Duquesne –autor del libro- trata de enseñar a buscar la esperanza en medio de la maldad provocada por los abusos de la libertad por parte del hombre; y a pedir a Dios que, a pesar de todo, a pesar de ser esencialmente omnipotente y no querer ejercer de ello, de momento, por su palabra de Dios, no se canse de habernos hechos libres.

¿Cambiarán los Estados Unidos su legislación asquerosa sobre la libertad omnímoda de poseer armas de fuego? Seguramente no, aunque ahora mismo esté soliviantada la mayor parte de aquella sociedad.

¿Cesarán de subir los humos a la atmósfera? Tampoco.

¿Querríamos un Dios rastrillando losl mares, cada mañana, para limpiarlos de los plásticos con que lo contaminamos a diario?

¿De qué nos quejamos entonces?

Ya se sabe que echar la culpa a Dios o al gallego es cosa corriente pero bastante plebeya.

Dios sobre todo y a pesar de todo.

Dios no es ni un Profesor de filosofía o matemáticas, como lo quiso ver Aristçoteles; ni un comerciante o trapicheador, al que hemos de darle para que él nos dé; ni una incógnita total para los hombres, aunque nos falte vocabulario –es normal- para encararnos con “lo divino, como dijera L. Blomm. 

El famoso silencio de Dios sòlo es silencio para los de la doble ceguera que delataba el clásico; la de los ven donde no hay y de los que no ven dionde hay. Como dice un salmo Dios habla desde el trueno y la tormenta;pero sobre todo habla por medio del Hombre-Dios o Dios que se hace hombre para evangelizar a Dios y decir a los hombres de él lo necesario y suficiente para poder buscarle y encontrarle de verdad.

Dieu malgré tout. Jacques Duquesne -su autor- merece ser leìdo, pensado y reflexionado a partir de su libro.

Y seguiré rezando todas las mañanas aquello que Concha Sierra me dijo que ella –gran mujer, gran jurista y muy buena cristiana- rezaba todos los días de su vida: al levantarse y dar las gracias por la vida y el sol: “Señor, no te canses nunca de haberme hecho libre. Te lo pido por favor,. No ejerzas tu omnipotencia”.

Seis días de octubre

Alberto Pérez de Vargas
Europa Sur


Si se cumplieran las escrituras, el día 6, debiera de ser proclamada la República Catalana, a las ocho y diez de la tarde: “En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña”. 

Así se pronunció el presidente Lluís Companys en 1934, proclamando el Estado Catalán, ese día a esa hora, en el balcón de la Generalidad. 

Familiarizarse con lo que sucedió a lo largo de esos seis primeros días del mes de octubre de 1934, es muy recomendable. Como lo es la observación del estado de manifiesta debilidad del Gobierno de la República, que casi paralelamente habría de sufrir el intento de golpe de Estado del que el dirigente socialista Francisco Largo Caballero, fue inspirador y cabecilla. 

En Asturias se proclamó la “República Socialista” y los mineros saquearon cuarteles, iglesias y ayuntamientos.

No estamos peor que entonces, ni mucho menos. Pero debiéramos tener en cuenta que, como ocurre con el terrorismo, el nacionalismo da beneficios a un determinado sector de la sociedad que se sirve de esa clase de instrumentos. No parece que sea posible llegar a más de lo ya ocurrido en Cataluña, donde los altos representantes del Estado, parte de los funcionarios y de las fuerzas de orden público autonómicas han podido operar con manifiesta ilegalidad e impunidad. Con todos en activo y en nómina, y ahí siguen de momento.

Visto el contundente y clarísimo discurso del rey, invitando al Gobierno a desactivar el inmovilismo, mientras este artículo viaja hasta la Redacción del periódico y a pesar de que los medios disponibles hacen que la comunicación sea prácticamente instantánea, pueden suceder cosas que conviertan el comentario en una banalidad. 


Así estamos, no ya por la deslealtad del presidente de la Generalidad y de sus consejeros y demás altos cargos, que se han burlado del Estado de Derecho y del mismísimo sistema; no ya, digo, por ese insólito comportamiento, sino más y sobre todo, porque el Gobierno de España ha permitido que haya podido ocurrir. 

No es tan grave que los delincuentes preparen lo que convenga a sus propósitos, como que el Gobierno sea incapaz de detenerlos inmediatamente, dando lugar a que los afectados, los españoles en su conjunto, se sientan desvalidos, impotentes ante esa oscura complicidad entre falsedad, maldad e ignorancia de la que se valen los cobardes y los criminales.

