21 junio 2018

Año Xv - Nº 1093

Combatir las raíces de la corrupción

Editorial
Alfa y Omega


Luchar contra la corrupción es defender instituciones democráticas sólidas, sin olvidar que la mejor prevención es la educación.

La condena e ingreso en prisión de Iñaki Undargarín significa un punto de inflexión en España. 

Quizá por el contraste entre el enriquecimiento ilícito de algunos con las heridas que ha dejado la crisis económica, se había instalado una intolerancia hasta ahora desconocida hacia la corrupción política, pero el caso Nóos disipa muchas dudas sobre autocensuras en nuestro Estado de Derecho. 

Tras el derribo del Gobierno de Mariano Rajoy a raíz de la sentencia del caso Gürtel, hemos visto a un ministro recién nombrado dimitir por viejos asuntos con Hacienda, e incluso el despido del seleccionador nacional en vísperas del comienzo del Mundial por la forma –según la Federación de Fútbol –«poco ejemplar» de anunciarse su fichaje por parte del Real Madrid.

Esta súbita revalorización de la ejemplaridad en la vida pública parece, en principio, positiva para la democracia española, hasta ahora demasiado tolerante con vicios como la laxitud en el uso del dinero público. Conviene sin embargo evitar un exceso de celo que, además de hipócrita, destruya a la ligera el buen nombre de cualquier sospechoso de haber cometido un delito y niegue la capacidad de redención a quien efectivamente haya podido equivocarse en algún momento. 

La experiencia sugiere además que el puritanismo es un indicio de cinismo, mientras que las personas (y las sociedades) realmente virtuosas no se escandalizan tan fácilmente por las imperfecciones y debilidades de los demás, no por que resten valor a las malas acciones, sino porque lo que de verdad les preocupa es la persona, a diferencia del fariseo, obsesionado con la apariencia.

Luchar contra la corrupción es defender instituciones democráticas sólidas, comenzando por la justicia. Sin olvidar que en las instituciones hay personas, y que la mejor prevención es la educación. Continuamente demanda el Papa restaurar la alianza educativa entre familia, escuela y sociedad. 

La falta de coherencia entre lo que ven y los mensajes que reciben niños y jóvenes, unida muchas veces a la incapacidad de los adultos de afrontar las preguntas de sentido que se hacen los chicos, abona el terreno al cinismo. Aunque luego, eso sí, les enseñemos a lapidar al corrupto.

Con el cadáver de Franco a cuestas

Javier Gómez de Liaño
EL ESPAÑOL


El autor considera un error seguir haciendo política con la Guerra Civil y pide pasar página de un episodio que enfrentó a media España con la otra media.

"Cuando no se sabe o no se puede perdonar, hay que acudir al olvido” (Louis Charles Alfred de Musset).

Estas palabras que comienzo también pudieran titularse Agua pasada no mueve molino, una locución que el sabio refranero castellano recoge y que viene a significar que los muertos descansen como merezcan y los vivos crezcan en armonía.

El comentario viene a cuento de la nueva propuesta de exhumar el cadáver de Franco de la basílica del Valle de los Caídos y, de paso, según algún miembro de la ejecutiva del PSOE, revisar “los juicios del franquismo para que se declaren nulos de pleno derecho”. Se trata de iniciativas que aun cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dicho que se ejecutarán sin precipitaciones, en el fondo a lo que conducen es a desenterrar a los muertos y, lo que es peor, a reavivar, consciente o inconscientemente, un cainismo que creíamos superado desde la Transición, aquella obra política maestra que consistió en pasar de la dictadura a la democracia sin caer en el revanchismo ni enrojecer el paisaje.

¿Por qué esa obstinación de que la España de hoy camine sobre las cenizas de la Guerra Civil? El calendario es una máquina que no se cansa jamás y el recuerdo de aquella carnicería no es la vida, sino su espejismo y, en consecuencia, una inservible herramienta política. Lo pasado, pasado está y de nada vale resucitar lo que ya es carne de archivo. Pretender rastrear en aquellos sucesos que bañaron a España en sangre y nos traumatizó a todos, me parece un síntoma grave, aunque más grave todavía resulta el diagnóstico, porque mucho me temo que el problema rebase los cauces históricos y los jurídicos –errados, ambos, sin duda–, para entrar en los de una mentalidad que no acaba de madurar.

Estoy con quienes sufren la historia, noble expresión acuñada por Albert Camus, y me opongo a quienes quieren reescribirla a base de brochazos desdichados y aun delirantes. En algún momento debemos decir ¡basta!, aunque todavía haya algunos que, por desgracia, piensen que nunca corrió bastante dolor en el que rebozarnos. Si el tiempo sirve para algo, es para reflexionar, para mirar adelante con sensatez y buen deseo de acierto; en una palabra, para progresar. Allá los nostálgicos con ademanes justicieros, pero, ante la guerra, llámese civil o incivil, en una cabeza sana no cabe ningún otro sentimiento que no sea la desolación y la náusea, a partes iguales. Afortunadamente somos muchos los que nos negamos a participar en la agria locura de hacer memoria de aquella media España contra la otra media y propugnamos enterrar de una puñetera vez esa calamidad que acabó hace ahora 77 años.

Franco murió hace ahora 42 años y medio y con él murieron también el franquismo y el antifranquismo, aunque las recientes sugerencias y reticentes actitudes que comento quizá pudieran llevar a sostener lo contrario. Particularmente creo que se trata de meras apariencias y algunas añoranzas, pero tampoco ignoro que la política no se mueve en el mundo de los espectros y que de la lucha contra los fantasmas a la caza de brujas no hay más que un paso. A estas alturas, enzarzarse en una discusión sobre el cambio de calles del franquismo o plantearse la reapertura de fosas sólo contribuye a reabrir llagas y a enconar viejos resentimientos. De Franco casi nadie habla, ni para bien ni para mal, pues son otros los temas que ocupan la cabeza y el corazón de los españoles. Un desfile de reliquias no cabe en una sociedad que aspira a tener conciencia de su realidad cotidiana.

Hay algo, sin embargo, sobre lo que los españoles –no todos, pero sí los que vivimos, con más o menos años, en el franquismo– deberíamos, primero, meditar con sinceridad y, después, expresar sin miedo. Me refiero a que los 40 años de poder absoluto de Franco hicieron franquistas, o colorearon de franquismo, a la mayoría de los españoles de entonces. Entiéndaseme bien. No digo que todos o casi todos los españoles llegaran a ser partidarios del general Franco y adeptos a su régimen, pero sí que esos años de gobierno autoritario de Franco imprimieron sobre los españoles una huella de la que muy pocos pudieron escapar. Carlos Semprún Maura lo describe en sus memorias: “Cuando Carrillo en 1954 me envió clandestinamente a España me di cuenta de que la mayoría de los españoles eran franquistas”. Los pueblos imitan siempre al que manda y en las cuatro décadas de gobierno autocrático, Franco marcó tan profundamente a los españoles que hasta los antifranquistas parecían franquistas e incluso siguieron pareciéndolo tras su muerte.

La política no es más que el arte de encauzar la inercia de la historia, nunca el muro desde el que se intenta frenar la marcha de un pueblo. La frase es vieja, tanto como el axioma de que mirar demasiado al pasado conduce al estancamiento. Digo esto porque, muerto Franco, fueron muchos los españoles que no apostaron por una ruptura con traca final sino por el cambio inteligente. Recuérdese que la democracia la trajeron un rey designado por Franco y un gobierno franquista y que fueron esos franquistas los que legalizaron a los comunistas para que España viviera en concordia. Ésta es la pura verdad; una verdad en cuyo honor algunos socialistas reconocen que su papel en la transición fue más bien testimonial, quizá porque buen número de ellos o sus padres procedían del franquismo o estaban en deuda con el régimen.

Para Nicolás Redondo –el más joven de los dos– escarbar en la Historia es un peligro y recomienda “alejarnos lo más rápidamente posible de aquella España negra que creíamos olvidada”. Lo malo de cierto sector de la izquierda, afortunadamente minoritario, es la propensión a exhumar cadáveres y el gusto por excitar las pasiones más vanas. Es verdad que al ser humano le encanta aplastar la ira propia sobre cabeza ajena, pero alimentar el ánimo de venganza es tan insensato como estúpido. Para mí tengo que las heridas no se restañan con fuegos artificiales, como los que algunos preconizan. Nunca es saludable atizar la pira donde ardieron tantos inocentes. Menos en una España moderna como la que vivimos.

Es hora ya de borrar esas tres palabras amargas: Guerra Civil Española. Yo hace muchos años que las tengo suprimidas de mi vocabulario y de mi pensamiento. Nuestra guerra civil fue una enfermedad, más bien, una epidemia, cuyo recuerdo no alimenta sino que debilita. Neguémonos a reescribir las páginas de aquel tiempo enloquecido en el que los españoles, rojos y nacionales, se mataron entre sí vilmente y con las técnicas más dispares y disparatadas. El olvido, pasado ya un más que prudente plazo, puede que sea la terapia más recomendable. No se trata de volver la espalda a la Historia, sino de asumirla y digerirla consciente y serenamente. En política quien mira para atrás y a destiempo acaba convirtiéndose en estatua de sal, como la mujer de Lot. Lo decía Pedro G. Cuartango anteayer: “si realmente los socialistas quieren mantener la memoria histórica, lo mejor que podrían hacer es dejar a los muertos en su tumba y conservar el Valle de los Caídos tal y como está sin caer en la tentación de construir un pastiche que siempre será artificial”.

Lo malo no son los muertos en las fosas, sino los vivos paseándonos con los cadáveres a cuestas o debajo del brazo. Y que cada uno haga examen de conciencia.

