06 febrero 2010
01 febrero 2010
El parto de los montes
Editorial
ABC
De nuevo el Gobierno ha jugado con las apariencias e ignorado la gravedad de la situación al dejar pasar una oportunidad para tomar una de las iniciativas, la reforma del mercado de trabajo, que se le vienen reclamando insistentemente por organismos internacionales y organizaciones empresariales. Ayer, el Consejo de Ministros no aprobó reforma laboral alguna, sino una serie de líneas generales -mejor cabría decir «genéricas»- que fueron la excusa para que Rodríguez Zapatero organizara un acto de presentación con empresarios y sindicatos. Mucha propuesta, pero pocas medidas concretas, quizá porque la necesidad apremiante de dar confianza a los mercados cedió el paso a la necesidad apremiante de combatir las encuestas con apariencia de movimiento sin compromiso. Habría bastado para cambiar la percepción de confusión que ahora transmite que el Gobierno hubiera aplicado a la reforma laboral el mismo empeño y diligencia que demostró ayer con los controladores aéreos, zanjando sus protestas por Real Decreto-Ley, que es un mecanismo de legislación excepcional y urgente. Parece, sin embargo, que el problema que plantean unas docenas de controladores -siendo grave y costoso como es- resulta de mayor entidad que el que tienen millones de trabajadores y parados. El rescate bancario y el plan de obras locales también merecieron un Real Decreto-Ley.
Más de cuatro millones de parados y una tasa de desempleo de 18,8 por ciento son razones suficientes para no esperar más a que sindicatos y empresarios se pongan de acuerdo. Si con dos años de recesión -ayer se confirmó que el PIB del último trimestre de 2009 también fue negativo- el diálogo social no ha dado frutos, la responsabilidad de no introducir reformas en el sistema laboral es del Gobierno. Con el gesto de ayer -sólo eso, un gesto- el Ejecutivo quiere traspasar la carga de la reforma del mercado de trabajo a los agentes sociales, que no responden democráticamente ante los ciudadanos, ni se someten a la publicidad del Parlamento. Ganar tiempo parece la consigna de un Gobierno decidido a no tomar decisiones ingratas. El Ejecutivo no ha aprendido de sus propios errores y ya no sirve refugiarse en el argumento de que sus repuestas se producen al ritmo de los acontecimientos, porque la reforma laboral es una iniciativa que se le ha venido reclamando desde antes de que comenzara la crisis. Y hoy el paro es un problema mucho más grave por la insoportable pasividad de un Gobierno perdido.
ABC
De nuevo el Gobierno ha jugado con las apariencias e ignorado la gravedad de la situación al dejar pasar una oportunidad para tomar una de las iniciativas, la reforma del mercado de trabajo, que se le vienen reclamando insistentemente por organismos internacionales y organizaciones empresariales. Ayer, el Consejo de Ministros no aprobó reforma laboral alguna, sino una serie de líneas generales -mejor cabría decir «genéricas»- que fueron la excusa para que Rodríguez Zapatero organizara un acto de presentación con empresarios y sindicatos. Mucha propuesta, pero pocas medidas concretas, quizá porque la necesidad apremiante de dar confianza a los mercados cedió el paso a la necesidad apremiante de combatir las encuestas con apariencia de movimiento sin compromiso. Habría bastado para cambiar la percepción de confusión que ahora transmite que el Gobierno hubiera aplicado a la reforma laboral el mismo empeño y diligencia que demostró ayer con los controladores aéreos, zanjando sus protestas por Real Decreto-Ley, que es un mecanismo de legislación excepcional y urgente. Parece, sin embargo, que el problema que plantean unas docenas de controladores -siendo grave y costoso como es- resulta de mayor entidad que el que tienen millones de trabajadores y parados. El rescate bancario y el plan de obras locales también merecieron un Real Decreto-Ley.
Más de cuatro millones de parados y una tasa de desempleo de 18,8 por ciento son razones suficientes para no esperar más a que sindicatos y empresarios se pongan de acuerdo. Si con dos años de recesión -ayer se confirmó que el PIB del último trimestre de 2009 también fue negativo- el diálogo social no ha dado frutos, la responsabilidad de no introducir reformas en el sistema laboral es del Gobierno. Con el gesto de ayer -sólo eso, un gesto- el Ejecutivo quiere traspasar la carga de la reforma del mercado de trabajo a los agentes sociales, que no responden democráticamente ante los ciudadanos, ni se someten a la publicidad del Parlamento. Ganar tiempo parece la consigna de un Gobierno decidido a no tomar decisiones ingratas. El Ejecutivo no ha aprendido de sus propios errores y ya no sirve refugiarse en el argumento de que sus repuestas se producen al ritmo de los acontecimientos, porque la reforma laboral es una iniciativa que se le ha venido reclamando desde antes de que comenzara la crisis. Y hoy el paro es un problema mucho más grave por la insoportable pasividad de un Gobierno perdido.
Rezar lo que sabe y donde no debe
Tomás Cuesta
ABC
Que Zapatero haya querido interpretar la Biblia como si fuera un manual de relaciones laborales es una grosería tragicómica y un ejercicio de ligereza irresponsable. Que haya tomado en vano el nombre de Cervantes para reivindicar el español allende el charco mientras fomenta la tiranía deslenguada en un lugar de Europa de cuyo nombre no quiere acordarse supone rizar el rizo del descaro. Que haya quien considere que se ha ganado a pulso figurar en el Éxodo como undécima plaga es una triste gracia y un chiste barato, pero tampoco merece más el personaje. A fin de cuentas, el desayuno de oración ha sido un tentempié irrisorio que ni nos sacará de pobres ni nos redimirá de la insignificancia. Lo que no tiene perdón de Dios -ni de los hombres, a nada que se sigan respetando- es que alguien se haga pasar por piadoso después de cometer un sacrilegio infame. O por civilizado, tras incurrir en la barbarie.
No parece probable que al señor presidente -pese a los arrebatos quijotescos que sufre de cuando en cuando- le ocurra igual que al desventurado hidalgo «que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y el mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio». De lo cual se deduce que, aunque no sea muy leído, Rodríguez Zapatero, «ora et labora», tampoco es un orate: no hay mal que por bien no venga. Queda, pues, excusado de zambullirse en L_vy-Strauss, o en cualquier antropólogo que le quede cerca, a fin de averiguar por qué al irse a Washington y desertar de las exequias del último caído en la no-guerra ha puesto a la virtud a barato y la moral en almoneda. Una comunidad que deshonra a los muertos está herida de muerte, se agosta en la tisis ética. ¿Acaso la soldada ensucia y el jornal ennoblece? ¿Acaso le amedrenta el pacifismo que reina en los cementerios?
Metidos a alternar la sopa boba con la sopa de letras, la receta de Homero es inefable, es olímpica, es... ¡Homérica, en efecto! «¡Congratulations, Chapatero!» La cosa va de que Odiseo y sus compinches consiguen escapar de las garras de Circe (una bruja perversa que seducía a los incautos y luego los transformaba en cerdos. Tal cual Fidel Castro, que diría Cabrera) abandonando los despojos del desdichado Elpénor que tornará, en espíritu, a reclamar lo que le adeudan: «Sé que, partiendo de acá, la morada de Hades, fondearás tu nave en la isla de Eea. Yo te ruego, ¡oh rey!, que al llegar me recuerdes. No partas sin llorar mi cadáver, no ofendas a los dioses con la impiedad de los que no recuerdan. Quema mi cuerpo junto a las armas que me pertenecieron y erígeme un túmulo en la ribera del espumoso mar de modo que la memoria de este hombre se perpetúe en los venideros. Hazlo así y clava en el túmulo aquel remo que pulieron los años y el esfuerzo».
Zapatero, por contra, ni siente, ni padece. Encarna el arquetipo cínico que Oscar Wilde acuñó en una paradoja espléndida: «Conocer el precio de todo y el valor de nada», ésa es la ecuación de la miseria. Rezar lo que no se sabe allí dónde no se debe, formulado en cristiano adusto y evangélico.
ABC
Que Zapatero haya querido interpretar la Biblia como si fuera un manual de relaciones laborales es una grosería tragicómica y un ejercicio de ligereza irresponsable. Que haya tomado en vano el nombre de Cervantes para reivindicar el español allende el charco mientras fomenta la tiranía deslenguada en un lugar de Europa de cuyo nombre no quiere acordarse supone rizar el rizo del descaro. Que haya quien considere que se ha ganado a pulso figurar en el Éxodo como undécima plaga es una triste gracia y un chiste barato, pero tampoco merece más el personaje. A fin de cuentas, el desayuno de oración ha sido un tentempié irrisorio que ni nos sacará de pobres ni nos redimirá de la insignificancia. Lo que no tiene perdón de Dios -ni de los hombres, a nada que se sigan respetando- es que alguien se haga pasar por piadoso después de cometer un sacrilegio infame. O por civilizado, tras incurrir en la barbarie.
No parece probable que al señor presidente -pese a los arrebatos quijotescos que sufre de cuando en cuando- le ocurra igual que al desventurado hidalgo «que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y el mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio». De lo cual se deduce que, aunque no sea muy leído, Rodríguez Zapatero, «ora et labora», tampoco es un orate: no hay mal que por bien no venga. Queda, pues, excusado de zambullirse en L_vy-Strauss, o en cualquier antropólogo que le quede cerca, a fin de averiguar por qué al irse a Washington y desertar de las exequias del último caído en la no-guerra ha puesto a la virtud a barato y la moral en almoneda. Una comunidad que deshonra a los muertos está herida de muerte, se agosta en la tisis ética. ¿Acaso la soldada ensucia y el jornal ennoblece? ¿Acaso le amedrenta el pacifismo que reina en los cementerios?
Metidos a alternar la sopa boba con la sopa de letras, la receta de Homero es inefable, es olímpica, es... ¡Homérica, en efecto! «¡Congratulations, Chapatero!» La cosa va de que Odiseo y sus compinches consiguen escapar de las garras de Circe (una bruja perversa que seducía a los incautos y luego los transformaba en cerdos. Tal cual Fidel Castro, que diría Cabrera) abandonando los despojos del desdichado Elpénor que tornará, en espíritu, a reclamar lo que le adeudan: «Sé que, partiendo de acá, la morada de Hades, fondearás tu nave en la isla de Eea. Yo te ruego, ¡oh rey!, que al llegar me recuerdes. No partas sin llorar mi cadáver, no ofendas a los dioses con la impiedad de los que no recuerdan. Quema mi cuerpo junto a las armas que me pertenecieron y erígeme un túmulo en la ribera del espumoso mar de modo que la memoria de este hombre se perpetúe en los venideros. Hazlo así y clava en el túmulo aquel remo que pulieron los años y el esfuerzo».
Zapatero, por contra, ni siente, ni padece. Encarna el arquetipo cínico que Oscar Wilde acuñó en una paradoja espléndida: «Conocer el precio de todo y el valor de nada», ésa es la ecuación de la miseria. Rezar lo que no se sabe allí dónde no se debe, formulado en cristiano adusto y evangélico.
Por supuesto que la Iglesia condena la homosexualidad
Eulogio López
Hispanidad
No, no tiene razón la estupenda página mexicana http://www.yoinfluyo.com/cuando asegura, en su último número, que la Iglesia Católica no condena la homosexualidad.
Sí que la condena como un desorden intrínsecamente antinatural. Traducido al román paladino, la homosexualidad no es una enfermedad, es una degeneración, no es una patología, es una inmoralidad. Otra cosa es que, desde que el mundo es mundo, el pecado suele producir enfermedades, y la homosexualidad ha producido sida.
A quien la Iglesia no condena es a las personas, esto es, condena la homosexualidad pero no al homosexual, al que, sencillamente, llama a la conversión. Y si por su pasado -el homosexual no nace, aunque en el hombre, mezcla de cuerpo y espíritu, la química también influye, el homosexualidad se hace- tiene, en efecto, tendencias homo, la Iglesia le exige que las reprima, de la misma manera que al casado le exige que reprima su tendencia a ayuntarse con quien no es su esposa.
El matiz es importante, porque el cristianismo, especialmente en la sociedad de la información, de la excesiva información, donde la primera muestra de caridad consiste en no publicar datos inútiles, debe guiarse por el principio de las dos máximas: máxima caricia y máxima claridad.
Hispanidad
No, no tiene razón la estupenda página mexicana http://www.yoinfluyo.com/cuando asegura, en su último número, que la Iglesia Católica no condena la homosexualidad.