Diálogo para besugos

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


La famosa cabecera 

El cruce de cartas entre Rajoy y Puigdemont ya lo había leído cuando gastaba rodilleras. Las escribió el barcelonés Armando Matías Guiu y están recogidas en una recopilación de sus columnas tituladas Diálogos para besugos.

Siempre hablan dos personajes y Matías Guiu las inicia con un “Buenos días” que es respondido por el otro con un “Buenas tardes”. A partir de ahí ya sabes que cada uno va a lo suyo, que disparatan y que el resultado será siempre un pandemónium ininteligible; eso sí, con mucho humor y mucho surrealismo.

En el caso que nos ocupa desaparece el humor y se acrecienta el surrealismo. ¡Qué barbaridad! ¿Y éste es el hombre que reclama diálogo? ¡Pero si no sabe!

Saber, sabe. Pero le pasa lo mismo que a su paisano Matías Guiu. Ambos han inventado una realidad paralela y deambulan por ella como Perico por su casa. El humorista consigue que el lector se parta de la risa, y el político, del llanto.

Puigdemont se ha instalado en esa otra dimensión desde hace muchos meses y ha conseguido que mucha gente, dentro y fuera de Cataluña, caiga en sus falacias: el reino de Cataluña, España nos roba, el derecho a decidir, nuestra ley de referéndum, hubo 800 heridos, nuestra manifestacion fue más grande, hay presos políticos, el 155 es represivo y declaramos la independencia un poquito.

Todo es falso. Todo es achicoria para consumo interno de irreductibles que cuando ven desfilar las empresas hacia otros pagos _ nunca mejor dicho _, piensan que solo son unas vacaciones y que volverán corriendo a su amado lar.

Por extraño que parezca, ni Puigdemont quiere la independencia, porque sabe que es imposible; ni Rajoy quiere el 155, porque sabe que es abrir la caja de Pandora.

Y mientras tanto siguen diciéndose cosas y viendo cómo huye el dinero. “Buenos días”. “Buenas tardes”.

13 octubre 2017

Año XIV - Nº 1057

"¿Por qué “identidad” suena bien cuando lo dice la izquierda y no la derecha?"

Editorial
EL SEMANAL DIGITAL

Publicamos íntegro y traducido el demoledor editorial de Charlie Hebdo que da un varapalo al soberanismo catalán y lo relaciona con la extrema derecha xenófoba antieuropea.

El conocido semanario satírico frances Charlie Hebdo, célebre y respetado en todo el mundo tras sufrir un brutal atentado islámico que dejó 12 muertos y 11 heridos en su redacción, ha publicado un durísimo y esclarecedor Editorial contra el soberanismo catalán. Por su interés, lo reproducimos íntegro traducido.

TONTERÍA O MUERTE

El referéndum organizado en Cataluña para su independencia hace temblar a Europa. Si todas las regiones europeas que tengan una lengua, una historia, una cultura originales empiezan a reclamar su independencia, el Viejo Continente se va a fragmentar como el casquete polar bajo los efectos del recalentamiento climático.

Puesto que hay unas doscientas lenguas en Europa, ¿por qué no crear doscientos nuevos países? ¿Y por qué no proclamar tantas declaraciones de independencia como quesos y vinos hay en el continente?

La independencia, sí, pero ¿respecto a qué? Es legítima la independencia cuando uno quiere liberarse de la tiranía o la opresión. ¿De qué destino trágico quieren hoy liberarse hoy los catalanes? En 1977, poco después de morir Franco -éste había prohibido el uso del catalán después de su victoria en 1939-, la Generalitat de Cataluña fue restablecida, y luego la región se dotaba de un parlamento y de un gobierno regionales.

Franco ya no está
Pero hoy, cuando Franco ya no está, hay que buscarse otro tirano al que poder derribar. Será el Estado español y, por supuesto, la peor dictadura jamás conocida en el mundo: la Unión Europea con sede en Bruselas.

Detrás de esa palabra esplendorosa, independencia, se ocultan preocupaciones a veces menos nobles. Como pasa con la Liga Norte en Italia, siempre la reclaman las regiones más ricas. Cataluña quiere la independencia porque ya no quiere soltar dinero a las otras regiones españolas menos ricas que ella.

Es como si oyéramos de nuevo la voz de la innoble Margaret Thatcher: “I want my money back”. La lengua, la cultura, las tradiciones están muy bien para las postales, pero la pastaestá mucho mejor. Las regiones pobres de Europa pocas veces bajan a la calle para obtener su independencia.

Más allá de estas consideraciones mercantiles, es curioso oír algunas voces de la izquierda reclamar la independencia de una región como Cataluña en nombre de una identidad cultural, que, por cierto, nadie cuestiona.