El odio a la verdad

Hermann Tertsch
ABC


Para enfadar a un conservador dile una mentira. Para enfadar a un “progresista” dile una verdad»

Este dicho vuelve a ser cierto en esta nueva y agitada España sanchista en la que todo lo peor vuelve como con ZP a disfrazarse de bondad. Quien diga verdades se convierte en enemigo a batir por los adalides del bien falsario. 

Pocos necios creerían a Pedro Sánchez cuando dijo que nada debe a los siniestros aliados que le han llevado al Gobierno con sus ridículos 84 escaños. Hoy ya todos esos extremistas, desde los comunistas de Podemos a los golpistas y filoterroristas, se ven con derecho a olvidar todo disimulo en sus ataques a la legalidad. Sánchez se lo debe. Él está dedicado a los regalos con dinero ajeno, desde su reality show en Valencia a los nueve millones para sindicatos. Para gastos y el buen apetito. No le vayan a irritar al recordarle promesas delirantes.

Ayer, la verdad que enfadó a la tropa fue otra vez un mérito de este periódico. ABC tiene desde hace 115 años el honor y el privilegio de irritar a muchos, pero sobre todo a los más furibundos enemigos de la libertad, que en España son, tras los terroristas y junto a los separatistas, los comunistas. Ayer, la portavoz de los comunistas de Podemos en el Congreso, Irene Montero, no solo atacó como es habitual al periódico por lo que dice. En una inaudita intervención en televisión dijo que había que prohibirle a ABC que publicara las portadas que publica sobre la crisis de los refugiados.

Portadas con tragedias en el mar que se multiplicarán. Por el «efecto llamada». Porque Rabat quiere. Y porque los demás países, escarmentados por la catástrofe social que lleva a sus urbes el colapso de las fronteras exteriores, hacen ya todo lo contrario. Y ponen coto a ONG que en parte actúan con y como los traficantes. ¿Unos por ideología y otros por dinero? Puede ser. Pero da lo mismo. Cuando los demás países cierran los puertos y las puertas, Sánchez abre de par en par y anuncia la sanidad universal a todos los habitantes del planeta que sean capaces de llegar a estas costas. Hasta quien jamás pensara abandonar su remoto país se lo planteará cuando los traficantes le expliquen que aquí le operan gratis cualquier mal. Y que por urgencias adelanta a todo español que, tras 45 años cotizados, lleva diez meses esperando ser intervenido.

Dice Montero que ABC incita al odio y que el Banco de Santander debe «prohibirle» al diario esas portadas. Que atribuya al Santander ese poder puede deberse a una enciclopédica ignorancia o a que la jefa de ese banco ha cogido fama de meterse en política. Queda claro que Montero y su marido se llevan bien con los bancos, visto el trato hipotecario con el chalé de La Navata. Dotado por cierto de un muro a prueba de salto de africanos. Son los pobres los que pierden parte de sus precarios y maltratados espacios y servicios ante los recién traídos. 


Irene quiere prohibir a ABC su libertad. Hace 80 años otros comunistas confiscaron el diario. Y asesinaron a más de medio centenar de redactores y trabajadores de ABC. Aparte de a célebres columnistas. Recordarlo también va a ser odio. Y estará prohibido. Como toda verdad. Anuncian a diario la guerra civil para ganarla. Ahora con otra ley de «memoria histórica» que criminaliza a media España. Y mete en la cárcel y hunde en la ruina a todo el que se empeñe en defender verdad y memoria real. 

Dan miedo estos fanáticos enemigos de la verdad y adalides del rencor totalitario. Eso sí, producen más repugnancia otros: los cobardes que se prometen ventajas en su silencio cómplice.

El Rey está solo

Pablo Planas
Libertad Digital


El racista Torra, el fugado Puigdemont y el condenado Mas han enviado una carta conjunta al Rey en la que no sólo le insultan sino que le culpan del conflicto social provocado por el proceso. 

La tesis separatista que firman estos tres individuos es que el Rey habría tomado partido en contra de todo el pueblo de Cataluña porque en vez de hacer la vista gorda ante un golpe de Estado prefirió defender el Estado de Derecho.

Los nacionalistas se muestran especialmente dolidos y quejosos por el contenido del discurso del Rey del 3 de octubre del año pasado, dos días después del referéndum ilegal y al cabo de una jornada de huelga convocada por la Generalidad con la que se intentó desencadenar una insurrección popular, la primavera árabe o el Maidan con que los arquitectos del golpe pretendían forzar la independencia de Cataluña.

Sostienen que Felipe VI no se dirigió a los catalanes, pero eso es falso, como todo lo que dicen los nacionalistas. El Rey habló para todos los catalanes, los partidarios de la independencia y los que no lo son. A los primeros les dijo:

Desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley. Porque, como todos sabemos, sin ese respeto no hay convivencia democrática posible en paz y libertad, ni en Cataluña, ni en el resto de España ni en ningún lugar del mundo.
Para los segundos –la mayoría en votos pero no en escaños por el sistema electoral caciquil– añadió a continuación:

Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.

Torra, Mas y Puigdemont también acusan al Rey de capitanear la represión, las cargas policiales del 1-O y la supuesta violencia contra unos ciudadanos que sólo querían votar. Mentiras y más mentiras para ocultar sus verdaderos propósitos. Torra quiere reunirse con el Rey. No le vale Sánchez. De ahí la carta de los tres presidentes autonómicos del proceso con una posdata del actual titular del cargo en la que invita al monarca a una cumbre bilateral para "recoser las heridas" si se baja los pantalones.

El Rey es el objetivo separatista porque los presidentes del Gobierno pasan, mientras que Felipe VI hizo el discurso que no hicieron y tendrían que haber hecho Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Pero el acoso al monarca viene de antes del 3 de octubre. El nacionalismo lo puso en el punto de mira aún de príncipe, en febrero de 2014, cuando un descerebrado introducido y azuzado por Mas le negó la mano en el salón de la telefonía móvil de Barcelona con la excusa de que la monarquía impedía el derecho a decidir y la consulta que se celebraría el 9 de noviembre de aquel año.

Cuatro semanas después de aquella votación y ya de rey, Felipe VI hizo de tripas corazón y se retrató con Artur Mas de copiloto en un auto de la factoría de Seat para celebrar los treinta años de un modelo emblemático. Se desconoce de qué hablaron o si hablaron de algo. T

ambién hay fotos del Rey con Puigdemont y con otros muchos golpistas antes del 1-O. Sin ir más lejos, de cuando la manifestación contra los atentados islamistas de agosto en Barcelona, aquella en la que las instituciones tomadas por los separatistas y sus partidos y facciones repartían carteles en los que se acusaba a Felipe VI de lucrarse con la venta de armas a los terroristas de las furgonetas y los cuchillos. 

El caso en Cataluña fue portada hasta de la hoja parroquial del Arzobispado de Barcelona, que ilustraba el título "Mercaderes de la muerte" con la foto de un cartel que decía: "Felipe, quien quiere la paz no trafica con armas".

Los que montaron eso y el golpe de Estado contra más de la mitad de la población catalana y el resto de España piden al monarca que rectifique, reflexione y se abra al diálogo mientras queman sus retratos cabeza abajo. También piden respeto mientras el PP se desangra y Sánchez se mira en el espejo. El Rey está solo y se la quieren liar parda. El viernes visita Tarragona y la próxima semana un pueblo de Gerona cuyo alcalde ya le ha declarado no grato, al tiempo que la CUP amenaza a los cocineros Roca por haberle alquilado un local para banquetes a fin de dar los premios Fundación Princesa de Gerona.

20 junio 2018

Los medios de comunicación y el control del mundo

Pedro Trevijano
Religión en Libertad


Uno de los factores hoy más influyentes son los medios de comunicación social, cuyo uso puede ser para el bien, llegando incluso a ser un instrumento precioso y muy eficaz de evangelización, o para el mal. 

En un mundo tan interrelacionado como el nuestro, los medios de comunicación dejan caer sus mensajes en todos los rincones, debiendo nosotros tener por tanto como criterios éticos el respeto a la verdad y a la dignidad humana. 

La nuestra es la llamada sociedad de la información, pues el cambio que hoy se ha producido en las comunicaciones supone, más que una simple revolución técnica, la completa transformación de aquello a través de lo cual la Humanidad capta el mundo que la rodea y que la percepción verifica.

Está comprobado que, con frecuencia, las personas, especialmente los niños y los jóvenes, aprenden las formas de conducta que observan en la televisión y demás medios de comunicación, incorporándolas a su repertorio de comportamientos. El mundo se ha hecho una pequeña aldea en la que, en todas partes, los jóvenes comparten las mismas canciones, los mismos ídolos, los mismos eslóganes.

Suele decirse que la opinión pública se hace a base de opinión publicada. El problema consiste en encontrar información fidedigna, en decidir en qué y en quién podemos realmente confiar como consumidores de información que somos. 

Está claro que los medios de comunicación social pueden ampliar extraordinariamente el mundo de nuestros conocimientos, a la vez que desempeñan la noble tarea de informar y denunciar las situaciones degradantes, pero también pueden ser usados para el mal, defendiendo como derechos todo lo referente al libertinaje sexual, difundiendo anuncios sexuales y pornografía, por lo que son responsables en buena parte del fomento de la violencia, de la exaltación del hedonismo y de la frivolidad, de la manipulación política, de la permisividad total, de la tolerancia o el favorecimiento del mal, del consumismo y de las ideas erróneas sobre la sexualidad y el amor que han invadido nuestra sociedad, promoviendo causas contrarias al matrimonio y a la familia, como pueden ser la apología de la ideología de género, y, en consecuencia, de las uniones no matrimoniales, de la infidelidad y del aborto.

Es más que sospechoso que casi todos los medios de comunicación importantes estén al servicio de causas aberrantes, anticientíficas y malvadas como las anteriormente citadas y estén financiadas por fundaciones multimillonarias, como la Planned Parenthood o la Soros. 