Sí que la condena como un desorden intrínsecamente antinatural. Traducido al román paladino, la homosexualidad no es una enfermedad, es una degeneración, no es una patología, es una inmoralidad. Otra cosa es que, desde que el mundo es mundo, el pecado suele producir enfermedades, y la homosexualidad ha producido sida.
A quien la Iglesia no condena es a las personas, esto es, condena la homosexualidad pero no al homosexual, al que, sencillamente, llama a la conversión. Y si por su pasado -el homosexual no nace, aunque en el hombre, mezcla de cuerpo y espíritu, la química también influye, el homosexualidad se hace- tiene, en efecto, tendencias homo, la Iglesia le exige que las reprima, de la misma manera que al casado le exige que reprima su tendencia a ayuntarse con quien no es su esposa.
El matiz es importante, porque el cristianismo, especialmente en la sociedad de la información, de la excesiva información, donde la primera muestra de caridad consiste en no publicar datos inútiles, debe guiarse por el principio de las dos máximas: máxima caricia y máxima claridad.
La reforma-trampa del padre Gabilondo y otras cobardías de color tiza
Pascual Tamburri
El Semanal Digital
(El ministro de Educación propone un consenso educativo al PP que no es ni novedad ni consenso. Una lista de noticias que no son noticia para enredar aún más a los de Rajoy)
Fray Ángel Gabilondo, ministro de Educación en el siglo, quiso celebrar dignamente el día de santo Tomás de Aquino. Desplazado de su fiesta tradicional el 7 de marzo al 28 de enero, el santo patrono de los estudiantes ya no es ni recordado ni festejado… pero eso sí estos días todos los centros educativos no se tasan las horas dedicadas a la Pazzz. Estoy seguro de que los talibanes van a conmoverse al verlo. También los esfuerzos por el consenso educativo merecen unas lagrimitas.
Gabilondo nos ha vendido, el día de santo Tomás, unas cuantas ideas que o son falsas o no son nuevas o ya han fracasado. No es novedad, porque está en la LOE, porque algunas Comunidades lo hacían ya antes y porque otras no lo han querido hacer aún, que 4º de la ESO no sea uniforme y encamine ya a quien quiera hacia la FP. Es falso que crear el PCPI desde 3º de la ESO resuelva el problema del fracaso escolar, porque es un problema estructural que no se soluciona con un parche. Es un fracaso garantizado equiparar la formación de FP de Grado Medio al Bachillerato, lo que daría malos profesionales y malos bachilleres a cambio de nada. Y así hasta 104 propuestas hueras.
La oferta de Gabilondo no es inocente. Si el PP se deja atar al maquillaje de este falso consenso renunciaría otra vez a desarrollar plenamente su propia política educativa al ganar las elecciones. Hace falta un cambio a fondo, porque muchas decisiones básicas tomadas en 2006, en 1990, en 1985 y hasta en 1970 no responden a las necesidades de una enseñanza nacional de calidad. El igualitarismo está muy bien para remendar virginidades progres, pero ni los docentes ni los discentes son iguales, y de ahí nacen todos los problemas. Son radicalmente desiguales en intereses, en conocimientos y en capacidades, y no aceptarlo nos ha llevado a este estercolero. Ahora tenemos que elegir si hozar en él con el ministro o fumigarlo y volver a empezar.
El Semanal Digital
(El ministro de Educación propone un consenso educativo al PP que no es ni novedad ni consenso. Una lista de noticias que no son noticia para enredar aún más a los de Rajoy)
Fray Ángel Gabilondo, ministro de Educación en el siglo, quiso celebrar dignamente el día de santo Tomás de Aquino. Desplazado de su fiesta tradicional el 7 de marzo al 28 de enero, el santo patrono de los estudiantes ya no es ni recordado ni festejado… pero eso sí estos días todos los centros educativos no se tasan las horas dedicadas a la Pazzz. Estoy seguro de que los talibanes van a conmoverse al verlo. También los esfuerzos por el consenso educativo merecen unas lagrimitas.
Gabilondo nos ha vendido, el día de santo Tomás, unas cuantas ideas que o son falsas o no son nuevas o ya han fracasado. No es novedad, porque está en la LOE, porque algunas Comunidades lo hacían ya antes y porque otras no lo han querido hacer aún, que 4º de la ESO no sea uniforme y encamine ya a quien quiera hacia la FP. Es falso que crear el PCPI desde 3º de la ESO resuelva el problema del fracaso escolar, porque es un problema estructural que no se soluciona con un parche. Es un fracaso garantizado equiparar la formación de FP de Grado Medio al Bachillerato, lo que daría malos profesionales y malos bachilleres a cambio de nada. Y así hasta 104 propuestas hueras.
La oferta de Gabilondo no es inocente. Si el PP se deja atar al maquillaje de este falso consenso renunciaría otra vez a desarrollar plenamente su propia política educativa al ganar las elecciones. Hace falta un cambio a fondo, porque muchas decisiones básicas tomadas en 2006, en 1990, en 1985 y hasta en 1970 no responden a las necesidades de una enseñanza nacional de calidad. El igualitarismo está muy bien para remendar virginidades progres, pero ni los docentes ni los discentes son iguales, y de ahí nacen todos los problemas. Son radicalmente desiguales en intereses, en conocimientos y en capacidades, y no aceptarlo nos ha llevado a este estercolero. Ahora tenemos que elegir si hozar en él con el ministro o fumigarlo y volver a empezar.
Desayuno indigesto
Santiago Martín
La Razón
Obama puede recibir a Zapatero y fotografiarse con él por muchos motivos. Por ejemplo, porque ambos son decididos pro abortistas. Ahora bien: que la única foto que ZP vaya a conseguir con su «ídolo» sea en un «desayuno de oración» resultaría un escarnio para los católicos españoles –puesto que aquí no va a engañar a nadie– si no fuera porque, en realidad, es un esperpento.
El hombre que ha hecho del secularismo una de sus banderas, con el consiguiente ataque a la Iglesia, tiene que pasar por el aro de ir a un acto religioso si quiere una foto con Obama. Es posible que el desayuno se le indigeste ante tanta piedad. No se lo deseo. Lo que le deseo es que aprenda de Obama al menos en esto.
El presidente norteamericano no sólo es respetuoso con el factor religioso, sino que es consciente de que la religión juega un papel importantísimo en la cohesión de una nación. Tu religión es un hecho privado, pero la religión es un hecho público que merece el mayor de los respetos.
Por desgracia, no creo que ZP aprenda en esto de Obama. Lo veremos en la ley de libertad religiosa. La ha dejado para cuando acabe su presidencia de la UE. Va a ser tan dura que no quiere romper su imagen de hombre sonriente ante una Europa que, en lo religioso, se parece más a Estados Unidos que a España.
La Razón
Obama puede recibir a Zapatero y fotografiarse con él por muchos motivos. Por ejemplo, porque ambos son decididos pro abortistas. Ahora bien: que la única foto que ZP vaya a conseguir con su «ídolo» sea en un «desayuno de oración» resultaría un escarnio para los católicos españoles –puesto que aquí no va a engañar a nadie– si no fuera porque, en realidad, es un esperpento.
El hombre que ha hecho del secularismo una de sus banderas, con el consiguiente ataque a la Iglesia, tiene que pasar por el aro de ir a un acto religioso si quiere una foto con Obama. Es posible que el desayuno se le indigeste ante tanta piedad. No se lo deseo. Lo que le deseo es que aprenda de Obama al menos en esto.
El presidente norteamericano no sólo es respetuoso con el factor religioso, sino que es consciente de que la religión juega un papel importantísimo en la cohesión de una nación. Tu religión es un hecho privado, pero la religión es un hecho público que merece el mayor de los respetos.
Por desgracia, no creo que ZP aprenda en esto de Obama. Lo veremos en la ley de libertad religiosa. La ha dejado para cuando acabe su presidencia de la UE. Va a ser tan dura que no quiere romper su imagen de hombre sonriente ante una Europa que, en lo religioso, se parece más a Estados Unidos que a España.
Los economistas extranjeros nos contemplan
Juan Velarde Fuertes
ABC
No se puede menospreciar la opinión de los economistas cuando da la impresión de que es unánime. Stigler nos ha dicho sobre esto cosas que se deben tener siempre presentes. Estas unanimidades se originan por certezas científicas que han de tenerse en cuenta, a no ser que se adopten actitudes poco serias. Además influyen muchísimo en los mercados, porque estas actitudes de los economistas, como señaló en 1936 Keynes, crean realidades derivadas de la difusión de sus ideas. Y he ahí, que el final de 2009 y los inicios de 2010 prueban que por doquier los economistas han situado a España en un grupo de naciones que preocupan mucho al fundo financiero.
Aunque existen precedentes numerosos, estas Navidades abrió el fuego Jacques Attali, un economista francés bien conocido. En «L´Express» de 24 de diciembre de 2009, en su artículo «Que restera-t-il de 2009?» escribe: «2009 fue un año preñado de multitud de amenazas: bancos centrales, incluso la Reserva Federal son amenazados en cuanto a su solvencia. Las monedas, incluso el euro, son cada vez más frágiles. Deudas públicas, incluso en Abu Dhabi, están en peligro. Grecia, España, incluso Gran Bretaña, están amenazadas de quiebra».
Y así es también como nos contempla, a través de Jacques Marseille, un conocido economista e historiador francés, quien en una entrevista publicada en «Le Monde» el 5 de enero de 2010, contesta así a la pregunta: «¿Estas políticas presupuestarias expansionistas, van a plantear un serio riesgo?»: «Se ven aparecer ya zonas de riesgo, dentro de los países del euro, en Grecia, en Irlanda, en España... Si las consecuencias a corto plazo aun no son evidente, a medio plazo los Estados corren el riesgo de no tener un margen de maniobra suficiente para llevar correctamente cualquier política».
Finalmente esta es la opinión que, por la pluma de Stefan Theil, se puede leer en «Newsweek» de 11 de enero de 2010: «Grandes gobiernos... se han estrellado contra una pared mucho antes de lo que cualquier hubiera esperado, gracias a un incremento sin precedentes en la deuda pública y en los déficit. Dentro de Europa, varios gobiernos están al borde de una crisis debido al déficit, incluyendo a Irlanda, Grecia, Gran Bretaña y España».
El sambenito está colocado sobre nuestros hombros, con este sistemático acompañamiento al desastre de Grecia. Y a esos que lo llevaban a lo largo de lo siglos XVI a XVIII, solía esperarles un futuro bastante escalofriante, a no ser que manifestasen de modo nítido que todo lo que habían sostenido estaba equivocado y que iban a cambiar de actitud de modo inmediato. Pero, ¿estamos haciendo eso?
ABC
No se puede menospreciar la opinión de los economistas cuando da la impresión de que es unánime. Stigler nos ha dicho sobre esto cosas que se deben tener siempre presentes. Estas unanimidades se originan por certezas científicas que han de tenerse en cuenta, a no ser que se adopten actitudes poco serias. Además influyen muchísimo en los mercados, porque estas actitudes de los economistas, como señaló en 1936 Keynes, crean realidades derivadas de la difusión de sus ideas. Y he ahí, que el final de 2009 y los inicios de 2010 prueban que por doquier los economistas han situado a España en un grupo de naciones que preocupan mucho al fundo financiero.
Aunque existen precedentes numerosos, estas Navidades abrió el fuego Jacques Attali, un economista francés bien conocido. En «L´Express» de 24 de diciembre de 2009, en su artículo «Que restera-t-il de 2009?» escribe: «2009 fue un año preñado de multitud de amenazas: bancos centrales, incluso la Reserva Federal son amenazados en cuanto a su solvencia. Las monedas, incluso el euro, son cada vez más frágiles. Deudas públicas, incluso en Abu Dhabi, están en peligro. Grecia, España, incluso Gran Bretaña, están amenazadas de quiebra».
Y así es también como nos contempla, a través de Jacques Marseille, un conocido economista e historiador francés, quien en una entrevista publicada en «Le Monde» el 5 de enero de 2010, contesta así a la pregunta: «¿Estas políticas presupuestarias expansionistas, van a plantear un serio riesgo?»: «Se ven aparecer ya zonas de riesgo, dentro de los países del euro, en Grecia, en Irlanda, en España... Si las consecuencias a corto plazo aun no son evidente, a medio plazo los Estados corren el riesgo de no tener un margen de maniobra suficiente para llevar correctamente cualquier política».