Y además, ¿por qué la identidad cultural reivindicada por los catalanes debería ser tomada en cuenta y no la identidad cristiana defendida por los xenófobos europeos? ¿Por qué las palabras “identidad” o “cultura” suenan bien cuando las pronuncia la izquierda, pero se convierten en infames cuando es la derecha y la extrema derecha las que las pronuncian?

La cercanía a la extrema derecha
La independencia de Cataluña no tiene por objeto liberar a esta región de una tiranía que ya no existe, ni permitir a la economía ser próspera, puesto que ya lo es, y mucho menos obtener el derecho a hablar una lengua autorizada desde hace tiempo. La obsesión identitaria que se expande por Europa como la podredumbre de una fruta afecta a la extrema derecha pero también a la izquierda. El nacionalismo de derechas y el de izquierdas tienen un punto en común: el nacionalismo.

Cuando Cataluña haya roto las cadenas que la atan a la monarquía española y al Santo Imperio Europeo, ¿qué ocurrirá? Al son de los tambores y de los pífanos, los gallardos independentistas desfilarán por las calles de Barcelona como si fueran la Columna Durruti, las jovencitas lanzarán pétalos de rosa a los militantes que habrá desafiado con arrojo al Estado policial español, corales infantiles con niños de pelito rizado cantarán a la libertad recobrada y al euro derrotado, las abuelas desdentadas tejerán banderas con los colores de la nueva República, y los bisabuelos desempolvarán la boina que llevaban en el frente en el 36.

Será muy bello, emotivo, magnífico. Y luego, al final de la tarde, todo el mundo volverá a su casa para plantarse delante de la tele y ver el concurso de turno o el partido del Barça en cuartos de final de la Copa. Cataluña bien se lo merece.

El separatismo es pecado

Vicente Alejandro Villamón
Religión en Libertad


En 1884, en el tramo final de la Revolución Gloriosa que puso en fuga a la oronda doña Isabel II, el sacerdote sabadellense mosén Félix Sardá y Salvany publicó un folleto bajo el título El liberalismo es pecado

El folleto alcanzó un gran éxito, hasta el punto de ser reeditado varias veces en los años siguientes, y traducido a numerosas lenguas extranjeras. Terminó convirtiéndose en la “biblia” del integrismo político.

Posteriormente era de buen tono ridiculizar el librito y mofarse de su autor, sin embargo mosén Sardá no estaba del todo desencaminado teniendo en cuenta la época en que lo publicó. El liberalismo, en sí mismo, desprovisto de adherencias y apropiaciones indebidas, es una filosofía político-económica beneficiosa para los individuos y las sociedades que la tienen como guía, en tanto que defiende la libertad responsable de las personas, la economía libre, la iniciativa económica personal y fundamenta el sistema político democrático al modo occidental. 

Tuvo como precursores al jesuita talaverano Juan de Mariana (1536-1624), y seguidamente a los teólogos humanistas de la Escuela de Salamanca (siglo XVII, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín de Azpilicueta, Tomás de Mercado, Luis de Molina, Francisco Suárez, etcétera).

Pero en la época en que vivió mosen Félix Sardá, las logias masónicas se habían apropiado de las formaciones políticas que se decían liberales. Por consiguiente, en tanto que masónicas, tenían los mismos tics y cojeras conceptuales y prácticas que la masonería: sectarismo, relativismo, laicismo y cristofobia. En este sentido, aquel liberalismo, ciertamente, era pecado.

Lo mismo estamos viviendo ahora con el separatismo. Su difusión cada vez más extensa y su imposición a la trágala a toda la sociedad catalana está produciendo males sin cuento a Cataluña y de rebote a toda España. Ha envenenado hasta extremos inauditos las relaciones sociales del antiguo principado, ha dividido en dos a los catalanes en términos próximos a una guerra civil, de momento todavía sin armas, pero con un odio muy peligroso.

Desde hace muchos años, muchos, se viene predicando, a partir de la escuela infantil y no pocas parroquias, un odio visceral a España realmente perverso, además con falsedades y mentiras históricas que no podrían mejorar la propaganda de los regímenes totalitarios.

La sociedad ha sido dividida y enfrentada en bandos irreconciliables, vecinos y compañeros de trabajo han dejado de hablarse, muchas familias se han roto por motivos políticos, el caínismo parece dominarlo todo. El ambiente se está volviendo irrespirable. El amor fraterno según la doctrina católica ha saltado por los aires. En el plan de los separatistas sólo cabe la sumisión a la república exclusiva y excluyente que propugnan, como ya han hecho con los medios informativos locales.