No es nada raro que los líderes políticos, incluso en países democráticos, manipulen la opinión pública con estas ideas a través de estos medios, que cuentan con el apoyo de grandes organizaciones que tratan de gobernar el mundo contra el designio de Dios Creador. 

La manipulación va a favor de la corriente, halaga los instintos y se pone al servicio de lo fácil y cómodo, pero va en contra de los valores fundamentales, valores que incluso son presentados como enemigos de la libertad y el progreso. Por ello, es necesario un especial esfuerzo y presencia de los cristianos en los medios de comunicación a fin de defender y fomentar los valores cristianos.

Es ciertamente imposible evitar que un poco todos nosotros, pero especialmente nuestros niños y jóvenes, se vean asediados por toda clase de demagogos y demagogias, pero la solución no consiste en evitar su influjo simplemente con prohibiciones, sino tratar de neutralizar estos peligros por medio de una formación y unos ideales adecuados, enseñando a nuestros jóvenes a pensar con rigor y a que se den cuenta de cómo se intenta manipularles, cosas posibles si sabemos mantener con ellos la comunicación y el contacto personal, teniendo valor para expresar lo que creemos, y utilizando también nosotros estos medios, para ponerlos al servicio de la verdad y el bien, a fin que nuestra voz sea también oída.

Dado que una auténtica ola sexual ha invadido el mundo, hoy es desde luego urgente proporcionar a todos y especialmente a los menores una buena formación cultural y sexual, fundada en el diálogo y en nuestro acercamiento a ellos, para dotarles de capacidad de discernimiento y de una actitud crítica capaz de defenderles del permisivismo sexual, fundamentado en el materialismo práctico y en el vacío moral debido a la ausencia de un horizonte cultural y espiritual. 

La educación no puede basarse en el hedonismo, ni en la ausencia del espíritu de sacrificio, ni en la búsqueda de la satisfacción egoísta que tanto puede dañar su personalidad en la delicada fase de maduración en que se encuentran, pues se trata de evitar que sean clientes y víctimas del tráfico sexual. 

Es importante plantearnos qué es lo que podemos hacer para favorecer nuestros medios de comunicación y contrarrestar los negativos. Y pese a las dificultades, no nos desanimemos, porque Jesucristo es más fuerte que Satanás.

¿Cataluña? Peor que con Rajoy, imposible

Jesús Cacho
Vox Pópuli


Tiene razón José María Aznar. Toda la razón cuando dice que “el movimiento independentista no ha sido desarticulado” en Cataluña, donde “sigue habiendo un Gobierno golpista” en abierta rebeldía contra la Constitución, con un nuevo Govern empeñado en sostenella y no enmendalla, decidido a aumentar la apuesta hasta donde sea menester para hacer realidad ese choque de trenes capaz de internacionalizar el conflicto y forzar la intervención de la Unión Europea, de la ONU, de la Rusia de Putin o del lucero del alba, que cualquier ensoñación es buena para quien ha perdido el oremus. 

Y tiene razón Aznar -aunque toda la pierda cuando se recuerda que fue él quien, entre otras cosas, cedió las competencias de Educación, responsable final del crecimiento del separatismo, al defraudador Pujol-, cuando dice que “mientras el movimiento secesionista no se desarticule plenamente no se estará haciendo lo suficiente para que España gane a los golpistas” que, de momento y como poco, van empatando el partido.

Y ¿cómo está el Movimiento separata? ¿Qué está pasando ahí? ¿Qué va a ocurrir en Cataluña tras la salida de Mariano Rajoy con el rabo del 155 entre las piernas? Fue el temor que, por encima de cualquier otro, invadió a la España constitucional nada más conocerse el triunfo de la moción de censura, aprensión elevada al cubo por el hecho de que Pedro Sánchezfuera elevado al Parnaso precisamente con los votos, entre otros, del independentismo catalán. ¿Qué precio había pactado por ese apoyo? 

En estas cuitas andábamos cuando, aún no repuestos de la sorpresa, estalló el bombazo, la noticia que tiene al universo separata desconcertado, sumido en la perplejidad y sin saber muy bien por dónde tirar. Y todo porque Sánchez Pérez-Castejón ha tenido la audacia de promover al cargo de ministro de Exteriores a José Borrell, quizá el peor de los enemigos que podían haberle salido al paso al separatismo. De Dastis a Borrell o de la noche al día; del tancredismo estulto a la determinación de hacer frente al desafío.

Lejos del charnego acomplejado estilo Rufián que necesita lustrar a diario las botas del independentismo para ser aceptado como par, Borrell es tan catalán como Puigdemont o Kim Jong-Torra. “El que fa mal de Josep Borrell és que sigui català. Català autèntic, vull dir, tan català que els espanyols no són ni capaços de pronunciar-ne correctament el cognom. És això, el que no pot ser”, escribía el viernes un tal Albert Soler en Diari de Girona. 

Catalán pata negra, cuña de la misma madera. El leridano conoce el problema de primera mano, y ha expresado, como acredita su protagonismo en las movilizaciones que Sociedad Civil Catalana (SCC) ha venido realizando en los últimos años, su rotundo compromiso con el constitucionalismo y con la identidad de Cataluña como parte consustancial de España. 

Su experiencia internacional y su conocimiento de la UE (presidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007) pueden resultar decisivos a la hora de librar la batalla diplomática de la comunicación, la batalla de la exposición exterior de la verdadera naturaleza sectaria y racista del independentismo, una batalla que España ha estado perdiendo con el Gobierno de acémilas encabezado por Rajoy y sus Dastis, un nombramiento tardío que fue “lo peor que nos ha podido pasar a los constitucionalistas en Cataluña”, aseguran en SCC.

Éste será sin duda el principal cometido de Borrell desde Exteriores: ganar para la España constitucional la batalla de la comunicación que a nivel internacional le ha planteado el separatismo. Su nombramiento ha surtido el efecto de una descarga eléctrica sobre el campo golpista. Basten las declaraciones al respecto de Torra y resto de líderes del prusés. Resulta que con nuestros votos en el Congreso hemos hecho titular de Exteriores al tío que más daño podía hacernos en el objetivo de internacionalización del conflicto. Un pan como unas hostias.

El resultado de la moción de censura, por lo demás, ha venido a desmontar buena parte del andamiaje dialéctico del separatismo. Porque ha sido la Justicia española, esa Justicia que Rajoy y PP manejaban a su antojo según el argumentario separata, esa Justicia capaz de meter en la cárcel a “los luchadores por la libertad del pueblo catalán”, la que se ha llevado por delante al PP y a su Gobierno, sentencia Gürtel mediante. Ha sido ella la que ha acabado con Rajoy, no Puigdemont y su capacidad desestabilizadora, como ha venido pregonando el insensato.

Rajoy, el enemigo del pueblo

Pero es que, además, el Gobierno de España no va a estar ya ocupado por el partido de la derecha, sino por la izquierda representada por el PSOE. El vademécum argumental indepe, siempre tan machacón a la hora de identificar a Rajoy como el origen de todos sus males, el enemigo a batir, queda huérfano, al pairo, porque ya no será el PP y su Gobierno, el “enemigo del pueblo de Cataluña” –siempre la parte por el todo, siempre la tentación totalitaria de que dos millones de independentistas se arroguen la representación de 7,5 millones de catalanes- sino que es la España constitucional, a derecha e izquierda, la que no está dispuesta a consentir el atropello contra las libertades de los catalanes no nacionalistas que el prusés y sus mentores representan. Y está bien que sea el PSOE quien se haga cargo del problema, porque hay cosas en este país para las que la izquierda está en teoría más capacitada que la derecha, y viceversa.

Al margen del acierto que ha supuesto un nombramiento en el que hay puestas tantas esperanzas, la suerte de la batalla que el separatismo ha planteado al Estado de Derecho dependerá del papel que juegue la otra pata en la que Sánchez parece querer apoyarse para abordar el problema, la nueva ministra de Política Territorial, Meritxel Batet. Y aquí las opiniones están divididas. 

Hay quien pone en valor su cercanía a SCC desde el primer momento y, por tanto, su disposición a formar tándem con Borrell en la batalla ideológica contra el separatismo, y quienes, por el contrario, “conociendo al PSC como si le hubiéramos parido”, señalan que el constitucionalismo no puede esperar gran cosa de una mujer que no pasa de ser “la persona de la máxima confianza de Miquel Iceta”, secretario general del PSC, y que como tal va a comportarse: como mera correa de transmisión del inclemente bailarín, cuyas posiciones, una de cal y otra de arena, ni contigo ni sin ti, ni carne ni pescado, ya no puede defender él mismo, que tal es su descrédito dentro del socialismo.

Batet es la típica apparatchik del PSC que no va a hacer otra cosa que representar la posición del dúo Iceta-Montilla, el andaluz que como presidente de la Generalitat encabezó la manifestación contra la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto tiempo ha. La propia Meritxel enseñó sus cartas en fecha tan reciente como febrero de 2013 cuando, tras el Debate sobre el Estado de la Nación de ese año, apoyó en el Congreso una moción de Convergencia en favor del “derecho a decidir”, rompiendo la disciplina de voto del PSOE cuyo líder, Alfredo Pérez Rubalcaba, había ordenado a sus diputados votar no. 

La rompió Batet y el resto de los diputados del PSC, para ser exactos. Obligados a otorgarle el beneficio de la duda como recién llegada, sus credenciales, sin embargo, no invitan al optimismo, lo mismo que sus primeras declaraciones como titular de la cartera. Poner el énfasis en el diálogo -“recuperar el diálogo con Cataluña”- con quien se cisca en el mismo, porque no atiende otras razones que no sean la rendición del Estado, más que un ejercicio de política naíf es un error palmario como la evidencia ha demostrado. ¿Razón? Soraya Sáenz de Santamaría.