Finalmente esta es la opinión que, por la pluma de Stefan Theil, se puede leer en «Newsweek» de 11 de enero de 2010: «Grandes gobiernos... se han estrellado contra una pared mucho antes de lo que cualquier hubiera esperado, gracias a un incremento sin precedentes en la deuda pública y en los déficit. Dentro de Europa, varios gobiernos están al borde de una crisis debido al déficit, incluyendo a Irlanda, Grecia, Gran Bretaña y España».
El sambenito está colocado sobre nuestros hombros, con este sistemático acompañamiento al desastre de Grecia. Y a esos que lo llevaban a lo largo de lo siglos XVI a XVIII, solía esperarles un futuro bastante escalofriante, a no ser que manifestasen de modo nítido que todo lo que habían sostenido estaba equivocado y que iban a cambiar de actitud de modo inmediato. Pero, ¿estamos haciendo eso?
El Bar-Bar mexicano
Alberto Peláez
LA GACETA
Todos los que conocen México saben que el Bar-Bar es una de las discotecas más seguras del país. Por ahí pasan los empresarios más importantes. A veces, incluso, parece que hay más escoltas esperando afuera que clientes VIP en su interior.
Con toda esta seguridad se encontraba Cabañas, estrella del club de fútbol América, cuando a las cinco de la mañana un narcotraficante, disfrazado de supuesto empresario, le metió un tiro en la cabeza. La comunidad mexicana no daba crédito, incluso después de que 15.000 personas hayan muerto por el narcotráfico desde que el presidente Felipe Calderón llegó la poder. Pero siempre hay más; la capacidad de asombro puede no tener límites.
El pasado domingo, catorce jóvenes futbolistas fueron acribillados a tiros en Ciudad Juárez, al norte del país. Además, los sicarios dejaron una decena de heridos. Y es que el narco mexicano ni da tregua ni tiene piedad. Había tres menores de edad entre los asesinados.
Dos de ellos eran sendas crías de 13 y 17 años. Llegaron en diez vehículos y mucho veneno encima. Los sayones se marcharon en los mismos coches, dejando un reguero de sangre que se acumula a la de miles de inocentes. Pero no podemos permitir que el narco se apodere del Estado.
México es mucho más grande que todo eso y Felipe Calderón debe de ganar esta batalla. Eso sí, cuando un negocio maneja más de 100.000 millones de euros y ofrece “tantos puestos de trabajo” en una sociedad donde el empleo se consume a diario y los salarios de las Fuerzas de Seguridad de Estado son mínimos, es muy difícil poder combatirlo.
Está claro que la ayuda internacional, especialmente de Estados Unidos y su Plan Mérida, no están funcionando. A veces más vale oír, ver y callar. No en vano, los mayores consumidores son sus vecinos del norte.
LA GACETA
Todos los que conocen México saben que el Bar-Bar es una de las discotecas más seguras del país. Por ahí pasan los empresarios más importantes. A veces, incluso, parece que hay más escoltas esperando afuera que clientes VIP en su interior.
Con toda esta seguridad se encontraba Cabañas, estrella del club de fútbol América, cuando a las cinco de la mañana un narcotraficante, disfrazado de supuesto empresario, le metió un tiro en la cabeza. La comunidad mexicana no daba crédito, incluso después de que 15.000 personas hayan muerto por el narcotráfico desde que el presidente Felipe Calderón llegó la poder. Pero siempre hay más; la capacidad de asombro puede no tener límites.
El pasado domingo, catorce jóvenes futbolistas fueron acribillados a tiros en Ciudad Juárez, al norte del país. Además, los sicarios dejaron una decena de heridos. Y es que el narco mexicano ni da tregua ni tiene piedad. Había tres menores de edad entre los asesinados.
Dos de ellos eran sendas crías de 13 y 17 años. Llegaron en diez vehículos y mucho veneno encima. Los sayones se marcharon en los mismos coches, dejando un reguero de sangre que se acumula a la de miles de inocentes. Pero no podemos permitir que el narco se apodere del Estado.
México es mucho más grande que todo eso y Felipe Calderón debe de ganar esta batalla. Eso sí, cuando un negocio maneja más de 100.000 millones de euros y ofrece “tantos puestos de trabajo” en una sociedad donde el empleo se consume a diario y los salarios de las Fuerzas de Seguridad de Estado son mínimos, es muy difícil poder combatirlo.
Está claro que la ayuda internacional, especialmente de Estados Unidos y su Plan Mérida, no están funcionando. A veces más vale oír, ver y callar. No en vano, los mayores consumidores son sus vecinos del norte.
Pizarro, o la nueva Casandra
Juan Manuel de Prada
ABC
«Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra», afirmaba Jesús en el Evangelio del domingo, un segundo antes de que sus paisanos lo expulsaran furiosos de la sinagoga y lo empujaran hasta un barranco, con intención de despeñarlo. Sospecho que si Manuel Pizarro asistió ayer a misa, la lectura del Evangelio lo sumergiría en apesadumbradas reflexiones; porque si en cualquier pasaje del Evangelio tomado al albur siempre hay una verdad que nos interpela, en el que ayer se leía en las iglesias quedaba resumido el drama de este turolense que será siempre recordado por aquel debate televisivo en el que se atrevió a vaticinar el descalabro económico que se nos venía encima. Vaticinio que luego se cumpliría, punto por punto; y que, paradójicamente, no sólo fue castigado por las audiencias televisivas cretinizadas, sino también por sus conmilitones, que a partir de entonces lo condenaron al ostracismo.
A Pizarro, en fin, le ha ocurrido lo mismo que a Casandra, la hija de Príamo, el rey de Troya, que predijo que el rapto de Helena traería la ruina de la ciudad; y que insistió en sus vaticinios funestos cuando los troyanos ya celebraban el fin de la guerra, ante aquel caballo de madera que los aqueos habían dejado como presente ante las murallas. Sobre Casandra había arrojado Apolo, por despecho, una maldición, condenándola a que sus augurios nunca fueran creídos por los cretinos de sus paisanos, que la tomaban por demente; y así su voz, como la de tantos profetas que en el mundo han sido, fue «voz que grita en el desierto». Cuando Pizarro lanzó su vaticinio en aquel célebre debate televisivo, la mayoría de los españoles prefirieron creer la melopea o canto arrullador del sirénido Solbes, que tildó a su contrincante de agorero y catastrofista. Era aquella la época en que Zapatero llamaba «antipatriotas» a quienes se atrevían a vislumbrar avisos de derrumbe, que es por cierto la misma acusación que los cretinizados troyanos lanzaban contra la atribulada Casandra, cada vez que venía a amargarles la fiesta. Nihil novum sub sole, que diría el clásico.
Pero el trago más amargo del drama vivido por Pizarro no se cifra tanto en la campaña de descrédito que contra él orquestaron sus adversarios, ni siquiera en el desafecto de las masas cretinizadas que desoyeron sus vaticinios. El trago más amargo vendría después, cuando los suyos lo expulsaron de la sinagoga. Pues como una expulsión de la sinagoga debe interpretarse que el candidato que en las últimas elecciones, en una ruidosa operación de propaganda, fue llevado en andas, como los santos en las romerías, encumbrado como un héroe por su pulso con el Gobierno en aquella turbia operación contra la compañía eléctrica que presidía, señalado como el hombre providencial que podría reparar el maltrecho navío de la economía española, fuera inmediatamente relegado a las filas sesteantes del Congreso, allá donde los diputados sin brillo languidecen de tedio y melancolía. Yo no sé si Pizarro era el héroe providencial que nos pintó entonces la propaganda de la derecha; lo que sí resulta evidente es que fue rastreramente engañado por quienes quisieron aprovecharse de su brillo de resistente a los tejemanejes gubernativos y luego lo relegaron en los desvanes de la incuria, como a un trasto averiado.
El hombre nace engañado y muere desengañado, afirmaba Baltasar Gracián. Manuel Pizarro llegó engañado a la política y se marcha desengañado; deja atrás la ruina de la ciudad, que había vaticinado, pero aún tendrá que prevenirse contra quienes, después de expulsarlo de la sinagoga, pretendan además despeñarlo. O arruinar su prestigio, que es lo que Áyax hizo con la virtud de Casandra, después del saqueo de Troya. Es el destino trágico de quienes se atreven a ser profetas en su tierra.
ABC
«Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra», afirmaba Jesús en el Evangelio del domingo, un segundo antes de que sus paisanos lo expulsaran furiosos de la sinagoga y lo empujaran hasta un barranco, con intención de despeñarlo. Sospecho que si Manuel Pizarro asistió ayer a misa, la lectura del Evangelio lo sumergiría en apesadumbradas reflexiones; porque si en cualquier pasaje del Evangelio tomado al albur siempre hay una verdad que nos interpela, en el que ayer se leía en las iglesias quedaba resumido el drama de este turolense que será siempre recordado por aquel debate televisivo en el que se atrevió a vaticinar el descalabro económico que se nos venía encima. Vaticinio que luego se cumpliría, punto por punto; y que, paradójicamente, no sólo fue castigado por las audiencias televisivas cretinizadas, sino también por sus conmilitones, que a partir de entonces lo condenaron al ostracismo.
A Pizarro, en fin, le ha ocurrido lo mismo que a Casandra, la hija de Príamo, el rey de Troya, que predijo que el rapto de Helena traería la ruina de la ciudad; y que insistió en sus vaticinios funestos cuando los troyanos ya celebraban el fin de la guerra, ante aquel caballo de madera que los aqueos habían dejado como presente ante las murallas. Sobre Casandra había arrojado Apolo, por despecho, una maldición, condenándola a que sus augurios nunca fueran creídos por los cretinos de sus paisanos, que la tomaban por demente; y así su voz, como la de tantos profetas que en el mundo han sido, fue «voz que grita en el desierto». Cuando Pizarro lanzó su vaticinio en aquel célebre debate televisivo, la mayoría de los españoles prefirieron creer la melopea o canto arrullador del sirénido Solbes, que tildó a su contrincante de agorero y catastrofista. Era aquella la época en que Zapatero llamaba «antipatriotas» a quienes se atrevían a vislumbrar avisos de derrumbe, que es por cierto la misma acusación que los cretinizados troyanos lanzaban contra la atribulada Casandra, cada vez que venía a amargarles la fiesta. Nihil novum sub sole, que diría el clásico.
Pero el trago más amargo del drama vivido por Pizarro no se cifra tanto en la campaña de descrédito que contra él orquestaron sus adversarios, ni siquiera en el desafecto de las masas cretinizadas que desoyeron sus vaticinios. El trago más amargo vendría después, cuando los suyos lo expulsaron de la sinagoga. Pues como una expulsión de la sinagoga debe interpretarse que el candidato que en las últimas elecciones, en una ruidosa operación de propaganda, fue llevado en andas, como los santos en las romerías, encumbrado como un héroe por su pulso con el Gobierno en aquella turbia operación contra la compañía eléctrica que presidía, señalado como el hombre providencial que podría reparar el maltrecho navío de la economía española, fuera inmediatamente relegado a las filas sesteantes del Congreso, allá donde los diputados sin brillo languidecen de tedio y melancolía. Yo no sé si Pizarro era el héroe providencial que nos pintó entonces la propaganda de la derecha; lo que sí resulta evidente es que fue rastreramente engañado por quienes quisieron aprovecharse de su brillo de resistente a los tejemanejes gubernativos y luego lo relegaron en los desvanes de la incuria, como a un trasto averiado.
El hombre nace engañado y muere desengañado, afirmaba Baltasar Gracián. Manuel Pizarro llegó engañado a la política y se marcha desengañado; deja atrás la ruina de la ciudad, que había vaticinado, pero aún tendrá que prevenirse contra quienes, después de expulsarlo de la sinagoga, pretendan además despeñarlo. O arruinar su prestigio, que es lo que Áyax hizo con la virtud de Casandra, después del saqueo de Troya. Es el destino trágico de quienes se atreven a ser profetas en su tierra.
La plegaria de Zapatero
Juan Manuel de Prada
ABC
¿En qué consistió la plegaria de Zapatero en Washington? Pues consistió en repetir la estrategia que emplea el demonio en el episodio de las tentaciones en el desierto, donde cada vez que trata de seducir a Jesús lo hace invocando citas bíblicas; y es que, en efecto, el demonio es un gran conocedor de la Biblia, aunque su conocimiento lo emplee para invertir el sentido de sus palabras. Esta estrategia la desplegó Zapatero, a imitación de su modelo, en un doble y complementario sentido: por un lado, recurrió a la literalidad engañosa que trocea y descontextualiza la Biblia, para evitar alusiones molestas; por el otro, recurrió a su interpretación laxa, utilizando la cita bíblica a modo de «cadáver exquisito» cuyas palabras pueden intercambiarse a voluntad. O sea, la Biblia convertida en un fósil o en un ectoplasma, para que deje de ser Palabra viva y se convierta en palabra petrificada o palabra reducida a papilla.