Lo peor de todo, a mi juicio, es el fervor con que defiende este modelo próximo al totalitarismo cierto sector del clero catalán y algún que otro obispo local, sin reparar en que todo lo que hace daño a las conciencias de las gentes y a la sociedad es pecaminoso, todo lo que emponzoña la tolerancia y la buena vecindad no es admisible en buena lógica cristiana.

Además pretenden, falsificando la verdad histórica, restaurar una quimera que no existió nunca. Cataluña, la Cataluña con entidad propia y ajena a la nación española, no existió nunca. Podría encontrarse algunos vestigios de una relativa independencia en los primitivos condados pirenaicos de la Reconquista, finalmente reunidos en el condado de Barcelona que voluntariamente se adhirió al reino de Aragón en tiempos de aquel gran soberano que fue Ramón Berenguer IV el Santo (siglo XII). 

Desde entonces ha tenido largas épocas de autonomía, como diríamos ahora, pero dentro de las coronas primero de Aragón y luego de España. Y ya no hay más. Lo de ahora, por tanto, es antihistórico, antinatura en un mundo que tiende a las grandes integraciones internacionales y, por añadidura, anticristiano.

12-O, tormenta rojigualda

Raúl del Pozo
EL MUNDO


Las esteladas separatistas han desencadenado una tormenta rojigualda, con cerradas ovaciones al Rey Felipe VI, besos y abrazos a los policías y a los guardias civiles. Ayer, Madrid fue una sinfonía de clarines, música militar, Hércules, cazas, paracaidistas, canciones de amor a España, cargas de fusilería.

Pocas veces se han visto tantas banderas en las aceras y en los cuellos, quizás porque ya no asustan, como en la Transición, cuando las llevaban tipos con botas de pisar personas. Inés Arrimadas, una mujer-bandera, una política-bandera, exige a los que las izan que retiren las enseñas preconstitucionales. Inés, como María Pineda, tiene empaque de heroína lorquiana y está dispuesta a bordar su vida en la bandera de la Constitución. Simboliza la nueva reacción de la gente airada ante el fanatismo nacionalista.

La líder de la oposición en Cataluña acusó a Puigdemont -el mismo día en el que éste hizo el ridículo con el aborto de su república- de pulverizar el Estatut, el Parlament y la Constitución, además de representar el peor nacionalismo de Europa. Dijo, además, que lo de Cataluña no va de democracia, sino de fronteras.

Ayer, la dirigente de Ciudadanos salió a la calle en Barcelona encabezando la manifestación de Societat Civil, entre banderas de España. Pedían prisión para Puigdemont. Celebraban así la Fiesta Nacional cuando están cambiando, vertiginosamente, las ideas de las nuevas generaciones respecto a la bandera y la unidad de la nación.

La Fiesta Nacional del 12 de Octubre pone como motos a los nacionalistas. Evitan asistir a ella, la desprecian por franquista. Ayer faltaron al desfile Urkullu, Uxue Barcos y, por supuesto, Carles. Se suelen hacer en estos días pintadas en la estatua de Colón de Barcelona; este año le han colocado el hashtag 'NadaQueCelebrar'. Recuerdan en las redes y en las pintadas que el Descubrimiento fue un saqueo, un genocidio, un expolio, aunque para muchos españoles y extranjeros fue la máxima expresión de la épica.

Se observa una ascensión, de momento resistible, de un amor recién cocido a España. Este año se celebró la Fiesta en un momento de crisis de Estado. Hubo muchos selfies, muchos besos a los soldados. Los desfiles militares son rituales de Estado en honor al Ejército. Hoy, el poder está más en las calles que en las bayonetas, pero a la gente le fascinan las marchas y paradas, que inventaron los romanos para recibir a las legiones que habían conquistado parte del mundo. Las aclamaban cuando atravesaban los arcos de triunfo con cuádrigas, perros, caballos y elefantes.

11 octubre 2017

Violación con gatillazo

Federico Jiménez Losantos
EL MUNDO


Cocomocho y Junqueras (el racista que presume de compartir ADN con Alain Delon y no con españoles tan feos como la jefa de la oposición, que le dio una tunda de aúpa) parecían ayer los hermanos Tonetti sin maquillar, antes de salir a la arena del circo a hacer reír a los niños. 

El lío verbal, que no discurso, perpetrado por Cocomocho, que a ratos pareció calamocano, fue como si el penúltimo golpista célebre, Tejero, tras gritar: "¡quieto todo el mundo!" y "¡se sienten, coño!" hubiera apretado el gatillo, y de la punta del pistolón hubiera salido un ramo de flores de trapo. Maldita la gracia que les hubiera hecho la broma a sus señorías, sobre todo a Felipe, al que le habían caído encima ciento diez quilos de Peces Barba.