Inútil "gesto de normalización"

En plenos fuegos artificiales del nuevo Gobierno, Puigdemont se ha encargado de recordar a Sánchez las exigencias que, cuando se encuentren cara a cara, le planteará su mandao Torra: “la garantía del derecho a la autodeterminación de Cataluña”, mientras que el propio Torra, liberado del cepo del 155, se apresta a reabrir las “embajadas catalanas” cerradas en virtud del famoso artículo y a poner en marcha de nuevo el Consejo de la Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat), que tan relevante papel ha jugado en la distribución de pornografía secesionista por doquier. 

Así es como entiende el diálogo esta gente. Y seguramente para hacerle más fácil la tarea a Kim Torra y sus secuaces, el Gobierno Sánchez decidió el viernes en su primer Consejo de Ministros levantar la intervención de las cuentas de la Generalitat como “gesto de normalización”. ¿Cuál será la respuesta del golpismo a tan bello deseo? Subir la apuesta e incrementar el desafío.

Es evidente que el nuevo Ejecutivo está casi obligado a apostar por esa “normalización” aún a sabiendas de que pronto terminará demostrándose un gesto inútil. Cataluña volverá a explotar, porque no ha dejado de hacerlo un solo día al menos desde 2012. 

El resplandor del nombramiento de Borrell sigue siendo, no obstante, tan brillante a día de hoy, que el optimismo sigue intacto entre las valerosas huestes constitucionalistas que en inferioridad de condiciones se oponen al rodillo separata. “Cuesta decirlo, pero la pura verdad es que a Cataluña de ninguna forma le puede ir peor con Sánchez que con Rajoy”, asegura un miembro del PP catalán. 

Toda la fe, pues, puesta en José Borrell. Y todas las sospechas apuntando a esa contradicción que se adivina insuperable entre las convicciones democráticas de un hombre determinado a combatir el secesionismo, y el contoneo catalanista de los Meritxel, Iceta y Montilla, siempre dispuestos a “fer la puta i la Ramoneta”

Con el riesgo que implican los pronósticos, no resulta aventurado vaticinar que tal contradicción terminará explotándole muy pronto a Pedro Sánchez en las manos. Nadie se imagina a José Borrell traicionando sus convicciones a sus 71 años.

Mártires o cómplices

Santiago Martín
Católicos ON LINE


La aprobación en el Congreso de Argentina de una ley que hace prácticamente libre e ilimitado el aborto -se podrá abortar hasta los nueves meses de embarazo en algunos casos- ha estado precedida por el referéndum sobre el aborto en Irlanda, que ganaron los partidarios del “sí”. 

Además de la tragedia para la mujer y para el no nacido que eso significa, hay una cuestión colateral de gran importancia. En Irlanda ya se ha anunciado que no se permitirá la objeción de conciencia a los hospitales católicos -la presidenta chilena Bachelet ya lo intentó en su país y sólo el cambio de gobierno lo impidió, ampliando la objeción de conciencia a las instituciones- y lo mismo que en Irlanda puede pasar en Argentina.

¿Qué tiene que hacer la Iglesia en estos casos? Si se niega a cumplir la ley, se verá sometida a multas e incluso al cierre de los centros. Si cede y abre la puerta de sus hospitales al aborto, se convertirá en una aliada de la cultura de la muerte y en colaboradora eficaz de cientos o miles de muertes de seres humanos inocentes. Algunos argumentarán que el mal menor lleva a aceptar el aborto, pues de lo contrario se tendrían que cerrar los hospitales. Pero si esto sucediera, un negro manto de culpa cubriría a esas instituciones y a la Iglesia entera.

Pero no son sólo los hospitales católicos los que están amenazados por el avance de la dictadura del relativismo. También lo están los colegios, con la imposición de la ideología de género y de la enseñanza obligatoria de sus postulados. Y esto es sólo hoy, porque mañana pueden verse afectadas las residencias de ancianos, que serían obligadas a practicar o al menos permitir la eutanasia para los acogidos en ellas.

Es imprescindible exigir el respeto a los derechos de las personas jurídicas, recogidos en sus estatutos. A los que alegan que sólo las personas físicas tienen derechos se les puede responder que, según eso, un banco puede ser saqueado porque sólo tiene derecho a no ser robado el empleado que en él trabaja. La persona jurídica tiene detrás a personas físicas. En el caso del Banco, son sus accionistas y los dueños de los depósitos a él confiados. Son esos derechos los que se preservan al respetar sus estatutos. Lo mismo sucede en el caso de los hospitales, colegios u otras obras sociales de la Iglesia. Son los católicos, como ciudadanos libres y con derechos de un país, los que se verían afectados si se violan los estatutos de las instituciones de la Iglesia.

Estamos ante un ataque diabólico contra los servicios sociales de la Iglesia, que han sido siempre su carta de identidad. Hay que defenderlos a toda costa. Lo que desean es privar a la Iglesia del prestigio que supone la ayuda inmensa que ofrece a los necesitados, aun a costa de que sean éstos los que paguen las consecuencias.

Pero si no se pudiera evitar que los nuevos dictadores obliguen a las instituciones católicas a ir contra sus principios, mejor cerrarlas que traicionar los valores que se derivan de nuestra fe. Nos quedaremos sólo con las parroquias, que es lo esencial, y si también éstas las cierran -obligando a pagar el impuesto de bienes inmuebles, que haría inviable la existencia de la mayoría-, tendremos que volver a la situación que se vivía en los tres primeros siglos del cristianismo y hacer de los hogares el templo doméstico donde se vive y se transmite la fe. Lo contrario, ceder ante las exigencias de la dictadura del relativismo, tendría unas consecuencias devastadoras. O somos mártires o nos convertimos en cómplices.

Efecto llamada

Javier Zabaleta
La Razón


Las mafias cambian las rutas y en lugar de ir a Libia, ahora se dirigen a la frontera con Marrueco

Cuando los subsaharianos, en su ruta hacia Europa, llegaban a la región de Agadez, en Níger, auténtico centro neurálgico de la migración ilegal, debían optar entre dos caminos. 


Podían dirigirse a Libia –lo que hacía la mayoría porque el viaje al continente propiciado por las mafias parecía más fácil– o hacia Marruecos y las fronteras de Ceuta y Melilla, con sus correspondientes vallados. Ésta última ruta era escogida por una minoría por las dificultades que entrañaban los saltos de dichas protecciones.

Ahora, porque las noticias corren como la pólvora, el asunto del barco «Aquarius», rechazado por Italia y admitido, en medio de una parafernalia mediática, por España, así como el anuncio de la posible supresión de las concertinas en los citados vallados, ha cambiado por completo el panorama, según han informado a LA RAZÓN expertos en la materia.

Aunque todavía es pronto para evaluar el número de subsaharianos que se dirigen ahora a las ciudades autónomas, se da por hecho que serán de muchos miles. De hecho, las mafias de tráfico de seres humanos que operan en Libia no tardarán en extender su «negocio» hasta nuestras fronteras.

En todo caso, Melilla y Ceuta se enfrentan a un grave problema a corto y medio plazo por la previsible llegada de esos miles de subsaharianosque, ante la imagen que está dando España como país de acogida sin mayores problemas, se dirigirán a las ciudades autónomas como primer paso para entrar en Europa.

La cifra de mil subsaharianos que han sido detectados en las proximidades de Melilla, la mitad de los cuales pretendían intentar la entrada ilegal por el vallado (las informaciones de que se van a suprimir las concertinas y recientes redadas realizadas por las Fuerzas de Seguridad marroquíes, pueden retrasar los saltos) y la otra mitad por mar, se puede multiplicar de una manera considerable en poco tiempo. En Ceuta, la cifra es similar, aunque es más difícil de evaluar porque gran parte de las personas están dentro de localidades como Castillejos y Tetuán, y no en campamentos.

El asunto del barco «Aquarius» y el de las citadas concertinas va a modificar toda la estrategia de las mafias que están detrás de las migraciones de subsaharianos hacia Europa. El punto central donde se organizan las columnas que se dirigían hacia Libia o hacia Marruecos vía Argelia, para intentar pasar por Ceuta y Melilla, está en la zona de Agadez, en Níger.

De allí parten dos rutas. Una, la más frecuentada hasta ahora por los problemas que representaba los vallados de las ciudades autónomas, se dirigía a Libia por Bilma y Dirkou (2.000 kilómetros). La otra, que puede pasar a ser una auténtica procesión de personas, se dirigía por Arlit hacia Argelia, Marruecos y finalmente a nuestras fronteras (3.000 km).

La imagen, que con la simple consulta a Internet ya conocen los subsaharianos, de que España poco menos que va a abrir la mano a la emigración ilegal (sea o no verdad, pero la imagen que se ha dado es contundente) constituye el origen de un problema que cuando a esté a pocos kilómetros de los vallados, sin concertinas y con la sola posibilidad de la contención humana que realicen los agentes de las Fuerzas de Seguridad, ya tendrá una difícil solución.

Un agente con largos años de experiencia en este asunto comenta que la actuación de Guardia Civil y Policía se va a observar (ya ocurre) con lupa y cuando alguna ONG considere que la represión para evitar la entrada ilegal ha sido excesiva, denunciará (ya lo han hecho) mediáticamente lo ocurrido. La respuesta que den en ese momento las autoridades está por ver.

La reacción de los subsaharianos de buscar la entrada en apariencia más fácil y de momento más barata, es lógica. Se trata de seres humanos en busca de una vida mejor y que se han empeñado hasta la última moneda para emprender un viaje no exento de peligros y que termina en manos de mafias antes de iniciar la parte final del trayecto.

La pregunta es si España está en condiciones de convertirse en la puerta por la que, tras algunos trámites, se pueda acceder a Europa y si el resto de países del continente están de acuerdo.