Zapatero uso la Biblia como un fósil en su cita del Deuteronomio, donde leyó el mandato que prohíbe oprimir al jornalero pero omitió la consecuencia lógica de infringir tal mandato, que el Deuteronomio nombra explícitamente: «De otro modo, (el jornalero) clamaría a Yavé contra ti y tu cargarías con un pecado». Y usó la Biblia como un ectoplasma cuando muy taimadamente repitió la inversión de la sentencia evangélica -«La Verdad os hará libres»-, afirmando que es la libertad la que nos hace verdaderos. Pero la libertad, como afirma don Quijote en otra cita tergiversada por Zapatero, es un «don de los cielos»; y es que Don Quijote era, como lo definió Turgueniev, «la criatura más profundamente moral que existe en el mundo». Ese don divino de la libertad nos permite reconocer categorías morales objetivas, a las que el hombre puede adherirse o traicionar, porque, en efecto, somos libres para salvarnos y libres para perdernos. Don Quijote usó del don divino de la libertad para adherirse al Bien; y su lealtad al Bien, que tantos varapalos y privaciones le costó, fue inquebrantable hasta la hora de su muerte. Sabía cuál era su misión en el mundo y sabía, sobre todo, que tal misión no podía llevarla a cabo solo, sino con la ayuda de Quien, desde el cielo, le había entregado magnánimamente el don de la libertad; por eso dice (II, cap. 58): «Los que reciben son inferiores a los que dan; y así es Dios sobre todos, porque es dador sobre todos».
Don Quijote está tan unido a la Verdad, tan abrazado al Bien, que es libre para probarse en los sacrificios más ímprobos; es libre para entregarse a las causas que no le reportarán ningún provecho; es libre para alzarse del polvo una y otra vez, cuando cada una de sus empresas se salda con el fracaso y el escarnio; es libre, en fin, hasta de sí mismo, como lo expresa con delicadeza sin igual Sancho, cuando de regreso a la aldea junto a su vapuleado amo, exclama: «Deseada patria, abre los brazos y recibe a tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede». Zapatero, que representa la criatura antípoda de don Quijote, o sea una criatura profundamente amoral, no cree que el Bien se alcance «venciéndose a uno mismo», sino que piensa que el bien es una gelatina que cada cual puede moldear a su gusto, dejándose vencer por sus caprichos; y, de este modo, la libertad se convierte en la búsqueda del interés propio, en la satisfacción de apetencias y deseos; esto es, en puro emotivismo y debilidad mental.
Hay quienes afirman que el discurso de Zapatero no fue una verdadera plegaria; yo, por el contrario, sostengo que lo fue de principio a fin, sólo que no iba dirigida a Dios, sino a aquél que los antiguos denominaban «mono de Dios». Por eso, en su plegaria llenó de mierda la Biblia y, por añadidura, el Quijote, que es la más sublime expresión de la literatura cristiana.
ABC
¿En qué consistió la plegaria de Zapatero en Washington? Pues consistió en repetir la estrategia que emplea el demonio en el episodio de las tentaciones en el desierto, donde cada vez que trata de seducir a Jesús lo hace invocando citas bíblicas; y es que, en efecto, el demonio es un gran conocedor de la Biblia, aunque su conocimiento lo emplee para invertir el sentido de sus palabras. Esta estrategia la desplegó Zapatero, a imitación de su modelo, en un doble y complementario sentido: por un lado, recurrió a la literalidad engañosa que trocea y descontextualiza la Biblia, para evitar alusiones molestas; por el otro, recurrió a su interpretación laxa, utilizando la cita bíblica a modo de «cadáver exquisito» cuyas palabras pueden intercambiarse a voluntad. O sea, la Biblia convertida en un fósil o en un ectoplasma, para que deje de ser Palabra viva y se convierta en palabra petrificada o palabra reducida a papilla.
Zapatero uso la Biblia como un fósil en su cita del Deuteronomio, donde leyó el mandato que prohíbe oprimir al jornalero pero omitió la consecuencia lógica de infringir tal mandato, que el Deuteronomio nombra explícitamente: «De otro modo, (el jornalero) clamaría a Yavé contra ti y tu cargarías con un pecado». Y usó la Biblia como un ectoplasma cuando muy taimadamente repitió la inversión de la sentencia evangélica -«La Verdad os hará libres»-, afirmando que es la libertad la que nos hace verdaderos. Pero la libertad, como afirma don Quijote en otra cita tergiversada por Zapatero, es un «don de los cielos»; y es que Don Quijote era, como lo definió Turgueniev, «la criatura más profundamente moral que existe en el mundo». Ese don divino de la libertad nos permite reconocer categorías morales objetivas, a las que el hombre puede adherirse o traicionar, porque, en efecto, somos libres para salvarnos y libres para perdernos. Don Quijote usó del don divino de la libertad para adherirse al Bien; y su lealtad al Bien, que tantos varapalos y privaciones le costó, fue inquebrantable hasta la hora de su muerte. Sabía cuál era su misión en el mundo y sabía, sobre todo, que tal misión no podía llevarla a cabo solo, sino con la ayuda de Quien, desde el cielo, le había entregado magnánimamente el don de la libertad; por eso dice (II, cap. 58): «Los que reciben son inferiores a los que dan; y así es Dios sobre todos, porque es dador sobre todos».
Don Quijote está tan unido a la Verdad, tan abrazado al Bien, que es libre para probarse en los sacrificios más ímprobos; es libre para entregarse a las causas que no le reportarán ningún provecho; es libre para alzarse del polvo una y otra vez, cuando cada una de sus empresas se salda con el fracaso y el escarnio; es libre, en fin, hasta de sí mismo, como lo expresa con delicadeza sin igual Sancho, cuando de regreso a la aldea junto a su vapuleado amo, exclama: «Deseada patria, abre los brazos y recibe a tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede». Zapatero, que representa la criatura antípoda de don Quijote, o sea una criatura profundamente amoral, no cree que el Bien se alcance «venciéndose a uno mismo», sino que piensa que el bien es una gelatina que cada cual puede moldear a su gusto, dejándose vencer por sus caprichos; y, de este modo, la libertad se convierte en la búsqueda del interés propio, en la satisfacción de apetencias y deseos; esto es, en puro emotivismo y debilidad mental.
Hay quienes afirman que el discurso de Zapatero no fue una verdadera plegaria; yo, por el contrario, sostengo que lo fue de principio a fin, sólo que no iba dirigida a Dios, sino a aquél que los antiguos denominaban «mono de Dios». Por eso, en su plegaria llenó de mierda la Biblia y, por añadidura, el Quijote, que es la más sublime expresión de la literatura cristiana.
Burka contra ciudadanía
Gabriel Albiac
ABC
Fin de la ambigüedad en Francia. El burka será proscrito del espacio público. Es lo que la comisión parlamentaria concluye: República y burka son incompatibles; y no hay Estado allá donde a una religión se le cede potestad para violar principios constitucionales. La libertad de culto lo es dentro de las reglas de juego que la ley dicta. Para todos; sin excepción. Como cualquier libertad, allá donde hay democracia. Y si el Islam hoy se empecina en perseverar en esa tradición coránica que niega legitimidad al Estado, entonces sus seguidores deberán atenerse a las consecuencias: las mismas que debe afrontar todo aquel que transgrede la red legal a cuya aplicación universal llamamos democracia. Violar la ley es delito. Se haga en nombre de lo que se haga. Aun en el nombre de aquello que el violador juzgue lo más sagrado.
Hay problemas de orden público evidentes en este debate: que una parte de la población transite por el espacio público enmascarada no es sólo pintoresco; es peligroso. Más aún, en tiempos como los que se abrieron después del 11 de septiembre de 2001, cuando el yihadismo declaró una guerra al occidente democrático que hoy sigue en curso y de cuyo final no atisbamos el desenlace. Hay otra gravedad mayor, sin embargo. El velo islámico no es tan sólo un disfraz o una máscara, aunque también sea ambas cosas. Es, ante todo, un manifiesto litúrgico; el que proclama la voluntad de Alá: que hombres y mujeres sean esencialmente desiguales; para ser más precisos, que, ante la ley, la mujer sea un humano inferior, necesariamente sometido a la tutela y autoridad de un macho.
No existe ambigüedad en el Corán acerca de eso: «Los hombres tienen preeminencia sobre las mujeres. Dios es poderoso y justo» (Sura II, 228). «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres, en virtud de la preferencia que Dios les ha otorgado sobre ellas, y a causa de los gastos que causa su mantenimiento. Las mujeres virtuosas son piadosas y preservan en secreto lo que Dios preserva. Amonestad a aquellas cuya infidelidad sospechéis; encerradlas en habitaciones apartadas y golpeadlas» (Sura IV, 34). El velo -en sus múltiples variedades- sella el público reconocimiento de esa inferioridad: «¡Oh, profeta, di a tus esposas, a tus hijas, a las mujeres de los creyentes, de echar sobre ellas sus grandes velos; medio seguro para que sean reconocidas y para huir de toda ofensa» (Sura XXXIII, 59). El código de esa sumisión es minuciosamente explícito en la enumeración de los amos a los cuales rinde obediencia: «Di a las creyentes que bajen la mirada, que sean castas, que no muestren sus adornos, salvo en lo que sobresale, que echen el velo sobre los escotes de sus vestidos. Ellas sólo dejarán ver sus encantos a su marido a sus hijos, a su padre, suegro, hijo, hijastro, sobrinos... a las mujeres de su comunidad, a sus cautivos, a sus esclavos varones incapaces de realizar el acto sexual, o a muchachos impúberes» (Sura XXIV, 31).
¿Tiene derecho un ciudadano o ciudadana adultos a aceptar la esclavitud respecto de otro? Sí, claro. En el espacio privado. Nadie puede impedir a un masoquista adulto -del género que sea- obtener su placer como mejor le convenga. Pero el Estado se reserva los modos de uso del espacio público, donde el derecho exige el exclusivo imperio de la igualdad ante la ley. Nadie va a impedir en Francia que una dama -o un varón- se pasee por su domicilio envuelto en lienzos, en burka o en papel higiénico. Lo privado no atañe a la República. La calle, sí: la calle es el escenario de la democracia. Y sobre ese escenario sólo existen ciudadanos. Ante la ley, idénticos.
ABC
Fin de la ambigüedad en Francia. El burka será proscrito del espacio público. Es lo que la comisión parlamentaria concluye: República y burka son incompatibles; y no hay Estado allá donde a una religión se le cede potestad para violar principios constitucionales. La libertad de culto lo es dentro de las reglas de juego que la ley dicta. Para todos; sin excepción. Como cualquier libertad, allá donde hay democracia. Y si el Islam hoy se empecina en perseverar en esa tradición coránica que niega legitimidad al Estado, entonces sus seguidores deberán atenerse a las consecuencias: las mismas que debe afrontar todo aquel que transgrede la red legal a cuya aplicación universal llamamos democracia. Violar la ley es delito. Se haga en nombre de lo que se haga. Aun en el nombre de aquello que el violador juzgue lo más sagrado.
Hay problemas de orden público evidentes en este debate: que una parte de la población transite por el espacio público enmascarada no es sólo pintoresco; es peligroso. Más aún, en tiempos como los que se abrieron después del 11 de septiembre de 2001, cuando el yihadismo declaró una guerra al occidente democrático que hoy sigue en curso y de cuyo final no atisbamos el desenlace. Hay otra gravedad mayor, sin embargo. El velo islámico no es tan sólo un disfraz o una máscara, aunque también sea ambas cosas. Es, ante todo, un manifiesto litúrgico; el que proclama la voluntad de Alá: que hombres y mujeres sean esencialmente desiguales; para ser más precisos, que, ante la ley, la mujer sea un humano inferior, necesariamente sometido a la tutela y autoridad de un macho.