El socio de los golpistas catalanes en Madrid, que es Pablo Iglesias, quiso disimular la charlotada de Barcelona con un rápido tuit en el que decía que "no se podía decir que había proclamado la independencia". Esfuerzo inútil. Tal vez sin querer, porque hay marmolillos que cristalizan en adoquín, lo que hizo ayer Tejemocho fue proclamar la independencia dos veces: la primera, para afirmarla y la segunda, más contundente, para suspenderla... mientras a él le parezca.

Como solo se puede dejar en suspenso lo que previamente existe, en este caso la independencia de la proclamada República Catalana, el delito perpetrado ayer por el golpismo catalán -y sus socios mediáticos y políticos- fue tan sórdido como habitual: la típica violación con gatillazo. 

Es muy frecuente que los violadores en serie sean impotentes, porque su placer deriva del poder que ejerce el violador sobre un ser indefenso, nunca de una relación sexual inexistente. Y eso es lo que mostró ayer Puigdemont, llamado El Mocho por los suyos antes de que fuera algo más que el número 4 por Gerona de la banda de los Pujol: impotencia.

El acto de fuerza que supone la violación de todas las leyes -Constitución, Estatuto, normas parlamentarias-, amén del victimismo zarrapastroso y la patológica mendacidad, se convirtió en una prueba de debilidad. Dependerá de Rajoy aprovechar ese gatillazo para castigar la violación, ataque rastrero contra la libertad de todos los españoles, catalanes incluidos. Puede y debe hacerlo, en beneficio propio y de la nación. ¿Lo hará? Lo dudo, pero ojalá. Los violadores, a la cárcel.

Som República independent però només una mica

Jesús Cacho
Voz Pópuli


Qué decepción. Puchi nos ha decepcionado. Éramos muchos los que pensábamos que bajo esa mata de pelo que luce Carles Puigdemont había una cabeza poderosa y un corazón de hierro dispuestos ambos a llegar con su desafío hasta el final; muchos creímos que estabas soñando con asumir de una vez por todas tu papel de mártir, deseando que te metieran en la cárcel, porque has ido demasiado lejos ya y no te ibas a rajar en la estación término de tu viaje a la gloria, tu vuelo a las páginas de la historia como el gran héroe de la República Independiente de ninguna parte.

De modo que, suponíamos, ibas a ir adelante con los faroles y salga el sol por Antequera, entre otras cosas, además, porque aunque quisieras flaquear al rozar el precipicio, aunque el vértigo del momento te aconsejara dar un paso atrás, no ibas a poder, querido, porque ahí al lado, en el Arco del Triunfo, frente a la sede del TSJC, el 'generalito' Jordi Sánchez, uno de los poderes fácticos de esta revolución de Polichinela, se había situado al frente de sus tropas de la ANC dispuesto a no darte opción, a recordarte que sus 20.000 fieles, pongamos 30.000, no te iban a permitir un paso atrás.

Pero te lo has hecho en los calzones. Te ha vencido el miedo. Te has asustado. Estás asustado, Puchi. Estabas asustado ayer tarde cuando te subiste a la tribuna del Parlament, aunque trataste de disimularlo con un largo discurso cargado de los tópicos de siempre, las falsedades de costumbre, el desprecio xenófobo habitual hacia España y lo español, el desdén calculado –marca de la casa- hacia esa mayoría de catalanes que no te bailan el agua, el desvarío de esa interpretación enloquecida de nuestra historia reciente compartida, la falsificación total de datos, cifras y fechas, esa mentira que el nacional-catalanismo viene enseñando en las escuelas desde hace décadas.

Y en tu delirio pretendiste ayer dar carta de naturaleza a un referéndum donde la gente podía votar cuatro veces o las que le viniera en gana, un referéndum sin las mínimas garantías democráticas, y por llegar llegaste a enarbolar como argumento de razón los 800 famosos heridos que nunca existieron, hasta ahí llegó tu desvergüenza, Puchi, hasta ahí tu mentira, y por rizar el rizo te abrazaste a uno de esos tótems que sirvieron para arremeter en origen contra la convivencia centenaria entre españoles: el famoso “Espanya ens roba”, los 16.000 millones que los chorizos del 3%, los hijos de Jordi Pujol, se sacaron de la manga como medida de los supuestos agravios del Estado a Cataluña.