La acción de las Fuerzas de Seguridad en Ceuta y Melilla en los últimos años ha estado sometida a polémicas, peticiones de investigación y procesos judiciales que han sido resueltos a favor de los agentes. Se trata de un trabajo ingrato que conlleva un considerable esfuerzo humano y que hasta ahora ha evitado lo que hubiera sido un problema de difícil solución en las dos ciudades autónomas. Un crecimiento de subsaharianos en torno a ambas ciudades, como se estima que va a suceder, requerirá un aumento considerable de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Si no se adoptan medidas que sustituyan a las que se van a retirar, el problema, insisten las fuentes consultadas, puede ser muy grave.

19 junio 2018

El Papa en España

José Francisco Serrano Oceja
ABC


Veinticinco años después de la visita de Juan Pablo II, el catolicismo español no parece especialmente incisivo en los espacios en los que se configura el curso social.

Esta semana se han cumplido veinticinco años de la cuarta visita pastoral del papa Juan Pablo II a España. 

Un papa que no perdía oportunidad para expresar su amor apasionado a esta «tierra de María». En aquel entonces visitó Sevilla, Huelva y Madrid, con dos actos singulares en la capital: la visita a la sede de la Conferencia Episcopal y la bendición de la catedral de La Almudena. 

En un momento en el que determinados sectores eclesiales pretenden dictar una «Damnatio memoriae» sobre el pontificado, la teología y la forma evangelizadora de Juan Pablo II, convendría recodar algunos mensajes del santo polaco. El arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, acaba de escribir que «las actitudes del Papa en esos días nos señalaron un verdadero programa de vida cristiana, que veinticinco años después no ha perdido actualidad».

En la homilía en la catedral de La Almudena, Juan Pablo II dijo aquello de que en una sociedad pluralista como la nuestra, «se hace necesaria una mayor y más incisiva presencia católica,individual y asociada, en los diversos campos de la vida pública»

Y añadió aquel grito que estremeció a los presentes: «¡Salid a la calle, vivid vuestra fe con alegría!»

Veinticinco años después, el catolicismo español no parece especialmente incisivo ni en los ámbitos y espacios en los que se configura el curso social ni en la calle. Es cierto que lo público no se circunscribe a lo político. Pero los proyectos que se diseñaron a partir de esa interpelación papal han fracasado o se han diluido, entre otras razones también por el individualismo y el cainismo patrio.

El discurso a los obispos españoles no tiene desperdicio.Tampoco el comentario que escribió el hoy cardenal Fernando Sebastián en el libro recopilatorio del viaje en la BAC. Juan Pablo II dijo aquello de que «el ocultamiento de la verdadera doctrina, el silencio sobre aquellos puntos de la revelación cristiana que hoy no son bien aceptados por la sensibilidad cultural dominante, no es camino para una verdadera renovación de la Iglesia ni para preparar mejores tiempos de evangelización y de fe». 

Demasiado silencio elocuente.

«Fortnite», la nueva adicción digital de los jóvenes

J.M. Sánchez
ABC


El caso de una niña británica de solo 9 años que ha tenido que recibir tratamiento médico por pasarse diez horas jugando al videojuego de moda, «Fortnite», es una pincelada más acerca de la falta de supervisión adulta sobre este tipo de entretenimiento digital.

Como sucede con el cine, esta industria cuenta con un sistema de certificación por edades que, por unas cosas u otras, se suele saltar a la torera.

Basado en un tipo de juego relativamente novedoso llamado «battle royale» -por el que los usuarios se enfrentan entre sí en un entorno online y se alza como ganador el último que siga en pie-, no ha sido el primero, pero sí el más famoso. De hecho, los creadores de otro juego anterior que se basa en premisas muy parecidas, llamado «PlayerUnknown’s Battlegrounds» y que también tuvo su «boom» poco antes, han demandado por plagio a Epic Games, la compañía responsable de «Fortnite».

Su distribución, basada en un modelo «free to play» (no se paga por la descarga, pero contiene contenido de micropago), es uno de los factores clave en su popularización entre los adolescentes. Por otro lado, es muy fácil empezar a jugar, ya que solo se encesita un correo electrónico y una contraseña. Y se trata de un juego multiplataforma: está diseñado tanto para videoconsolas como para ordenadores e incluso móviles. 

Además, los participantes comienzan en igualdad de condiciones, y solo el aumento de su pericia y experiencia conseguirán marcar la diferencia entre los 45 millones de jugadores que en la actualidad se baten por ser el mejor. Por ello, los usuarios invierten horas y horas dentro de esta realidad virtual.
«Hasta las dos de la mañana»

Y, si no, que se lo digan a Sergio (quien prefiere no dar más datos de su identidad). Tiene 18 años y reconoce que incluso se queda sin salir los fines de semana para jugar. «Somos una pandilla de veinte amigos y la mayoría jugamos viernes y sábados, pero hay cuatro o cinco que están metidos casi todos los días. Nos ponemos sobre las 22 horas y estamos hasta las 2 de manera continua. Reconozco que estoy enganchado. E, igual que yo, la mitad de mis amigos», relata.

Para Juanma Romero, experto en adicciones digitales, esta fiebre adolescente en el uso compulsivo de servicios digitales «va a más porque es incontrolable». A su juicio, es importante que los padres tomen conciencia del uso indebido de internet y opten por una comunicación cercana e involucrarse en sus actividades con sus hijos para evitar que éstos caigan en las redes de la adicción. «Tienes que confiar en tu sentido común, porque no sabes si lo que están viendo en el móvil es Netflix u otra cosa. Vas un poco con los ojos vendados. No hay solución más allá del sentido común y que aprendan a usarlo de manera razonable», asegura a este periódico.

«Fortnite» ha seducido a los adolescentes de todo tipo, sin hacer siquiera distinción entre sexos; la mitad de ellos, mujeres. El juego está concebido para mayores de 12 años, pero muchos niños de 8 o 9 años lo están descargando de manera descontrolada hasta el punto de sufrir una adicción. José María Moreno, presidente de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI), la patronal del sector, adelanta un intento de los organismos de cada país en Europa para potenciar que los códigos PEGI -las etiquetas de las edades recomendadas equivalente a la del cine- se fijen también la posibilidad de realizar microtransacciones. «Los padres, a veces, no nos esforzamos todo lo que podríamos», apunta.

Aún con todo, su éxito es incontestable. Solo en abril recaudó más de 296 millones de dólares en ingresos por compras en su interior. Y eso que en octubre del año pasado su comunidad estaba formada por la quinta parte de lo que el fenómeno «Fortnite» es en la actualidad. Dado que su descarga es gratuita y está de moda, tiene todo los ingredientes para ser un caramelito en manos de los más jóvenes.

17 junio 2018

El gnosticismo hoy

Thomas G. Weynandi
Teólogo
Católicos ON LINE


Hoy se discute mucho sobre la presencia de un nuevo gnosticismo en el interior de la Iglesia Católica. Algo de lo que se ha escrito es útil, pero mucho de lo que se ha descrito como "revival" de esta herejía tiene poco que ver con su antiguo antecedente. 

Además, las atribuciones de esta antigua herejía a varias corrientes en el interior del catolicismo contemporáneo son en general erradas. 

Para llevar un poco de claridad a esta discusión sobre el neo-gnosticismo, es necesario ante todo una comprensión clara de qué fue en esencia el antiguo.

El antiguo gnosticismo se presentó en diversas formas y expresiones, muchas veces más bien retorcidas, pero con algunos principios esenciales bien distinguibles:

- En primer lugar, el gnosticismo sostiene un dualismo radical: la "materia" es la fuente de todo mal, mientras que el "espíritu" es el origen divino de todo lo que es bueno.

- En segundo lugar, los seres humanos están compuestos tanto de materia (el cuerpo) como de espíritu (que proporciona el acceso a lo divino).

- En tercer lugar, la "salvación" consiste en obtener el conocimiento verdadero, la "gnosis", una iluminación que permite progresar desde el mundo material del mal al reino espiritual, y por último a la comunión con la suprema divinidad inmaterial.

- En cuarto lugar, se han presentado diferentes "redentores gnósticos", cada uno de los cuales sostuvo que poseía ese conocimiento y que proporcionaba acceso a esta iluminación "salvífica".

A la luz de lo dicho hasta aquí, los seres humanos se dividen en tres categorías:

1) los "carnales" o "sarkici", prisioneros del mal en el mundo material o corpóreo e incapaces de recibir el “conocimiento salvífico”;

2) los "espirituales" o "psichici", son en parte confinados en la realidad carnal y parcialmente iniciados en el dominio espiritual (en el interior del "gnosticismo cristiano" son los que viven de la “fe” simple, porque no poseen la plenitud del conocimiento divino, no están plenamente iluminados y, en consecuencia, deben confiarse en lo que “creen”);

3) por último, están las personas capaces de iluminación plena, los "gnósticos", porque poseen la plenitud del conocimiento divino. Gracias a su conocimiento salvífico, pueden separarse completamente del malvado mundo material y ascender a lo divino.

Ellos viven y son salvados no gracias a la “fe”, sino al “conocimiento”.

Comparado con el gnosticismo antiguo, lo que ahora se propone como neo-gnosticismo en el catolicismo contemporáneo parece confuso y ambiguo, además de errado. Algunos católicos son acusados de neo-gnosticismo, porque supuestamente creen que se salvan porque adhieren a “doctrinas” inflexibles y sin vida y observan rigurosamente un “código moral” rígido y despiadado. Proclaman “conocer” la verdad y, en consecuencia, exigen que ésta sea afirmada y, sobre todo, obedecida. Estos “católicos neo-gnósticos” – se sostiene – no están abiertos al nuevo movimiento del Espíritu en la Iglesia contemporánea. Un movimiento, éste, definido frecuentemente como "el nuevo paradigma".