No existe ambigüedad en el Corán acerca de eso: «Los hombres tienen preeminencia sobre las mujeres. Dios es poderoso y justo» (Sura II, 228). «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres, en virtud de la preferencia que Dios les ha otorgado sobre ellas, y a causa de los gastos que causa su mantenimiento. Las mujeres virtuosas son piadosas y preservan en secreto lo que Dios preserva. Amonestad a aquellas cuya infidelidad sospechéis; encerradlas en habitaciones apartadas y golpeadlas» (Sura IV, 34). El velo -en sus múltiples variedades- sella el público reconocimiento de esa inferioridad: «¡Oh, profeta, di a tus esposas, a tus hijas, a las mujeres de los creyentes, de echar sobre ellas sus grandes velos; medio seguro para que sean reconocidas y para huir de toda ofensa» (Sura XXXIII, 59). El código de esa sumisión es minuciosamente explícito en la enumeración de los amos a los cuales rinde obediencia: «Di a las creyentes que bajen la mirada, que sean castas, que no muestren sus adornos, salvo en lo que sobresale, que echen el velo sobre los escotes de sus vestidos. Ellas sólo dejarán ver sus encantos a su marido a sus hijos, a su padre, suegro, hijo, hijastro, sobrinos... a las mujeres de su comunidad, a sus cautivos, a sus esclavos varones incapaces de realizar el acto sexual, o a muchachos impúberes» (Sura XXIV, 31).
¿Tiene derecho un ciudadano o ciudadana adultos a aceptar la esclavitud respecto de otro? Sí, claro. En el espacio privado. Nadie puede impedir a un masoquista adulto -del género que sea- obtener su placer como mejor le convenga. Pero el Estado se reserva los modos de uso del espacio público, donde el derecho exige el exclusivo imperio de la igualdad ante la ley. Nadie va a impedir en Francia que una dama -o un varón- se pasee por su domicilio envuelto en lienzos, en burka o en papel higiénico. Lo privado no atañe a la República. La calle, sí: la calle es el escenario de la democracia. Y sobre ese escenario sólo existen ciudadanos. Ante la ley, idénticos.
Pan para hoy...
Borja Carrascosa
La Razón
El Gobierno español paga hoy un 1% más que el alemán cuando vende un bono a diez años y la brecha puede ampliarse hasta el máximo histórico del 1,3%, marcado en marzo de 2009. El aumento de este diferencial frente al referente germano supone un mayor endeudamiento para las arcas públicas y, por extensión, para los contribuyentes, justo lo contrario que necesita España y el camino opuesto al que han marcado los organismos internacionales para que la economía nacional abandone la recesión. Esta financiación externa pagada a precio de oro puede suponer un parche que alivie la presión sobre el Ejecutivo, pero no es más que pan para hoy y hambre para mañana. En este juego de herencias políticas, el endeudamiento se escribe en letra pequeña y los inversores internacionales lo saben. Al final es el mercado el que decide y el Ibex ocupa la «pole» bajista de Europa, reclamo perfecto para los «hedge funds».
La Razón
El Gobierno español paga hoy un 1% más que el alemán cuando vende un bono a diez años y la brecha puede ampliarse hasta el máximo histórico del 1,3%, marcado en marzo de 2009. El aumento de este diferencial frente al referente germano supone un mayor endeudamiento para las arcas públicas y, por extensión, para los contribuyentes, justo lo contrario que necesita España y el camino opuesto al que han marcado los organismos internacionales para que la economía nacional abandone la recesión. Esta financiación externa pagada a precio de oro puede suponer un parche que alivie la presión sobre el Ejecutivo, pero no es más que pan para hoy y hambre para mañana. En este juego de herencias políticas, el endeudamiento se escribe en letra pequeña y los inversores internacionales lo saben. Al final es el mercado el que decide y el Ibex ocupa la «pole» bajista de Europa, reclamo perfecto para los «hedge funds».
Pensiones y mueblés
José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso
(El cibersexo es algo así como comer con la vista)
Los comunicólogos han conseguido tal perfección en su trabajo que hoy son capaces de entrenar a cualquier político para que anuncie en público la mayor desgracia haciendo creer que se trata de una bendición del cielo. Los profesores de inglés no han tenido tanto éxito.
Por ejemplo, una desgracia es que la administración nos recomiende el cibersexo como práctica placentera, reconfortante y vitaminada, a la par que muy acorde con las nuevas tecnologías y sin peligro de contagios, a no ser que se te meta un troyano por salva sea la parte. Hacer el amor con un portátil, aunque sea con el ratón, es una desgracia; pero nos la venden como el non plus ultra de la orgasmación. Otros prometen 72 hurís que eternamente núbiles nos aguardan en el cielosexo. Así estamos. Ni un contagio, ni un reproche. Todas las megas a tu entera disposición.
Otra novedad que bien comunicada agrada un montón al personal es el recorte de pensiones y el retraso en la edad de jubilación. Después de tantos días clamando contra el paro, no quedará nadie capaz de protestar por el hecho de que el Gobierno nos regale dos años más de trabajo.
Ahí está la clave de la buena gobernación, en saber comunicar las desgracias. No es lo mismo salir al balcón de la Plaza de Oriente y ordenar: “¡Españoles, a la guerra de Cuba!”; que “¡Vente pa Cubita, asere!”
Trabajar más para después cobrar menos es uno de los mensajes más difíciles de transmitir si queremos que la gente se lo tome como un premio. Por eso han decidido hacer un paquete con todo junto y esperar a que cuele:
_Señores, en Davos pedí trabajo y me han dado dos años más para todos ustedes. En el Desayuno de la Oración pediré al Señor disfrutes intangibles y tarifa plana para las páginas porno. ¡No me lo agradezcan! ¡Es mi obligación!
Bitácora de Cora/El Progreso
(El cibersexo es algo así como comer con la vista)
Los comunicólogos han conseguido tal perfección en su trabajo que hoy son capaces de entrenar a cualquier político para que anuncie en público la mayor desgracia haciendo creer que se trata de una bendición del cielo. Los profesores de inglés no han tenido tanto éxito.
Por ejemplo, una desgracia es que la administración nos recomiende el cibersexo como práctica placentera, reconfortante y vitaminada, a la par que muy acorde con las nuevas tecnologías y sin peligro de contagios, a no ser que se te meta un troyano por salva sea la parte. Hacer el amor con un portátil, aunque sea con el ratón, es una desgracia; pero nos la venden como el non plus ultra de la orgasmación. Otros prometen 72 hurís que eternamente núbiles nos aguardan en el cielosexo. Así estamos. Ni un contagio, ni un reproche. Todas las megas a tu entera disposición.
Otra novedad que bien comunicada agrada un montón al personal es el recorte de pensiones y el retraso en la edad de jubilación. Después de tantos días clamando contra el paro, no quedará nadie capaz de protestar por el hecho de que el Gobierno nos regale dos años más de trabajo.
Ahí está la clave de la buena gobernación, en saber comunicar las desgracias. No es lo mismo salir al balcón de la Plaza de Oriente y ordenar: “¡Españoles, a la guerra de Cuba!”; que “¡Vente pa Cubita, asere!”
Trabajar más para después cobrar menos es uno de los mensajes más difíciles de transmitir si queremos que la gente se lo tome como un premio. Por eso han decidido hacer un paquete con todo junto y esperar a que cuele:
_Señores, en Davos pedí trabajo y me han dado dos años más para todos ustedes. En el Desayuno de la Oración pediré al Señor disfrutes intangibles y tarifa plana para las páginas porno. ¡No me lo agradezcan! ¡Es mi obligación!
Reflexiones (imaginadas) de un ejecutivo
Fernando Pascual
Profesor de Filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum
“Las directivas son claras y perentorias: ahorrar, sanear, hacer competitivo al Grupo. Para ello, reducción de personal. En otras palabras, expulsiones.
Tengo que dar órdenes concretas. Habrá expulsiones entre los 30 ejecutivos que viven en un país rico. Sospecho lo que ocurrirá cuando llegue mi mensaje. Alguno se suicidará. En otros casos, la depresión psicológica se hará presente, llevará a la destrucción lenta de las personas. Habrá familias que se disgreguen. Habrá tensiones, peleas, odio en los corazones.
También habrá despidos en la fábrica situada en un país “emergente”. Más de 200 obreros y empleados quedarán en la calle. Quizá nadie se suicide, o quizá también aquí alguno tome una decisión dramática. Otros buscarán un trabajo alternativo, llamarán a otras empresas, harán un nuevo intento. Los que han superado cierta edad están condenados al paro perpetuo. Incluso quizá alguna familia llegará a las puertas del hambre y la miseria.
He pasado tantos años de estudio, tantas oposiciones, tanta lucha, para llegar a este puesto, a este trabajo, a esta vida. Sé que la decisión llega de arriba, de muy arriba. Soy un simple ejecutor: no tengo responsabilidad en lo que ocurrirá de aquí en adelante. Además, si yo me niego a obedecer, seré marginado, quizá expedientado. Otro ocupará mi puesto y será más firme, más decidido, más inflexible que yo.
Quizá ha llegado la hora de detener la marcha de mi vida. No puedo vivir como un engranaje de un sistema que aplasta a los más débiles. No soy un simple peón de una cadena de órdenes inalterables. Yo también tengo un corazón y puedo defender los derechos de otros.
Algo no funciona en un mundo donde mi Grupo tiene que despedir gente para competir con otros grupos que también están reduciendo costos a base de despedir trabajadores. Algo va mal en un sistema económico donde todo es lucha, donde las personas son números marginales, que se tachan como se borra en la pantalla una letra equivocada.
Detrás de cada número, detrás de cada trabajador, hay sueños, hay familias, hay necesidades, hay bocas, hay estudios, hay deseos de una vida aceptable. Miles de esos sueños quedan abortados desde quienes dirigen, por elección propia o por accidentes de la vida, buena parte de la economía mundial. Algunos de esos grandes dirigentes están obsesionados por las ganancias: no son capaces de reconocer que la economía es para el hombre, y no que el hombre es para la economía.
Me queda poco tiempo para enviar los correos electrónicos. El margen de opciones es prácticamente nulo. Aunque quizá, si lo intento de nuevo, alguien de los de arriba podrá pensar en alternativas diferentes, en caminos para redistribuir los sacrificios y para salvaguardar ese trabajo del que dependen hombres y mujeres concretos.
Quizá no me escuchen, quizá no me hagan caso, quizá me etiqueten como loco o como débil de carácter. Pero no puedo quedarme indiferente ante lo que va a ocurrir a cientos de personas.
Vale la pena hacer el esfuerzo. Sólo entonces será posible que algún corazón rompa con las cadenas que lo atan a ambiciones locas e iniciará, conmigo, un camino serio para que el mundo sea un poco más justo, más solidario y más atento a las necesidades de todos. Sólo entonces se adoptarán resoluciones que no miren sólo a los beneficios de unos pocos siempre más ricos, sino a las necesidades de muchos que sólo desean seguridad en sus contratos y un salario digno para sus familias”.
Profesor de Filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum
“Las directivas son claras y perentorias: ahorrar, sanear, hacer competitivo al Grupo. Para ello, reducción de personal. En otras palabras, expulsiones.
Tengo que dar órdenes concretas. Habrá expulsiones entre los 30 ejecutivos que viven en un país rico. Sospecho lo que ocurrirá cuando llegue mi mensaje. Alguno se suicidará. En otros casos, la depresión psicológica se hará presente, llevará a la destrucción lenta de las personas. Habrá familias que se disgreguen. Habrá tensiones, peleas, odio en los corazones.
También habrá despidos en la fábrica situada en un país “emergente”. Más de 200 obreros y empleados quedarán en la calle. Quizá nadie se suicide, o quizá también aquí alguno tome una decisión dramática. Otros buscarán un trabajo alternativo, llamarán a otras empresas, harán un nuevo intento. Los que han superado cierta edad están condenados al paro perpetuo. Incluso quizá alguna familia llegará a las puertas del hambre y la miseria.
He pasado tantos años de estudio, tantas oposiciones, tanta lucha, para llegar a este puesto, a este trabajo, a esta vida. Sé que la decisión llega de arriba, de muy arriba. Soy un simple ejecutor: no tengo responsabilidad en lo que ocurrirá de aquí en adelante. Además, si yo me niego a obedecer, seré marginado, quizá expedientado. Otro ocupará mi puesto y será más firme, más decidido, más inflexible que yo.
Quizá ha llegado la hora de detener la marcha de mi vida. No puedo vivir como un engranaje de un sistema que aplasta a los más débiles. No soy un simple peón de una cadena de órdenes inalterables. Yo también tengo un corazón y puedo defender los derechos de otros.
Algo no funciona en un mundo donde mi Grupo tiene que despedir gente para competir con otros grupos que también están reduciendo costos a base de despedir trabajadores. Algo va mal en un sistema económico donde todo es lucha, donde las personas son números marginales, que se tachan como se borra en la pantalla una letra equivocada.