De modo que, cargado de las razones históricas, políticas y morales someramente citadas, proseguiste con la farsa -porque eso fue lo que ayer vimos en el Parlament, una gigantesca farsa-, aludiste a un extraño “mandato de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de República”, que de inmediato metiste en la nevera -dicen que la Cataluña supremacista y xenófoba que representáis fue independiente durante 8 segundos, récord del mundo-, porque suspendiste sus efectos en busca de un diálogo con el Gobierno central impulsado, forzado te gustaría pensar, por la presión internacional, la de esa Unión Europea que te ha dado la espalda desde el minuto uno. 

La dura realidad, Puchi, es que en el fondo eres un cagueta, y la única posibilidad que tienes de abandonar el callejón sin salida en el que te has metido, para disimular el monumental ridículo de esta independencia de la puntita nada más, de esta independencia pero nomes una mica, es que esa nebulosa mediación exterior venga a sacarte las castañas del fuego, y a evitar que, ahora sí, vayas por fin a dar con tus huesos de golpista, de enemigo de la libertad de la mayoría de los catalanes y españoles, en la cárcel, que es lo que mereces. 

No nos vuelvas a decepcionar, Mariano

No puede haber mediación exterior posible porque, te lo dijo bien claro, en varios idiomas, el bailarín Iceta, la voluntad del 38% de los catalanes –dando por buenos, que ya es dar, los resultados de ese referéndum por ti cocinado- no puede prevalecer sobre la del 62% restante, la minoría no puede imponerse sobre la mayoría, Puchi, eso lo entienden en París y en Tombuctú, nadie se va a prestar a esa mascarada como no sean esos observadores internacionales que trajiste a tu referéndum a gastos pagados, como no sea algún dictador latinoamericano o esa nueva versión de los zares rusos que encarna el sátrapa Putin. 

Te has venido abajo, Puchi, y no hacía falta más que ver tu cara y la de tus conmilitones de JxSí tras acabar las intervenciones de la oposición democrática, para saber la herida mortal que llevas encima, la carita de Mas anoche, la de la Forcadell, esa demócrata de pelo en pecho, la de Junqueras, el garbo con el que cantabais todos Els Segadors, la alegría que irradiabais, debía ser el olor, tenía que ser el olor a detritus humano expelido por el miedo al futuro inmediato que os espera. Y es que has cabreado a todo el mundo, Puchi, de modo que ahora no solo vas a tener en frente al Estado, sino también a la CUP, los camisas pardas del prusés que ayer se fueron rebotados del Arco del Triunfo, átate los machos, que te va a caer la del pulpo con las tropas de asalto cuperas.

Y bien, Mariano, ya te han declarado la independencia, la puntita nada más pero la independencia, la independencia enmascarada por esa tregua trampa de la invitación a negociar, y además te lo han rubricado en un papel que en cierto modo es mucho más duro, más taxativo, que el melifluo discursito de Puchi, de modo que ya no caben excusas de mal pagador, ahí te quiero ver, Mariano, ahora ya no hay puerta tras la que puedas esconderte, salida que te permita inhibirte, argumento que te ayude a escaquearte; ahora tienes que pasar de una vez por todas a la ofensiva y hacer prevalecer el Estado de Derecho, restablecer el orden constitucional. 

La izquierda radical populista, los Pablemos, los Coscubiela y demás patulea amante de la felicidad de España y los españoles andaba anoche jaleando entusiasmados la “oferta” de diálogo lanzada por Puchi, “y espero que al señor Rajoy no se le ocurra tomar medidas drásticas”, decía en La Sexta el infatuado macho alfa de Podemos. Así que no nos avergüences más, Mariano. Estas obligado a abortar este golpe de Estado que es también, y por encima de todo, un intento claro de liquidar el régimen del 78, lo que equivale a decir que es una invitación a saltar al vacío para 46 millones de españoles que acaban de vivir el periodo más largo de paz y prosperidad de la historia de España y que en buena lógica no están dispuestos a perder ni su bienestar ni su libertad. 

Estás avisado. No nos vuelvas a decepcionar. No te rajes. Sé fuerte, Mariano.