Ciertamente, todos conocemos a católicos que se comportan como si fuesen superiores a los demás, que ostentan su comprensión plena de la teología dogmática o moral para acusar a los demás de laxismo. No hay nada nuevo en este moralismo autojustificativo. Pero este sentimiento pecaminoso de superioridad entra propiamente en la categoría del orgullo y de por sí no es una forma de gnosticismo.

Sería justo llamar a esto “neo-gnosticismo” sólo si los así acusados propusieran un “nuevo conocimiento salvífico”, una nueva iluminación que se diferencia de la Sagrada Escritura como se la entiende tradicionalmente y de lo que es auténticamente enseñado por la tradición viviente del magisterio.

Pero esa acusación no puede ser formulada contra “doctrinas” que, lejos de ser verdades sin vida y abstractas, son las expresiones maravillosas de las realidades centrales de la fe católica: la Trinidad, la encarnación, el Espíritu Santo, la presencia real y sustancial de Cristo en la eucaristía, la ley de Jesús de amor a Dios y al prójimo reflejada en los diez mandamientos, etc. Estas doctrinas definen lo que era la Iglesia, lo que es y lo que será. Son las doctrinas que la hacen una, santa, católica y apostólica.

Además, estas doctrinas y estos mandamientos no son una forma de vida esotérica que someta a los individuos a leyes irracionales y despiadadas, impuestas desde el exterior por una autoridad tiránica. Más que nada, estos mismos “mandamientos” han sido dados por Dios, en su amor misericordioso, a la humanidad para asegurar una vida santa y a imagen de Dios.

Jesús, el Hijo encarnado del Padre, nos ha revelado además la forma de vida que debemos vivir mientras esperamos que venga su reino. Cuando Dios nos dice lo que no debemos hacer jamás, nos está protegiendo del mal, el mal que puede destruir nuestras vidas humanas, vidas que él ha creado a su imagen y semejanza.

Jesús nos ha salvado de la devastación del pecado a través de su pasión, muerte y resurrección, y ha infundido su Espíritu Santo precisamente para darnos el poder de vivir una vida auténticamente humana. Promoover este modo de vivir no significa proponer un nuevo conocimiento salvífico. En el gnosticismo antiguo, las personas de fe – obispos, sacerdotes, teólogos y laicos – las habrían definido como “psíquicas”. Los gnósticos las mirarían de arriba hacia abajo, precisamente porque no pueden reivindicar algún “conocimiento” único o esotérico. Están obligadas a vivir sólo de la fe en la revelación de Dios, tal como es entendida y fielmente transmitida por la Iglesia.

Los que hoy erróneamente acusan a los demás de neo-gnosticismo proponen – cuando se confrontan con el núcleo de las cuestiones doctrinales y morales de la vida real – la necesidad de buscar personalmente lo que Dios querría que hagan. Animan a las personas a discernir, por sí solas, en el dilema moral en que se encuentran para afrontar en su contexto existencial la mejor línea de acción, es decir, lo que son capaces de hacer en ese momento dado en el tiempo. De este modo, la conciencia propia del individuo, su comunión personal con lo divino, determina cuáles son las exigencias morales en las circunstancias personales del individuo. Lo que enseña la Escritura, lo que Jesús ha afirmado, lo que la Iglesia transmite a través de su tradición viviente del magisterio es suplantado por un “conocimiento” más elevado, por una “iluminación” más evolucionada.

Si hay un nuevo paradigma gnóstico en la Iglesia de hoy, parecería precisamente que se encuentra aquí. Proponer este nuevo paradigma significa afirmar estar verdaderamente “in-the-know”, en “conocer” verdaderamente, tener un acceso especial a lo que Dios está diciéndonos como individuos aquí y ahora, aunque esto fuese más allá y pudiera incluso contradecir lo que Él ha revelado a todos los demás en la Escritura y en la tradición.

Es de esperar, al menos, que nadie que reivindique este conocimiento ridiculice como neo-gnósticos a los que viven simplemente de su “fe” en la revelación de Dios, como propuesta por la tradición de la Iglesia.

Espero que todo esto lleve un poco de claridad a la actual discusión eclesial sobre el gnosticismo “católico” contemporáneo, poniéndolo en el justo contexto histórico. El gnosticismo no puede ser utilizado como un epíteto contra esos fieles “no iluminados” que buscan simplemente actuar, con la ayuda de la gracia de Dios, como la enseñanza divinamente inspirada de la Iglesia los llama a obrar.

“Que se joda España”

Arturo Pérez-Reverte
XL Semanal

Ocurrió el otro día. Desde hace un par de años, Sevilla es algo más que Semana Santa y Feria de Abril. El formidable periodista cultural Jesús Vigorra y la Fundación Cajasol han puesto en pie Letras en Sevilla, un experimento de primer orden que vincula el nombre de la ciudad a la cultura de alto nivel, la historia y la literatura. 

Yo echo una mano gratis et amore cuando puedo, porque Jesús es muy amigo mío. Los dos primeros ciclos, Literatura y Guerra Civil y Chaves Nogales, una tragedia española,fueron un éxito espectacular, como lo ha sido la tercera edición, España. ¿Mito, o realidad?, por la que pasaron Alfonso Guerra, Julio Anguita, Santiago Muñoz Machado y destacados historiadores, políticos, diplomáticos y escritores, con un conmovedor final de lecturas sobre nuestra Historia a cargo de Juan Echanove y Emilio Buale, que puso al medio millar de personas allí reunido —mañana y tarde durante tres días— la piel de gallina.

Uno de los invitados fue Agustí Colomines, a quien conocí hace casi cuatro décadas en Barcelona cuando él era un joven independentista. Culto, inteligente, profesor de Historia, arrogante y seguro de sí como buen pijonacionalista, Agustí pertenece a la élite catalana de toda la vida; ésa que en el fondo, y a veces en la forma, desprecia a los Rufianes y demás charnegos útiles. 

Asesor áulico de Artur Mas y de Puigdemont, Agustí es uno de los cerebros que idearon el proceso separatista hoy en curso. Y en Sevilla estuvo a la altura de sí mismo. Desde afirmar que para él Valencia y Baleares son como para los españoles Hispanoamérica, hasta señalar que los españoles no entienden un pimiento y que no hay quien pare el proceso catalán, no se privó de nada.

El público se lo quería comer vivo. No por lo que decía, sino por cómo lo decía. El historiador Fernando García de Cortázar y el ex alcalde de La Coruña y embajador Paco Vázquez estaban indignados por las maneras despectivas y la suficiencia con que Agustí planteaba las cosas. 

Pero aquello no era una tertulia de la tele; así que, cuando el rugido popular acallaba al invitado, tuve que coger el micrófono y recordar que allí habíamos ido a escuchar argumentos de primera mano, sin manipulaciones ni intermediarios, y no a vocear el desagrado con lo que se escuchaba. «Además —dije— Agustí tiene el valor de estar aquí, pudiendo no estar. Tiene una fe y la defiende. Es coherente con su fe y su combate». La gente reaccionó admirable y comprensivamente, y todo siguió su curso.

Fue entonces cuando, ya que tenía el micrófono en la mano, le hice a Agustí una pregunta: «En un Estado sin complejos como Francia o Alemania, ¿habría sido posible el procés?». Y él fue sincero: «Probablemente no existiríamos». Apunté que la Cataluña francesa no existe, y él dijo: «Allí no hay problema nacional catalán porque lo eliminaron. Y si España no ha eliminado a Cataluña…». Lo dejó ahí, pero me lo había puesto fácil: «¿Que se joda?», pregunté. «Pues sí —respondió, tajante—, que se joda».

No había más que hablar, y allí acabó el debate. Y ahora, dándole a la tecla, recuerdo ese momento y pienso que nunca estuvo tan claro, tan sinceramente expuesto; y eso es lo que quiero agradecerle a Agustí. En vez del hipócrita mamoneo que a diario oímos en Cataluña sobre el proceso independentista, el largo marear la perdiz a que se nos tiene acostumbrados, fue higiénico que alguien como él dijera las cosas tal cual son. 

A diferencia de Francia y su Revolución, del jacobinismo implacable que hizo de nuestros vecinos una nación fuerte, culta, unida y respetable, España perdió la ocasión, no sólo en ese momento, sino muchas veces después, incapaz de superarse a sí misma, insolidaria y dispersa. Siguió en manos de curas y espadones, de monarcas incapaces, de oportunistas periféricos y centrales. Y nunca tuvo el coraje de enfrentarse a sus difíciles realidades.

Por eso, en mi opinión, la culpa de lo que ocurre en Cataluña no la tiene Agustí Colomines, que desde su arrogancia egoísta e insolidaria lucha por aquello en lo que cree. La tienen nuestra larga apatía, nuestros complejos y nuestra cobardía: la de un Estado que lleva tres décadas, o más bien tres siglos, dejándose demoler casi con alegría. 

La culpa es nuestra: de los españoles en general, que a diferencia de esa Francia donde Cataluña, como dice Agustí, no es un problema porque no existe y donde hay una bandera francesa en cada escuela, merecemos de sobra lo que él dijo en Sevilla. «Que se joda España». 

Así es, desde luego. Y lo que todavía se va a joder.

14 junio 2018

Año XV - Nº 1092

Los refugiados: España y Europa

Editorial
Forum Libertas


El Papa Francisco ya aportó en Lampedusa el testimonio de la Iglesia y la actitud a adoptar en relación a los refugiados, y la ha reiterado en diversas ocasiones, recordando y actualizando así la doctrina de la Iglesia, que establece principios, define criterios, establece fundamentos, pero en ningún caso plantea soluciones técnicas, que son propias del orden secular, de las instituciones políticas en primer término, y también de las organizaciones e instituciones de la sociedad civil.