Detrás de cada número, detrás de cada trabajador, hay sueños, hay familias, hay necesidades, hay bocas, hay estudios, hay deseos de una vida aceptable. Miles de esos sueños quedan abortados desde quienes dirigen, por elección propia o por accidentes de la vida, buena parte de la economía mundial. Algunos de esos grandes dirigentes están obsesionados por las ganancias: no son capaces de reconocer que la economía es para el hombre, y no que el hombre es para la economía.
Me queda poco tiempo para enviar los correos electrónicos. El margen de opciones es prácticamente nulo. Aunque quizá, si lo intento de nuevo, alguien de los de arriba podrá pensar en alternativas diferentes, en caminos para redistribuir los sacrificios y para salvaguardar ese trabajo del que dependen hombres y mujeres concretos.
Quizá no me escuchen, quizá no me hagan caso, quizá me etiqueten como loco o como débil de carácter. Pero no puedo quedarme indiferente ante lo que va a ocurrir a cientos de personas.
Vale la pena hacer el esfuerzo. Sólo entonces será posible que algún corazón rompa con las cadenas que lo atan a ambiciones locas e iniciará, conmigo, un camino serio para que el mundo sea un poco más justo, más solidario y más atento a las necesidades de todos. Sólo entonces se adoptarán resoluciones que no miren sólo a los beneficios de unos pocos siempre más ricos, sino a las necesidades de muchos que sólo desean seguridad en sus contratos y un salario digno para sus familias”.
El síndrome Nimby'
Julio Somoano
LA GACETA
(Cuatro regidores valientes se han salido del gris carrilete de los mediocres)
La política le ha dado una lección esta semana a la Política. Han tenido que ser cuatro alcaldes, en su lucha por lograr lo mejor para sus municipios, los que se han puesto los tapones en plan Ulises para que los cantos de sus sirenas no les tirasen por la borda. Cuatro regidores valientes se han salido del gris carrilete de los mediocres, sabiendo que sigue en vigor la ley Guerra de que el que se mueve no sale en la foto del próximo cartel electoral. Audaces fortuna iuvat. En Yebra, en Ascó, Santervás de Campos y en Villar de las Cañas quieren albergar el cementerio nuclear. Estos cuatro alcaldes no necesitan utilizar el acrónimo ATC para maquillar la realidad porque no tienen nada que ocultar. Saben que el almacén nuclear será lo que reactive su economía y les lleve trabajo y riqueza.
Frente a ellos, los líderes políticos, cuyos planteamientos dejan una fuga intelectual mayor que la de Chernóbil. Igual da aquí Partido Socialista, Partido Popular o CiU.
Nuestros líderes se muestran aquejados del síndrome Nimby. Not in my back yard. Montilla no quiere en su patio trasero el cementerio que impulsó como ministro de Industria. Su compañero de partido castellano-manchego Barreda amenaza incluso con ir al Constitucional que medita sobre el Estatut, que es como embarrar el almacén. Y el PP, que defiende la energía nuclear, estudia sancionar a los dos alcaldes que cumplen su programa electoral. Tirios y troyanos escurren el bulto, acogiéndose a “cuotas de solidaridad nuclear”.
Pero, ¿no era esto bueno? ¿Debe primar en un partido la coherencia o los votos? ¿Deben los políticos mantener sus ideas aunque puedan perder apoyos o debe ser su fin gobernar y ya iremos viendo? ¿Alguno ha leído al presidente de la Primera República Pi y Margall? Dejó escrito hace más de un siglo: "Las convicciones políticas son como la virginidad. Una vez perdidas, no vuelven a recobrarse".
LA GACETA
(Cuatro regidores valientes se han salido del gris carrilete de los mediocres)
La política le ha dado una lección esta semana a la Política. Han tenido que ser cuatro alcaldes, en su lucha por lograr lo mejor para sus municipios, los que se han puesto los tapones en plan Ulises para que los cantos de sus sirenas no les tirasen por la borda. Cuatro regidores valientes se han salido del gris carrilete de los mediocres, sabiendo que sigue en vigor la ley Guerra de que el que se mueve no sale en la foto del próximo cartel electoral. Audaces fortuna iuvat. En Yebra, en Ascó, Santervás de Campos y en Villar de las Cañas quieren albergar el cementerio nuclear. Estos cuatro alcaldes no necesitan utilizar el acrónimo ATC para maquillar la realidad porque no tienen nada que ocultar. Saben que el almacén nuclear será lo que reactive su economía y les lleve trabajo y riqueza.
Frente a ellos, los líderes políticos, cuyos planteamientos dejan una fuga intelectual mayor que la de Chernóbil. Igual da aquí Partido Socialista, Partido Popular o CiU.
Nuestros líderes se muestran aquejados del síndrome Nimby. Not in my back yard. Montilla no quiere en su patio trasero el cementerio que impulsó como ministro de Industria. Su compañero de partido castellano-manchego Barreda amenaza incluso con ir al Constitucional que medita sobre el Estatut, que es como embarrar el almacén. Y el PP, que defiende la energía nuclear, estudia sancionar a los dos alcaldes que cumplen su programa electoral. Tirios y troyanos escurren el bulto, acogiéndose a “cuotas de solidaridad nuclear”.
Pero, ¿no era esto bueno? ¿Debe primar en un partido la coherencia o los votos? ¿Deben los políticos mantener sus ideas aunque puedan perder apoyos o debe ser su fin gobernar y ya iremos viendo? ¿Alguno ha leído al presidente de la Primera República Pi y Margall? Dejó escrito hace más de un siglo: "Las convicciones políticas son como la virginidad. Una vez perdidas, no vuelven a recobrarse".
30 enero 2010
27 enero 2010
La jubilación a los 67 años. ¿Es este un gobierno serio?
Editorial
Forum Libertas
De repente y en un importante foro internacional, el de Davos, Zapatero ha notificado un cambio muy sustancial en el sistema público de pensiones. Se convertirá en obligatorio trabajar hasta los 67 años para todos aquellos que han nacido a partir de 1959, si bien su aplicación será progresiva. En el mismo acto, Zapatero añadió que España es un país “serio y cumplidor”. El país posiblemente lo sea, el Gobierno lo es todo menos serio, y su especialidad es no cumplir aquello a lo que se compromete. No se trata de una afirmación subjetiva, la credibilidad de Zapatero según las encuestas está hecha unos zorros.
La medida que ha anunciado Zapatero es criticable por diversas razones. Primera por la forma y lugar donde se ha anunciado. Tanto hablar de consenso y de diálogo en temas sociales y, de repente, se saca la piedra de la faja sin el menor aviso previo. Ni los sindicatos, ni la patronal, ni el principal partido de la oposición conocían esta decisión, era algo reservado para el exclusivo club de Davos y sus megacapitalistas. Ahora que no se extrañe si la iniciativa es recibida de manera mucho peor a la que se hubiera dado si hubiera sido fruto de un procedimiento racional, huyendo de ese fantasma que persigue al presidente del Gobierno que es el deseo de aparecer como un gran líder cuando sus condiciones naturales no dan pie a ello.
Fue patética la escena de la mesa redonda en Davos cuando dejó de funcionar la traducción simultánea del inglés al español, y Zapatero fue el único de los presentes que no podía seguir el debate, porque no entendía nada. Su incapacidad se mostró sin paliativos al producirse la ridícula escena de una traductora semi-agachada al lado de Zapatero, mostrando así desde el escenario y a toda la sala sus carencias para desempeñar un papel en la política internacional. Pero volvamos a casa.
La segunda crítica, a reserva de las concreciones que el Gobierno haga sobre el tema, es que se abre el melón de la reforma con visos de improvisación y de manera insuficiente.
Veamos por qué:
La carrera de ir añadiendo años sin más no es en si misma una solución a largo plazo. Las razones son varias. Una de ellas es que si continúa el declive demográfico el desequilibrio entre quienes pueden trabajar y las personas en edad de jubilación tenderá a crecer de una manera desproporcionada. En este sentido, un libro excelente para comprender la dimensión del problema es El fin del Bienestar del que nos hacemos eco en estas páginas de Josep Miró i Ardèvol (VER ENLACE). Si solamente se contempla la prolongación de la edad laboral, sin más, se presentan una serie de problemas que dan pie a la injusticia. Uno de los más importantes es el del periodo cotizado: se alargará el tiempo pero no todos habrán contribuido el mismo periodo de años. Por consiguiente, la prolongación de la edad de jubilación implica entrar en esta otra materia mucho más a fondo de lo que se ha hecho, buscando una situación que sea equitativa.
Esto, naturalmente, nos conduce a otra cuestión: puede haber personas que en la construcción necesaria de esta equidad se queden con una pensión tan baja que no permita una vida digna. Esto solamente puede corregirse con cargo a los Presupuestos del Estado garantizando de esta manera un nivel básico para todos, sin cargar a la Seguridad Social esta tarea. Esto también permite ver claramente el esfuerzo solidario que la sociedad debe hacer.
Nos encontraríamos entonces ante dos tipos de pensiones: Una, en función del tiempo cotizado, y otra básica común a todos que tendría la característica de permitir cubrir de una manera razonable las necesidades básicas. Aún sería necesario introducir otra reforma más: aquella que estimulara, facilitara, el establecimiento de planes voluntarios de pensiones, en el bien entendido que lo que existe en la actualidad es insuficiente y en muchas ocasiones incluso escandaloso, porque el principal beneficiario del plan privado es la entidad gestora, y no el teórico beneficiario.
El otro gran problema que plantea el avanzar dos años la edad de jubilación es que no todas las actividades representan la misma carga. Es evidente que un administrativo, un profesor de universidad, quizás un maestro -pero esto hoy en día es perfectamente discutible- cuadros intermedios, en fin un conjunto de actividades profesionales, resulte incluso positivo aprovechar las capacidades y experiencias de dos años más. Pero, hay todo otro conjunto de profesiones en las que esto puede constituir una dura penalización: un taxista, un albañil, tareas que requieren determinadas condiciones y esfuerzo físico.
Así mismo, es incompatible radicalmente la voluntad de retardar dos años el derecho a cobrar pensión y al mismo tiempo mantener la actual política de jubilaciones anticipadas. Es una contradicción brutal que el Gobierno es el primero en estimular. Las recientes reducciones de personal de TVE se han hecho solo bajo el estúpido criterio de la edad. Se ha prescindido de personas muy preparadas, con una gran experiencia en el medio, simplemente porque era el camino más fácil para la empresa, prejubilarlos. Es decir TVE se ha descapitalizado y además lo ha hecho a expensas de sobrecargar los costes a la Seguridad Social. Todo esto es impresentable. No puede haber una prolongación si previamente no se corta en seco esta sangría de las prejubilaciones.
Finalmente, el tema de los jóvenes. Cuando el paro juvenil en España se acerca al 40%, una cifra de escándalo en términos absolutos y comparativos, es evidente que una medida como la de retrasar la edad de jubilación no puede ser adoptada sin considerar las consecuencias sobre el primer empleo y por consiguiente prever las medidas necesarias para intentar limitar aquellos efectos negativos que pudiera tener.
Una vez más Zapatero ha demostrado su frivolidad para encarar temas tan decisivos. España ha entrado en esta cuestión con muchísimos años de retraso, una década como mínimo, para hacerlo, además, en un mal momento y del peor modo posible.
Forum Libertas
De repente y en un importante foro internacional, el de Davos, Zapatero ha notificado un cambio muy sustancial en el sistema público de pensiones. Se convertirá en obligatorio trabajar hasta los 67 años para todos aquellos que han nacido a partir de 1959, si bien su aplicación será progresiva. En el mismo acto, Zapatero añadió que España es un país “serio y cumplidor”. El país posiblemente lo sea, el Gobierno lo es todo menos serio, y su especialidad es no cumplir aquello a lo que se compromete. No se trata de una afirmación subjetiva, la credibilidad de Zapatero según las encuestas está hecha unos zorros.
La medida que ha anunciado Zapatero es criticable por diversas razones. Primera por la forma y lugar donde se ha anunciado. Tanto hablar de consenso y de diálogo en temas sociales y, de repente, se saca la piedra de la faja sin el menor aviso previo. Ni los sindicatos, ni la patronal, ni el principal partido de la oposición conocían esta decisión, era algo reservado para el exclusivo club de Davos y sus megacapitalistas. Ahora que no se extrañe si la iniciativa es recibida de manera mucho peor a la que se hubiera dado si hubiera sido fruto de un procedimiento racional, huyendo de ese fantasma que persigue al presidente del Gobierno que es el deseo de aparecer como un gran líder cuando sus condiciones naturales no dan pie a ello.