09 octubre 2017

También la “correctio” genera “dubia”. El comentario de un filósofo del derecho

Sandro Magister
Infovaticana



Recibo y publico. El autor es magistrado administrativo en Roma y estudioso de filosofía y derecho. Su comentario a la “correctio” dirigida al Papa Francisco por siete herejías de las que éste se habría hecho propagador suena como el inicio de ese diálogo sobre la interpretación de “Amoris laetitia” que el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, ha definido ayer “importante también dentro de la Iglesia”, que el cardenal Gerhard Müller desea que se ponga en marcha entre un grupo de cardenales nombrados por el Papa y los dudosos, y sobre el cual el propio Francisco ha intervenido el 10 de septiembre – cuando la “correctio” ya le había sido enviada – diciendo textualmente a los jesuitas de Colombia en un encuentro a puerta cerrada, según cuanto ha relatado “La Civiltà Cattolica”:

[Quiero] decir una cosa que creo que la debo decir en justicia y también por caridad. Porque escucho muchos comentarios – respetables porque los dicen hijos de Dios, pero equivocados – sobre la Exhortación apostólica postsinodal. Para entender ‘Amoris laetitia’ hay que leerla de principio a fin. Empezar con el primer capítulo, continuar por el segundo… y así siguiendo… y reflexionar. Leer qué cosa se ha dicho en el Sínodo.

“Una segunda cosa: algunos sostienen que la moral que que está a la base de ‘Amoris laetitia’ no es una moral católica o, al menos, que no es una moral segura. Ante esto quiero reafirmar con claridad que la moral de ‘Amoris laetitia’ es tomista, la del gran Tomás. Pueden hablar de esto con un gran teólogo, entre los mejores de hoy y entre los más maduros, el cardenal Schönborn. Esto lo quiero decir para que ayuden a la gente que cree que la moral es pura casuística. Ayúdenlos a darse cuenta que el gran Tomás tiene una riqueza muy grande, capaz también hoy de inspirarnos. Pero de rodillas, siempre de rodillas…”.


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ALGUNAS PREGUNTAS ANTES DE HABLAR DE HEREJÍA

por Francesco Arzillo

1. La publicación de una “correctio” formal dirigida al Papa suscita diversos interrogantes.

¿Es posible corregir a los correctores? La tradición especulativa medieval nos dice que sí: basta pensar en el famoso “Correctorium fratris Thomae” de William de la Mare, a su vez contestado por varios “Correctoria corruptorii”, obra de diversos autores.

Ante un acto tan grave y singular, que supera con audacia el foso que separa el “dubium” del juicio en una materia tan delicada, es posible limitarse ahora a algunas preguntas, relacionadas con las siete propuestas consideradas como “falsas y heréticas” y los correspondientes supuestos que emergen de la lectura de todo el texto.

2. Empecemos con dos cuestiones de método.

2.1. En primer lugar, las propuestas individuadas como heréticas parecen ya constituir el fruto de una hermenéutica de las declaraciones y los documentos papales, además de -acumulativamente- las acciones y omisiones atribuidas al mismo. Se trata, por así decir, de propuestas “de segundo grado”.

La primera pregunta es, por consiguiente, doble:

– ¿Por qué no se han reproducido, en la parte central del texto formulada en latín, directa y exclusivamente las propuestas originales de los textos papales?

– En el caso de que las propuestas hagan referencia también a los comportamientos activos y omisivos del Papa, ¿se ha proporcionado una demostración suficiente sobre la congruencia de las mismas en relación a dichos comportamientos?

2.2. La segunda pregunta es:

– la calificación de herejía, ¿es considerada aquí en su sentido propio, concerniente a las doctrinas que requieren el asentimiento de fe teologal (doctrinas “de fide credenda”) según el can. 750 § 1 del Código de derecho canónico?

¿O los redactores pretenden atribuir la calificación de “herejía” también a las afirmaciones que contrastan sólo con las doctrinas “de fide tenenda”, según el can. 750 § 2 del Codice, entre las cuales, según la nota doctrinal ilustrativa de la congregación para la doctrina de la fe anexa al Motu proprio de 1998 “Ad tuendam fidem”, hay que incluir también no pocas verdades de orden moral? Y en caso positivo, ¿cómo se justificaría esta calificación, que no parecería ser conforme a las indicaciones de la misma nota?

3. Procedamos ahora con las siguientes preguntas a pie de página presentes en las sietes propuestas definidas “falsas y heréticas”:

1) “Una persona justificada no tiene la fuerza, con la gracia de Dios, para seguir las exigencias objetivas de la ley divina, como si cualquiera de los mandamientos de Dios fuera imposible para los justificados; o como significando que la gracia de Dios, cuando produce la justificación del individuo, no produce invariablemente, y de su propia naturaleza, la conversión de todo pecado grave, o no es suficiente para la conversión de todo pecado grave.”
¿En qué punto de su enseñanza el Papa habla de imposibilidad de observar los mandamientos por parte de quien está justificado?

¿Con esto se hace referencia a una imposibilidad absoluta o a una dificultad concreta más o menos grave, aunque sea temporal?

Las dos hipótesis ¿son equiparables en relación a la doctrina expuesta en el capítulo 11 del decreto sobre la justificación del Concilio de Trento?