La inmigración se ha convertido en uno de los problemas graves de Europa por las discrepancias entre sus miembros y porque es en la mayoría de los países un problema de política interior. Una fuerza capaz, junto a otras causas – eso no debe olvidarse- de derribar y construir gobiernos, como se ha visto en el reciente caso de Italia. En esta dinámica, donde es fácil la demagogia, los hechos no pueden olvidarse. Escuetamente son estos:

* Europa, que tiene políticas comunes para muchas cosas, por ejemplo, para establecer las dimensiones de las jaulas de las gallinas ponedoras, carece de una política y práctica común en el régimen migratorio.

* El PIB per cápita del África subsahariana es once veces menor que el europeo. Es una diferencia brutal, que además tiende a crecer (en 1970 era solo de siete veces), y que, unida a la inestabilidad política y los conflictos bélicos, genera un poderoso efecto llamada.

* Europa tiene una población envejecida y una natalidad insuficiente, con la excepción de contados países. Hoy, la población de África subsahariana es de 1000 millones de personas por 500 de la UE. En unos treinta años serán 2.200 millones contra los mismos 500, además unos mayoritariamente jóvenes y los otros todo lo contrario. La presión demográfica es enorme.

La actitud de los países europeos ha sido la de ir cada uno por su lado. Alemania e Italia hasta ahora mismo han soportado el peso de los recién llegados. En el caso de Italia, donde se concentra el flujo más importante de llegadas, desde que los acuerdos de la UE con Turquía sellaron la vía turca, ha sufrido la insolidaridad de sus vecinos, obligando a los recién llegados a buscar acomodo en la península itálica, ante las dificultades fronterizas de franceses, suizos y austríacos. Tampoco han compartido los costes de esta atención.

Es evidente que esta situación no puede prolongarse, y que la respuesta política desde una perspectiva cristiana ha de combinar la acogida al extranjero sin dañar al propio país, cosa perfectamente posible con los actuales recursos comunes. 

Lo que no es de recibo, caso de España, es que los mismos sectores que reclaman la llegada de los refugiados tengan olvidados, sin ninguna política real a nuestros refugiados internos, las gentes sin hogar que malviven en las calles y que son muchos menos. La solidaridad es sincera cuando comienza con el más próximo y no cabalga a golpe de telediario.

Europa y los países miembros necesitan un plan a largo plazo que combine una acción masiva para el desarrollo y la seguridad del África Subsahariana, un “Plan Marshall”, que también reportaría beneficios económicos en términos de exportaciones. Si hay trabajo y seguridad, hay futuro para los jóvenes, la gente no emigra. 

El establecimiento de flujos seguros y una distribución adecuada a las capacidades demográficas y económicas de países receptores es otra necesidad que debe llegar a alcanzarse, a pesar de las dificultades acaecidas hasta ahora a causa de los desacuerdos entre países. 

El envejecimiento y la necesidad de mano de obra objetiviza el problema, pero requiere planificación y organización. Por último, una política de integración que evite la creación de guetos.

En todo esto hay algo que no puede olvidarse. El rechazo a la inmigración es consecuencia, la mayoría de las veces, de la ausencia de una identidad europea fuerte que dote de sentido y seguridad personal a la vida de las personas. 

Europa por su vacío espiritual. Pero no es solo eso. Los sectores de menores ingresos, castigados por la crisis, tienen la convicción de que son ellos quienes asumen las molestias y riegos que plantean los grandes flujos de habitantes, con quienes conviven, mientras que las elites que defienden su llegada, viven en barrios y condiciones donde el refugiado no existe como experiencia vital.

Combinar todo eso no es fácil, pero si es necesario

Sánchez, buen pagador

Antonio Burgos
ABC


En sus espléndidas crónicas taurinas de San Isidro, plumeadas a la antigua usanza, recordaba Andrés Amorós la muy conocida anécdota de la respuesta de Juan Belmonte cuando le preguntaron cómo uno que había sido banderillero suyo había podido llegar en el régimen de Franco a gobernador civil y jefe provincial del Movimiento: «Degenerando».

El gerundio belmontino no queda en la Historia de la Filosofía del Toreo. Tal gerundio abelmontado lo estamos viendo y viviendo en nuestros días. ¿Cómo puede un partido como el PSOE, tras haber sacado los peores resultados de su historia, con sólo 84 diputados, no sólo llegar a los 176 votos de la mayoría necesaria para sacar adelante su moción de censura para «desalojar a Rajoy de La Moncloa», sin presentar programa de Gobierno alguno, sino alcanzar los 180, o sea, yendo sobrado? 

Pues puede de un modo abelmontado: no sólo «degenerando» los principios que han expuesto como firmes socialistas históricos nada sospechosos cual el propio Felipe González, sino incluso renunciando a la E de «español» de las siglas del PSOE; por no hablar de muchos artículos de la Constitución y recurriendo al odio generalizado que toda la izquierda tenía acumulado contra el PP, aparte de la inquina personal contra Rajoy, que los ponía nerviosos (y hasta a sus votantes, incluso, con esa cachaza de no hacer nada y esperar que las cosas se arreglaran solas con el tiempo o con el olvido... y sin aplicar el 155).

Un secreto muy bien guardado, como los que prometen observar de las deliberaciones en el ridículamente llamado «Consejo de Ministras y Ministros» es lo que Sánchez pactase para llegar a esos 180 votos de censura contra Rajoy. ¿Lo sabremos todo algún día? ¿Qué pactó con Bildu? ¿Qué con Podemos? ¿Qué con los independentistas catalanes? 

Esto último es quizá más fácil: si no saberlo, al menos irlo adivinando. ¿Y saben por qué? Por lo buen pagador que es Sánchez. No hay nada que le guste más a la izquierda que hacer solidaridades, caridades y claudicaciones con el dinero ajeno, ese dinero público que Carmen Calvo dixit (y Pixie) que no es de nadie. 

Y tan buen pagador es que le ha faltado tiempo para mandar a Barcelona a Meritxell Batet. Ojú, mandar a Batet a Barcelona... A mí me suena muy mal. Batet, el general Batet, fue el que en Barcelona, en 1934, abortó en defensa de la Constitución republicana la proclamación del Estat Catalá y metió del tirón en la cárcel a los puigdemones de la época. No he podido saber si esta Batet de 2018 es de la misma sangre de aquel Batet, al que dos años más tarde de 1934 le costó la vida su leal defensa de la República.

Sea como fuere, Sánchez ha mandado a Meritxell Batet a Barcelona para lo contrario que el Cobrador del Frac: para pagar a los separatistas la deuda de su voto en la moción de censura. Le ha faltado tiempo a la señora Batet para preguntar «¿qué se debe aquí?» y decir que hay que acercar a cárceles de aquella parte de España a los rebeldes sediciosos que están en prisión preventiva por haber proclamado la República Independiente de Cataluña; sin contar con los jueces ni nada, hala, a pelo. 

Y le ha faltado también tiempo a la Pagadora del Frac de Sánchez para decir que si hace falta cambiar la Constitución en beneficio de las pretensiones de los separatistas catalanes, se cambia y listo, sin contar con las mayorías parlamentarias necesarias ni nada. 

Ah, y de controlar los gastos a la Generalidad, cero: barra libre, para que el dinero que les manda Madrid se lo gasten en lo que quieran. Por ejemplo, en esa fábrica de odio a España que es TV3 , cuyo presupuesto ya suma 250 millones de euros, es decir, 32 veces el de la Casa del Rey. 

¿Del Rey? Eso: a cuerpo de rey tiene este Sánchez, tan buen pagador, a todos los que les prometió destruir lo que hiciera falta e incluso vender a España a cambio de 180 platos de lentejas, perdón, de votos.

El día que Albert Rivera perdió el futuro inmediato

Fernando Baeta
EL ESPAÑOL


Pedro Sánchez no solo le ha robado las luces de neón a Albert Rivera. 

El pasado viernes 1 de junio el nuevo presidente del Gobierno le quitó también más de la mitad de su Gobierno imaginario y algo mucho más importante: le arrebató de las manos el futuro inmediato que ya toqueteaba a su antojo el líder, ahora marchito, de Ciudadanos.

Rivera se ha quedado desde entonces sin oxígeno –como pez fuera de la pecera– cuando creía que tenía aire de sobra, cuando ya se veía en Moncloa aupado a lomos de la ola de encuestas –casi unánimes– que pronostican su victoria si hubiera hoy elecciones. Pero el caso es que hoy no habrá elecciones. No. Y mañana está muy lejos. Lejísimos. 

De verse coronado en la Carrera de San Jerónimo ha caído en el montón del Congreso, sin apenas capacidad de influencia y con el tiempo –tictac tictac tictac– corriendo en su contra, por mucho que le quieran hacer creer lo contrario.

El líder de Ciudadanos ya se veía presidente pero la ambición desmedida –la misma, exactamente la misma que le reprocha con razón a Sánchez– le ha jugado una mala pasada. Tan lícito, o ilícito, era su deseo de elecciones a la vuelta de la esquina gracias a una moción instrumental, que no existe como tal en la Constitución, como el de Sánchez de sumar escaños vendiendo su alma al diablo, contar hasta 176 y echar al corrupto MR de la Moncloa, que era el origen de todo para ambos, según decían.

Pudo Rivera evitar lo que ahora le reprocha a Sánchez: el haberse puesto en manos de independentistas y nacionalistas. Para ello sólo tenía que haber apoyado al líder del PSOE, recordando aquel ‘pacto del abrazo’ que firmaron el 24 de febrero de 2016 y que acabó poco después, el 2 de marzo de ese mismo, cuando fracasó la investidura del ahora presidente.

Pero no quiso, ninguno de los dos estaba por la labor si somos sinceros, porque uno estaba subiendo y subiendo y subiendo y sólo tenía que esperar que la herencia le cayera encima, mientras el otro bajaba, y bajaba y bajaba y tenía que jugárselo todo a la carta del cadalso de Rajoy para que la cabeza que cayera no fuera la suya. Rivera no quería dejarle Moncloa a Sánchez ni un solo minuto y éste no quería a su lado ni medio segundo al líder de Ciudadanos.