Fue patética la escena de la mesa redonda en Davos cuando dejó de funcionar la traducción simultánea del inglés al español, y Zapatero fue el único de los presentes que no podía seguir el debate, porque no entendía nada. Su incapacidad se mostró sin paliativos al producirse la ridícula escena de una traductora semi-agachada al lado de Zapatero, mostrando así desde el escenario y a toda la sala sus carencias para desempeñar un papel en la política internacional. Pero volvamos a casa.
La segunda crítica, a reserva de las concreciones que el Gobierno haga sobre el tema, es que se abre el melón de la reforma con visos de improvisación y de manera insuficiente.
Veamos por qué:
La carrera de ir añadiendo años sin más no es en si misma una solución a largo plazo. Las razones son varias. Una de ellas es que si continúa el declive demográfico el desequilibrio entre quienes pueden trabajar y las personas en edad de jubilación tenderá a crecer de una manera desproporcionada. En este sentido, un libro excelente para comprender la dimensión del problema es El fin del Bienestar del que nos hacemos eco en estas páginas de Josep Miró i Ardèvol (VER ENLACE). Si solamente se contempla la prolongación de la edad laboral, sin más, se presentan una serie de problemas que dan pie a la injusticia. Uno de los más importantes es el del periodo cotizado: se alargará el tiempo pero no todos habrán contribuido el mismo periodo de años. Por consiguiente, la prolongación de la edad de jubilación implica entrar en esta otra materia mucho más a fondo de lo que se ha hecho, buscando una situación que sea equitativa.
Esto, naturalmente, nos conduce a otra cuestión: puede haber personas que en la construcción necesaria de esta equidad se queden con una pensión tan baja que no permita una vida digna. Esto solamente puede corregirse con cargo a los Presupuestos del Estado garantizando de esta manera un nivel básico para todos, sin cargar a la Seguridad Social esta tarea. Esto también permite ver claramente el esfuerzo solidario que la sociedad debe hacer.
Nos encontraríamos entonces ante dos tipos de pensiones: Una, en función del tiempo cotizado, y otra básica común a todos que tendría la característica de permitir cubrir de una manera razonable las necesidades básicas. Aún sería necesario introducir otra reforma más: aquella que estimulara, facilitara, el establecimiento de planes voluntarios de pensiones, en el bien entendido que lo que existe en la actualidad es insuficiente y en muchas ocasiones incluso escandaloso, porque el principal beneficiario del plan privado es la entidad gestora, y no el teórico beneficiario.
El otro gran problema que plantea el avanzar dos años la edad de jubilación es que no todas las actividades representan la misma carga. Es evidente que un administrativo, un profesor de universidad, quizás un maestro -pero esto hoy en día es perfectamente discutible- cuadros intermedios, en fin un conjunto de actividades profesionales, resulte incluso positivo aprovechar las capacidades y experiencias de dos años más. Pero, hay todo otro conjunto de profesiones en las que esto puede constituir una dura penalización: un taxista, un albañil, tareas que requieren determinadas condiciones y esfuerzo físico.
Así mismo, es incompatible radicalmente la voluntad de retardar dos años el derecho a cobrar pensión y al mismo tiempo mantener la actual política de jubilaciones anticipadas. Es una contradicción brutal que el Gobierno es el primero en estimular. Las recientes reducciones de personal de TVE se han hecho solo bajo el estúpido criterio de la edad. Se ha prescindido de personas muy preparadas, con una gran experiencia en el medio, simplemente porque era el camino más fácil para la empresa, prejubilarlos. Es decir TVE se ha descapitalizado y además lo ha hecho a expensas de sobrecargar los costes a la Seguridad Social. Todo esto es impresentable. No puede haber una prolongación si previamente no se corta en seco esta sangría de las prejubilaciones.
Finalmente, el tema de los jóvenes. Cuando el paro juvenil en España se acerca al 40%, una cifra de escándalo en términos absolutos y comparativos, es evidente que una medida como la de retrasar la edad de jubilación no puede ser adoptada sin considerar las consecuencias sobre el primer empleo y por consiguiente prever las medidas necesarias para intentar limitar aquellos efectos negativos que pudiera tener.
Una vez más Zapatero ha demostrado su frivolidad para encarar temas tan decisivos. España ha entrado en esta cuestión con muchísimos años de retraso, una década como mínimo, para hacerlo, además, en un mal momento y del peor modo posible.
Clases de tumbas
José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso
(Los cadáveres se encuentran a 30 metros de profundidad)
Las víctimas del 36-39 arrojadas al pozo de Camuñas sufren un segundo linchamiento ahora que son removidas de su improvisada tumba. Lo primero que se dice de ellas es que pertenecían al bando vencedor, porque sus ejecutores obedecen indicaciones del Frente Popular.
Mal empezamos si no reconocemos que todas las víctimas del conflicto pertenecen al mismo bando, al de los perdedores, porque todas perdieron la vida de manera brutal y despiadada. Extraña victoria sería la de caer muerto en una profunda mina que hace de fosa común, con torturas en el cuerpo, el pecho reventado y un agujero en el cráneo.
En la mina Las Cabezuelas de Camuñas abundaban los dientes de oro. Eso quiere decir que eran ricos, creyentes y de derechas. Hasta dos mil cuerpos calcula la Causa General que se han arrojado allí. También hay sotanas. Nada que lamentar, babea la canalla.
Esta guerra, la que se ha montado para encontrar cadáveres de esas fechas, está reservada para que sólo la ganen unas víctimas concretas y nada puede empañar el diseño de despacho con el que ha sido concebida. Por eso las matanzas de la fosa de Camuñas, la de Paracuellos o la del tren de la muerte que viajó de Jaén a Madrid, están excluidas del festín necrolátrico actual. Molesta encontrarse con el horror repartido por barrios.
Al grito: ellos tuvieron cuarenta años para honrar a sus muertos, se reclama un espacio de exclusividad ideológica repitiendo una vez más los mismos defectos clasistas y de banderías. Todavía hay clases; sólo que ahora las determinan otros.
Siendo así, deprime comprobar cómo las autoridades y los particulares de hoy somos capaces de mantener verdes los odios que alimentaron esos crímenes hace setenta años. Tanto que no somos capaces de darles el descanso eterno.
Bitácora de Cora/El Progreso
Las víctimas del 36-39 arrojadas al pozo de Camuñas sufren un segundo linchamiento ahora que son removidas de su improvisada tumba. Lo primero que se dice de ellas es que pertenecían al bando vencedor, porque sus ejecutores obedecen indicaciones del Frente Popular.
Mal empezamos si no reconocemos que todas las víctimas del conflicto pertenecen al mismo bando, al de los perdedores, porque todas perdieron la vida de manera brutal y despiadada. Extraña victoria sería la de caer muerto en una profunda mina que hace de fosa común, con torturas en el cuerpo, el pecho reventado y un agujero en el cráneo.
En la mina Las Cabezuelas de Camuñas abundaban los dientes de oro. Eso quiere decir que eran ricos, creyentes y de derechas. Hasta dos mil cuerpos calcula la Causa General que se han arrojado allí. También hay sotanas. Nada que lamentar, babea la canalla.
Esta guerra, la que se ha montado para encontrar cadáveres de esas fechas, está reservada para que sólo la ganen unas víctimas concretas y nada puede empañar el diseño de despacho con el que ha sido concebida. Por eso las matanzas de la fosa de Camuñas, la de Paracuellos o la del tren de la muerte que viajó de Jaén a Madrid, están excluidas del festín necrolátrico actual. Molesta encontrarse con el horror repartido por barrios.
Al grito: ellos tuvieron cuarenta años para honrar a sus muertos, se reclama un espacio de exclusividad ideológica repitiendo una vez más los mismos defectos clasistas y de banderías. Todavía hay clases; sólo que ahora las determinan otros.
Siendo así, deprime comprobar cómo las autoridades y los particulares de hoy somos capaces de mantener verdes los odios que alimentaron esos crímenes hace setenta años. Tanto que no somos capaces de darles el descanso eterno.
Internet, presente y futuro
Santiago Martín
La Razón
La celebración de la Jornada de las Comunicaciones Sociales le ha servido a Benedicto XVI para animar a los sacerdotes a lanzarse al universo de internet y utilizarlo para la evangelización. En realidad, la Iglesia está ahí presente desde su mismo inicio y, en este caso, lo mismo que sucedió con la radio, se puede decir que no hemos llegado tarde. Así como en la televisión y en el cine tenemos un déficit considerable y hemos retrocedido muchísimo en presencia en los medios escritos, en internet la Iglesia se ha movido bien y con agilidad, quizá porque no es costoso estar presente en él.
Eso no significa que no se deba hacer mucho más. Las nuevas posibilidades que van apareciendo son también nuevas oportunidades para llevar el mensaje del amor de Dios a más y más personas. Ahora bien, hay que saber cómo moverse en esos ámbitos, pues la Red puede convertirse en una trampa para ingenuos.
Además, hay que tener en cuenta que la evangelización «virtual» no podrá nunca sustituir a la «real» y que el «cara a cara» será siempre insustituible. Llevo 24 años trabajando en televisión y recibo cientos de correos electrónicos todas las semanas, sobre todo procedente de América; los Franciscanos de María estamos en 28 países gracias, en buena medida, a esta forma de evangelizar; pero, al final, el trato personal es decisivo. Claro que, cuando esto no es posible, bienvenidos sean el e-mail o la web.
La Razón
La celebración de la Jornada de las Comunicaciones Sociales le ha servido a Benedicto XVI para animar a los sacerdotes a lanzarse al universo de internet y utilizarlo para la evangelización. En realidad, la Iglesia está ahí presente desde su mismo inicio y, en este caso, lo mismo que sucedió con la radio, se puede decir que no hemos llegado tarde. Así como en la televisión y en el cine tenemos un déficit considerable y hemos retrocedido muchísimo en presencia en los medios escritos, en internet la Iglesia se ha movido bien y con agilidad, quizá porque no es costoso estar presente en él.
Eso no significa que no se deba hacer mucho más. Las nuevas posibilidades que van apareciendo son también nuevas oportunidades para llevar el mensaje del amor de Dios a más y más personas. Ahora bien, hay que saber cómo moverse en esos ámbitos, pues la Red puede convertirse en una trampa para ingenuos.
Además, hay que tener en cuenta que la evangelización «virtual» no podrá nunca sustituir a la «real» y que el «cara a cara» será siempre insustituible. Llevo 24 años trabajando en televisión y recibo cientos de correos electrónicos todas las semanas, sobre todo procedente de América; los Franciscanos de María estamos en 28 países gracias, en buena medida, a esta forma de evangelizar; pero, al final, el trato personal es decisivo. Claro que, cuando esto no es posible, bienvenidos sean el e-mail o la web.
No me creo el número de parados
Antonio Burgos
ABC
No sé si soy creyente o crédulo, pero creo en muchas cosas. Demasiadas. Creo, por ejemplo, que ya es creer, que Javier Solana y Víctor García de la Concha se merecían el Toisón de Oro por sus impagables servicios a la Corona. Como también creo con pleno convencimiento que dos servidores de la Institución recién marchados al patio de las malvas como don Antonio Fontán y don Sabino Fernández Campo no habían hecho a lo largo de su vida méritos suficientes para el Toisón. Punto en el que también creo a pie juntillas lo de Chateaubriand: «La ingratitud es oficio de Reyes, pero los Borbones exageran».
Y hay muchas más cosas en las que creo. Creo que nunca como ahora es verdad lo que dictaminó Ortega en «La España invertebrada». Creo, con sus palabras, que España sufre de aristofobia: «La ausencia de los mejores ha creado en la masa, en el pueblo, una secular ceguera para distinguir el hombre mejor del hombre peor, de suerte que cuando en nuestra tierra aparecen individuos privilegiados, la masa no sabe aprovecharlos y a menudo los aniquila». Creo que aunque haya metido el freno y la marcha atrás, ese rector que tiene nombre de anuncio de detergentes, el señor Luque, ha consagrado la aristofobia con el derecho a copiar en la Universidad de Sevilla. Y las gracias hemos de dar al cielo, porque como creo profundamente que en España estamos convirtiendo los delitos en derechos, cual el aborto, menos mal que la aristofobia universitaria hispalense quedó en la apología de la chuleta, pues creo que llegará el día que al que pillen copiando le darán directamente matrícula de honor.