2) “Los católicos que han obtenido el divorcio civil del cónyuge con el cual están válidamente casados y han contraído un matrimonio civil con alguna otra persona durante la vida de su cónyuge, y que viven ‘more uxorio’ con su pareja civil, y que eligen permanecer en este estado con pleno conocimiento de la naturaleza de su acto y con pleno consentimiento de la voluntad del acto, no están necesariamente en un estado de pecado mortal, y pueden recibir la gracia santificante y crecer en la caridad.”

3) “Un creyente católico puede tener pleno conocimiento de una ley divina y elegir violarla voluntariamente en una materia grave, pero no estar en un estado de pecado mortal como resultado de este acto.”

Considerando que en el n. 305 de “Amoris laetitia” se dice que “a causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia”, ¿en qué sentido este pasaje reflejaría las afirmaciones presentes en las propuestas “heréticas” 2 y 3, mientras que parecería, en cambio, contradecirlas ciertamente, con referencia al requisito de la culpabilidad subjetiva?

Además, ¿en qué otro pasaje de sus documentos o discursos el Papa ha afirmado que dichos cristianos, en presencia de la plena consciencia de la naturaleza de su acción y con plena posesión de la voluntad, no estarían en pecado mortal?

4) “Una persona, mientras obedece una prohibición divina, puede pecar contra Dios por medio de este mismo acto de obediencia.”

¿De dónde ha salido esta propuesta, formulada en estos términos?

5) “La conciencia puede juzgar verdadera y correctamente que los actos sexuales entre personas que han contraído un matrimonio civil entre sí, aunque uno, o ambos, esté sacramentalmente casado con otra persona, a veces pueden ser moralmente correctos o reclamados o incluso mandados por Dios.”

¿Cómo se relaciona esta propuesta con la de “Amoris laetitia”, n. 303, en la que se lee: “Pero esa conciencia puede reconocer no sólo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo”?

¿Se trata de una diversidad sólo lingüística o de tipo expresivo, o también de una diversidad en el contenido?

6) “Los principios morales y las verdades morales contenidos en la revelación divina y en la ley natural no incluyen prohibiciones que condenan absolutamente ciertos tipos de actos, porque son siempre gravemente ilícitos a causa de su objeto.”

La afirmación de “Amoris laetitia” 304 según la cual “es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares”, ¿de verdad contradice bajo cualquier aspecto la doctrina del “intrinsece malum”?

¿Sucede esto allí donde se tiene en cuenta, al valorar las situaciones particulares, los perfiles pertinentes a la culpabilidad subjetiva, que en cuanto tales no se atienen al objeto de las acciones?

7) “Nuestro Señor Jesucristo quiere que la Iglesia abandone su antiquísima disciplina de denegar la Eucaristía a los divorciados y nuevamente casados, y de denegar la absolución a los divorciados y nuevamente casados que no expresen ninguna contrición, ni el propósito firme de enmendarse de su actual estado de vida.”

¿La intención aquí es decir que el abandono de la disciplina (entendida como disciplina canónica) subsiste también donde se recurra a la clásica “probata praxis in foro interno”, reconsiderada a la luz de las indicaciones de “Amoris laetitia”, en lo que concierne a la absolución en la confesión?

En lo que atañe a la Eucaristía, ¿cuál es la relación, según la “mens” de los redactores de la “correctio”, a los fines que aquí interesan, entre la noción de “pecado mortal” y la noción de “pecado grave manifiesto” del artículo 915 del Código de Derecho Canónico tal como es interpretada por la “Declaración sobre la admisibilidad a la Sagrada Comunión de los divorciados que se han vuelto a casar” del pontificio consejo para los textos legislativos, publicada en el año 2000?

4. Las preguntas que se sugieren aquí no agotan el tema. Sin embargo, se espera que provoquen ulteriores reflexiones en los autores de la “correctio” y en quienes desean compartir su propuesta sin ni siquiera imaginar la enorme complejidad de las cuestiones en juego cuando se utiliza la palabra “herejía”, sobre todo cuando se aplica a los textos magisteriales.

En cualquier caso, hay que animar al fiel católico que presta el necesario “asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad” (can. 752) al magisterio ordinario papal, en cuyo ámbito entra también “Amoris laetitia”, para que se mantenga en una disposición de espíritu positiva.

Para el resto, la cuestión de la interpretación y la aplicación de este texto tendrá futuros desarrollos y contribuciones por parte de pastores, teólogos y fieles.

Como tampoco hay que excluir la posibilidad de ulteriores -tal vez deseables- intervenciones de la sede petrina, en un futuro más o menos próximo.