Ahora toca esperar. Y las esperas, a veces, pueden ser muy crueles, especialmente para aquellos que erróneamente creían que había llegado su momento. Porque en política los amores, como dijo Pedro Almodóvar, son pasajeros, van y vienen, y no es lo mismo, por ejemplo, ponerle los cuernos a Mariano Rajoy y votar a Ciudadanos, que negarle una oportunidad al Partido Popular de un aclamado Alberto Núñez Feijóo, por ejemplo, que a priori no tiene más esqueletos que aquellos que le pueda volver a colocar Soraya Sáenz de Santamaría.

Las manecillas de reloj ya no son de Ciudadanos. Su movimiento continuo favorece a los populares, para recuperar el voto de derechas que se fugó a Rivera, y a los socialistas, que al tocar poder quiere que le devuelvan los votos que le robaron Ciudadanos, por un lado, y Podemos, por el otro. Ninguno de los dos grandes partidos quiere elecciones a la vuelta de la esquina. Hay veces que los extremos se acaban tocando. ¿Quién dijo que el bipartidismo había muerto?

Y mientras, Albert Rivera, que lo vio tan cerca, se cuece ahora –entre apariciones del espectro de Rosa Díez– en su chateau de Húmera, sopesando que siempre le quedará Cataluña y lo catalán, aunque allí reine una imbatible Inés Arrimadas.

En el neocomunismo populista no sólo se integra Pablo Iglesias: también Pedro Sánchez

Humberto Pérez-Tomé
Hispanidad


Cuando Jesús Trillo-Figueroa escribió ‘El espectro del comunismo’, no podía imaginar que aquellos tiempos volverían.

Muchos españoles piensan que el retroceso a la era Zapatero es inequívoco con el nuevo Presidente de España, y el revanchismo de la izquierda volverá a dejar plano al país. 

El PSOE, cuyo suelo electoral ha sido robado por Podemos, se encuentra en una situación única para demostrar que la verdadera izquierda son ellos. Sin embargo, no podrá retornar tan fácilmente, porque como dice el subtítulo del ensayo de Jesús Trillo-Figueroa, hemos ido del socialismo a Podemos, el neocomunismo populista de moda que engatusa a todos, especialmente a los más jóvenes, que les falta experiencia y que no tienen nada que perder.

En cualquier caso, el libro refleja la última y reciente evolución de la izquierda española como consecuencia de la aparición de Podemos. Es el regreso a la vieja izquierda marxista y revolucionaria. Posiblemente, con Pedro Sánchez y los socios (independentistas y radicales) que le han aupado hasta La Moncloa, estemos ante el final de la socialdemocracia que representaba el PSOE de Felipe González desde el año 1979, a causa del efecto contagio causado por Podemos. Aunque se haya puesto la venda antes de la herida con un perfil muy político de su gabinete con una fuerte carga de mujeres feministas lo que se presupone un sectarismo importante.

El fenómeno estudiado por Trillo-Figueroa en el libro, demuestra la vuelta del marxismo como ideología, de ahí el título: El espectro del comunismo. Porque en la gran revancha procedente de «la gran derrota de 1989», en expresión de Perry Anderson y Pablo Iglesias, vuelve hacerse real la frase con la que se comenzaba el Manifiesto Comunista de Marx y Engels(1848): «un espectro asedia Europa; el espectro del comunismo».

Esta nueva izquierda radical es hija del zapaterismo y de la extrema izquierda antisistema procedente del comunismo en sus distintas sopas de letras, de la que Sánchez se hace valedor por activa y por pasiva. Y a diferencia del comunismo clásico, el nuevo comunismo del que se impregna el PSOE de Zapatero, y ahora Pedro Sánchez, se presenta pragmático, huyendo de la mística ideológica, tratando de superar la aguadilla propiciada por Iglesias y las pijos-pobres de Podemos.

Y tanto PSOE como Podemos, en una competencia por el empoderamiento, se reviste de “populismo”, con palabras políticamente correctas, entendido como una inequívoca voluntad de llegar al poder (o mantenerlo) como fin en sí mismo; unido a una manipulación de las emociones y los sentimientos populares como medio para movilizar a las masas; al margen del debate racional.

El espectro del comunismo, aunque no sea novedad, es de rabiosa actualidad, y merece la pena ser leído porque descubrirá al lector un montón de claves que le explicarán aspectos vividos en el pasado y podrá prever lo que posiblemente nos llegue del futuro.

El cuento chino de Batet

José García Domínguez
Libertad Digital


Frente al golpe de Estado de la Generalitat, el golpe de Estado del Ejecutivo central. Dos por el precio de uno.

La cabra, es sabido, tira al monte. Nadie se extrañe, pues, de que a la ministra Batet, del PSC, le haya faltado tiempo para correr a Barcelona a anunciar la buena nueva de que desacatar desde el Gobierno de España la sentencia firme del Tribunal Constitucional sobre el Estatut sería la mejor manera de restablecer la legalidad en Cataluña. 

Frente al golpe de Estado de la Generalitat, el golpe de Estado del Ejecutivo central. Dos por el precio de uno. Una doctrina, la del golpismo blando amparado el la quiebra de la autoridad del órgano constitucional encargado de velar por el cumplimiento de la propia Carta Magna, que la ministra Batet ha aprendido a toda prisa de los señores empresarios del Círculo de Economía, genuinos padres intelectuales del invento. Y es que al Ibex 35 le está saliendo últimamente un feo mostacho que empieza a recordar demasiado al de Tejero.

Una doctrina, esa alumbrada por el Dinero que abrazan los socialistas en nombre de la izquierda, que, por lo demás, se fundamenta toda ella en una gran falacia. El embuste de que el origen del proceso separatista remite a una imaginaria irritación popular en Cataluña como consecuencia de la sentencia célebre del TC. Ese es el cuento dominante, lo que los cursis llamarían "el relato", impuesto por los publicistas del separatismo tanto en Barcelona como en el Madrid bobalicón con balcones a la prensa.

Un cuento que, como todos los cuentos, bien poco tiene que ver con la realidad. Porque simplemente es mentira que la frustración por el fiasco de la reforma del Estatut constituyera el factor desencadenante del proceso que se consumó con el golpe de octubre. Eso solo es una leyenda urbana. La reforma del Estatut, un asunto que no interesaba a nadie y que Pujol orilló por considerarlo una pérdida innecesaria de tiempo y energía, fue abanderada por Maragall con el exclusivo propósito de atraerse a la Esquerra para desalojar a CiU del poder y, de paso, incordiar al Gobierno de Aznar. No otra fue la razón de que empezara todo aquel lío. La reforma del Estatut era lo último que preocupaba a los catalanes de a pie.

Lo último. No lo digo yo, lo decía en El País Josep Ramoneda, periodista nada sospechoso de lealtad a la Constitución: "Los catalanes están mucho más preocupados por el trabajo, por las pensiones, por la seguridad, por la inmigración, por la vivienda, por la carestía de la vida (...) Sin embargo, el principal debate que entretiene a la clase política catalana es la reforma del Estatut". No le importaba a nadie. 

Y la prueba de que no le importaba a nadie fue el muy risible resultado del referéndum de ratificación. Una consulta legal, aquella sí, en la que más de la mitad de los catalanes con derecho al voto decidió abstenerse. Sí, más del 50%. Razón por la cual el famoso Estatut que tanto se supone que deseaban los catalanes solo obtuvo el apoyo expreso en las urnas de un pírrico 36% de los ciudadanos mayores de edad inscritos en el censo.

Pero es que acto seguido, en las ulteriores elecciones autonómicas, el único partido que se presentó con un programa expresamente independentista, ERC, sufrió un batacazo histórico, quedándose con apenas 10 escaños. Lo mismo que el PSC, que obtuvo el peor resultado desde su fundación. Ganó CiU, con 62 actas, que para nada planteó la reivindicación separatista a los votantes, sino la demanda de un concierto económico similar al vasco. 

¿Qué ocurrió entonces para que aquella desidia se tornara poco más tarde en furor por la independencia? Pues ocurrió algo muy sencillo que nada tenía que ver con el Estatut: la Gran Recesión. El fervor separatista es hijo de la crisis, no del Estatut maquillado por el Constitucional. Así, el 15 de marzo de 2011 comienza en todas las plazas mayores de España la variante contemporánea del Motín de Esquilache. 

Tres meses después, el 15 de junio, los indignados de Barcelona suben la apuesta insurgente: el Parlament es rodeado por la turba, el president Mas tiene que huir en helicóptero de la Ciudadela y el diputado de CiU Gerard Figueras logra ser inmortalizado por las cámaras de televisión mientras corre despavorido gritando "Auxili!". Ahí, justo en ese instante, nació el procés. Tampoco lo digo yo, lo sentenciaba Enric Juliana, el redactor del editorial conjunto, en La Vanguardia:

"Aquel día también podríamos decir que empezó todo. El jansenismo a pensar que quizá se había equivocado. CiU empezaba a bajar en los sondeos y en paralelo a la protesta ciudadana del 15-M, en las capitales de comarca aceleraba y ganaba adeptos el otro movimiento contestatario: "In-de-pen-dència". Dicho en pocas palabras: "Si es la hora de los radicales, también nosotros vamos a ser radicales".

El resto es sabido. Han utilizado la Gran Recesión hoy como ayer utilizaron el Desastre del 98 y como mañana utilizarán el derrumbe del euro en Italia o Francia si llega a consumarse. ¿La sentencia del Estatut origen de la asonada separatista? No nos venga con cuentos chinos, Batet. Que nos han dormido con todos los cuentos y ya nos sabemos todos los cuentos.