Y aunque soy tan crédulo como habrán comprobado por las confesiones que expuestas quedan, no me creo sin embargo las cifras oficiales sobre el número de parados. Ni el paro registrado en el INEM, ni la Encuesta de Población Activa, ni nada. Aunque lo reconozca el ministro Corbacho o lo reconozca el sursum corda. ¿Que en España hay cuatro millones de parados? ¡Tequiyarcarajo! Tiene que haber pero que muchísimos menos. Eso es un infundio, una calumnia que han levantado contra el Gobierno los fachas de siempre, la caverna, los papafritas del PP, que son los que tienen la culpa de todo en España según creo firmemente cuando veo los telediarios de La 1 y sale la Fernández de la Vega con el modelito nuevo de cada día, dánosle hoy, o sale esa Leire Pajín con más maquillaje que la propia cifra del paro.
No puede ser verdad que en España haya cuatro millones de parados. Yo creo en el misterio de la Santísima Trinidad, creo en la infalibilidad del Papa, creo en los dones del Espíritu Santo, creo en la mediación universal de la Virgen y creo que la Esperanza Macarena es la verdadera Madre de Dios, al que en Sevilla llamamos Gran Poder. En todo eso creo, y en el credo nicenoconstantinopolitano entero y pleno, completamente del todo. Pero no me creo que haya cuatro millones de parados. No es posible. Si en España hubiera cuatro millones de parados, las hambrientas turbas ya estarían desvalijando supermercados. Ya habría estallado la revuelta campesina como en los tiempos de la Mano Negra. En Barcelona se viviría otra Semana Trágica. Los antidisturbios se verían desbordados en su intento de restablecer el orden. La gente desesperada asaltaría los bancos, reventaría los cajeros automáticos para coger el dinero, ocuparía los restaurantes de lujo reclamando algo tan viejo como el pan y la justicia.
Pero salgo a la calle, y veo los bares llenos, y los coches venga a gastar gasolina en los embotellamientos, y el Ikea a rebosar, y las discotecas llenas. Es mentira que haya cuatro millones de parados. Mentira cochina. Salvo, claro está, que estemos viviendo el verdadero milagro español: el milagro del dinero negro y de la economía sumergida.
ABC
No sé si soy creyente o crédulo, pero creo en muchas cosas. Demasiadas. Creo, por ejemplo, que ya es creer, que Javier Solana y Víctor García de la Concha se merecían el Toisón de Oro por sus impagables servicios a la Corona. Como también creo con pleno convencimiento que dos servidores de la Institución recién marchados al patio de las malvas como don Antonio Fontán y don Sabino Fernández Campo no habían hecho a lo largo de su vida méritos suficientes para el Toisón. Punto en el que también creo a pie juntillas lo de Chateaubriand: «La ingratitud es oficio de Reyes, pero los Borbones exageran».
Y hay muchas más cosas en las que creo. Creo que nunca como ahora es verdad lo que dictaminó Ortega en «La España invertebrada». Creo, con sus palabras, que España sufre de aristofobia: «La ausencia de los mejores ha creado en la masa, en el pueblo, una secular ceguera para distinguir el hombre mejor del hombre peor, de suerte que cuando en nuestra tierra aparecen individuos privilegiados, la masa no sabe aprovecharlos y a menudo los aniquila». Creo que aunque haya metido el freno y la marcha atrás, ese rector que tiene nombre de anuncio de detergentes, el señor Luque, ha consagrado la aristofobia con el derecho a copiar en la Universidad de Sevilla. Y las gracias hemos de dar al cielo, porque como creo profundamente que en España estamos convirtiendo los delitos en derechos, cual el aborto, menos mal que la aristofobia universitaria hispalense quedó en la apología de la chuleta, pues creo que llegará el día que al que pillen copiando le darán directamente matrícula de honor.
Y aunque soy tan crédulo como habrán comprobado por las confesiones que expuestas quedan, no me creo sin embargo las cifras oficiales sobre el número de parados. Ni el paro registrado en el INEM, ni la Encuesta de Población Activa, ni nada. Aunque lo reconozca el ministro Corbacho o lo reconozca el sursum corda. ¿Que en España hay cuatro millones de parados? ¡Tequiyarcarajo! Tiene que haber pero que muchísimos menos. Eso es un infundio, una calumnia que han levantado contra el Gobierno los fachas de siempre, la caverna, los papafritas del PP, que son los que tienen la culpa de todo en España según creo firmemente cuando veo los telediarios de La 1 y sale la Fernández de la Vega con el modelito nuevo de cada día, dánosle hoy, o sale esa Leire Pajín con más maquillaje que la propia cifra del paro.
No puede ser verdad que en España haya cuatro millones de parados. Yo creo en el misterio de la Santísima Trinidad, creo en la infalibilidad del Papa, creo en los dones del Espíritu Santo, creo en la mediación universal de la Virgen y creo que la Esperanza Macarena es la verdadera Madre de Dios, al que en Sevilla llamamos Gran Poder. En todo eso creo, y en el credo nicenoconstantinopolitano entero y pleno, completamente del todo. Pero no me creo que haya cuatro millones de parados. No es posible. Si en España hubiera cuatro millones de parados, las hambrientas turbas ya estarían desvalijando supermercados. Ya habría estallado la revuelta campesina como en los tiempos de la Mano Negra. En Barcelona se viviría otra Semana Trágica. Los antidisturbios se verían desbordados en su intento de restablecer el orden. La gente desesperada asaltaría los bancos, reventaría los cajeros automáticos para coger el dinero, ocuparía los restaurantes de lujo reclamando algo tan viejo como el pan y la justicia.
Pero salgo a la calle, y veo los bares llenos, y los coches venga a gastar gasolina en los embotellamientos, y el Ikea a rebosar, y las discotecas llenas. Es mentira que haya cuatro millones de parados. Mentira cochina. Salvo, claro está, que estemos viviendo el verdadero milagro español: el milagro del dinero negro y de la economía sumergida.
Lo políticamente correcto
Card. Ricardo Mª Carles
La Razón
Si apelamos a la política democrática, tal como la entendieron los griegos, veremos que, para Platón, el verdadero arte de la política es el arte que se cuida del alma y la convierte en lo más virtuosa posible. En la «República» Platón afirma que la verdadera filosofía (que comporta la verdad) coincide con la verdadera política. Sólo así puede construirse la verdadera ciudad, es decir, el Estado fundamentado sobre el supremo valor de la justicia y del bien, teniendo como ideal levantar el espíritu de sus conciudadanos al mayor nivel posible y lograr que la bondad rigiera las conciencias de quienes la habitaban. Visto así, lo «políticamente correcto» quedaba «libre de errores o defectos», tal como define lo correcto el diccionario de la RAE.
Lamentablemente, no parece ser el caso de nuestra patria. Los miles de abortos aceptados por la futura ley, que empeorará la situación actual, es sólo uno de los muchos casos en que las leyes no están libres de «errores o defectos». Y, a mi entender, es grave que esa adjetivación de algún comportamiento como «políticamente correcto» vaya extendiéndose en nuestra cultura, si son comportamientos que producen detrimento de muchos valores, que humanizan la persona, la familia, la educación y la vida social. Los gobernantes –para Platón– son aquellos que saben amar a la Ciudad más que los demás, cumpliendo sus obligaciones y, sobre todo, «conociendo y contemplando el Bien». En ellos debe predominar el alma racional y su virtud específica es la sabiduría.
La Razón
Si apelamos a la política democrática, tal como la entendieron los griegos, veremos que, para Platón, el verdadero arte de la política es el arte que se cuida del alma y la convierte en lo más virtuosa posible. En la «República» Platón afirma que la verdadera filosofía (que comporta la verdad) coincide con la verdadera política. Sólo así puede construirse la verdadera ciudad, es decir, el Estado fundamentado sobre el supremo valor de la justicia y del bien, teniendo como ideal levantar el espíritu de sus conciudadanos al mayor nivel posible y lograr que la bondad rigiera las conciencias de quienes la habitaban. Visto así, lo «políticamente correcto» quedaba «libre de errores o defectos», tal como define lo correcto el diccionario de la RAE.
Lamentablemente, no parece ser el caso de nuestra patria. Los miles de abortos aceptados por la futura ley, que empeorará la situación actual, es sólo uno de los muchos casos en que las leyes no están libres de «errores o defectos». Y, a mi entender, es grave que esa adjetivación de algún comportamiento como «políticamente correcto» vaya extendiéndose en nuestra cultura, si son comportamientos que producen detrimento de muchos valores, que humanizan la persona, la familia, la educación y la vida social. Los gobernantes –para Platón– son aquellos que saben amar a la Ciudad más que los demás, cumpliendo sus obligaciones y, sobre todo, «conociendo y contemplando el Bien». En ellos debe predominar el alma racional y su virtud específica es la sabiduría.
La verdad de Mexica
Santiago Velo de Antelo
LA GACETA
Me van a permitir que haga mi propia memoria histórica, en este caso de la América precolombina, y veremos cómo para la mayoría de los indios la llegada de los españoles fue una liberación. Veamos el calendario azteca y sus celebraciones rituales y festivas.
Del 2 al 21 de febrero se celebraba la fiesta de Atlacacauallo, con sacrificio de niños en diversos montes a los que se les realizaba la extracción de corazones y antropofagia ritual. Desde el 22 hasta el 13 de marzo, eran las fiestas de Tlacaxipehualiztli, con sacrificio de cautivos, tanto de hombres como de mujeres y niños, con extracción de corazones y desollamiento.
El sacrificio de niños continuaba hasta la llegada de las lluvias abundantes para, del 23 de abril al 12 de mayo, organizar la festividad de Toxcatl, dedicada al sacrificio de un joven cautivo escogido y criado con lujos durante un año.
Por supuesto, con extracción de corazón incluida. Y así podemos continuar mencionando fiestas y celebraciones que incluyen el canibalismo, sacrificio de esclavos y hombres y mujeres ataviados como los dioses, sacrificios de cuatro esclavos en el juego de la pelota o combates rituales a muerte entre los esclavos, es decir, entre los otros indios no aztecas.
Sólo durante el Nemontemi, del 28 de enero al 1 de febrero, había cinco días de paz, sin rituales y ayuno general. La llegada de los españoles fue una liberación. De ahí que un puñado de hombres, mandados por héroes como los hermanos Pizarro, Hernán Cortés, Núñez Cabeza de Vaca, Ponce de León, Álvaro de Bazán y tantos otros, pudieran con miles de aztecas y mexicas. La razón es bien simple.
Con los españoles luchaban miles de indios que buscaban la liberación. Y les llegó esa liberación en forma de evangelización y supresión de la esclavitud por Isabel la Católica. En forma de epopeya misionera y de mestizaje, un fenómeno único, y en forma de un idioma común.
LA GACETA
Del 2 al 21 de febrero se celebraba la fiesta de Atlacacauallo, con sacrificio de niños en diversos montes a los que se les realizaba la extracción de corazones y antropofagia ritual. Desde el 22 hasta el 13 de marzo, eran las fiestas de Tlacaxipehualiztli, con sacrificio de cautivos, tanto de hombres como de mujeres y niños, con extracción de corazones y desollamiento.
El sacrificio de niños continuaba hasta la llegada de las lluvias abundantes para, del 23 de abril al 12 de mayo, organizar la festividad de Toxcatl, dedicada al sacrificio de un joven cautivo escogido y criado con lujos durante un año.
Por supuesto, con extracción de corazón incluida. Y así podemos continuar mencionando fiestas y celebraciones que incluyen el canibalismo, sacrificio de esclavos y hombres y mujeres ataviados como los dioses, sacrificios de cuatro esclavos en el juego de la pelota o combates rituales a muerte entre los esclavos, es decir, entre los otros indios no aztecas.
Sólo durante el Nemontemi, del 28 de enero al 1 de febrero, había cinco días de paz, sin rituales y ayuno general. La llegada de los españoles fue una liberación. De ahí que un puñado de hombres, mandados por héroes como los hermanos Pizarro, Hernán Cortés, Núñez Cabeza de Vaca, Ponce de León, Álvaro de Bazán y tantos otros, pudieran con miles de aztecas y mexicas. La razón es bien simple.
Con los españoles luchaban miles de indios que buscaban la liberación. Y les llegó esa liberación en forma de evangelización y supresión de la esclavitud por Isabel la Católica. En forma de epopeya misionera y de mestizaje, un fenómeno único, y en forma de un idioma común.
Una selección subjetiva de artículos, opiniones y comentarios en un lugar para la reflexión.

